Sobre la obra de los tres

Un misterio llamado Marina Sábato

Luis Felipe Noé

Puede decirse de todo artista que a través de su obra se va haciendo como persona y toma dimensión de sí mismo, pero en ningún caso es tan cierta esta afirmación como en el de Marina Sábato: ella es sus dibujos y sus pinturas, en perfecta identificación. Ella es la eterna niña sorprendida ante el mundo que también “escribe” dibujando sus propias mil y una noches.

Con una precisión y riqueza de línea digna de Aubrey Beardsley y del hispano argentino Alejandro Sirio -desconocido éste último por ella-, Marina presenta su muy singular mundo. ¿Éste se enuncia a través de la línea o ésta lo va formulando? En sus obras dibujo y mundo propio constituyen una relación dialéctica. Lo mismo acontece en sus pinturas, pero en éstas el color, con su gran poder adjetivador, toma el lugar protagónico que en sus dibujos tiene la línea. En éstos -que nos place sumamente exponer en La Línea Piensa- con una minuciosidad de procedimiento y gran riqueza de planteos va naciendo su mitología personal. Sus dibujos son como cuentos visuales que ella nos relata con gran concentración en un solo cuadro: la línea hace la trama dramática, el tejido de la historia. El espectador de ellos recibe en un instante el resultado de un trabajo minucioso -correspondería decir fantásticamente elaborado- de tal manera que se detiene y los contempla con la obsesión que puso la autora en su ejecución. Está convocado así a desentrañar el misterio de sus imágenes. De este modo va entrando en otro misterio llamado Marina Sábato, el que, sin embargo, nunca descifrará porque ante todo su fuerza convocante es la de ser misterio.

Alberto Méndez y “sus mapeos”

Como quien se coloca desde un edificio de mucha altura a observar el mundo que deambula por debajo, Alberto Méndez muñido de tinta china y de las plantillas que se utilizan para “habitar” planos y hacer letras, nos refiere de manera contundente en su obra, al mismo mundo en el que nos hallamos, para que lo veamos panorámicamente como un discurso sin fin y sin otro sentido más allá de que simplemente ocurre, porque en el acontecimiento se encuentra meramente su razón de ser. Por ello esta muestra se denomina “Mapeo”.

Sus dibujos son, sin embargo, obras abstractas en el sentido filosófico del concepto “abstracción”, o sea, el verdadero, ya que este se generó en la filosofía. Para Platón al ser lo abstracto lo más universal que lo singular es más real, y por lo tanto, nos habla “del realismo de la abstracción”. Platón no tuvo oportunidad de ver la tierra desde un avión. Alberto Méndez sí, y el muestra la realidad en términos abstractos. Él no habla en sus obras porque a lo que se refiere esta más allá de las palabras: “muestra” como diría Wittgenstein. Sin embargo las letras aun subsisten en ella, como símbolo del pensamiento antes de su construcción racional por medio de palabras, o sea en su punto de partida. Recuerdo al respecto la teoría del pensamiento “A” que le obsesionaba a Ernesto Deira.

Alberto Méndez arma su discurso infográfico colocando al mismo nivel el poder comunicador de la letra y el de una imagen esquematizada (un automóvil o un inodoro, por ejemplo). En sus dibujos absolutamente abstractos también el mundo esta presente. Me animo a afirmar esto porque él en sus otras obras ya nos ha señalado sobre cual es su punto de partida creativo: lo real. El grado de abstracción depende de su voluntad para presentarnos su cosmovisión.

Sus obras, constructivas a su manera, son de una lógica deductiva rigurosa, como si fuesen silogismos (“dado esto, deduzco que debo hacer esto otro”). Sin embargo, el origen de ellas tiene más que ver con el automatismo. Entre un letrismo-infográfico y un paradojal automatismo silogístico, Méndez con todo vigor nos enfrenta con su obra.

El ojo objetivador de Candelaria Palacios

Con sumo placer comienzo a escribir este texto que sirve de prólogo a la presente muestra de dibujos de Candelaria Palacios, que, a su vez, acogemos Eduardo Stupía y yo -en tanto directores del proyecto La Línea Piensa- con gran satisfacción.

Esto se debe a que conozco su evolución artística desde el principio, la cual me ha ido brindando sorpresas cada vez mayores, hasta este momento en el cual su obra deviene un ejemplo magnífico de eso que denominamos “la línea piensa”.

Lo primero que contemplé realizado por las manos de Candelaria fue un conjunto de cuadros que reflejaban con voluntad objetiva interiores de su propia casa de campo, o, a veces también, su entorno, pero encarando lo exterior con igual sensibilidad intimista. Pero hete aquí que su ojo realista y sumamente sensible comenzó a registrar los dibujos abstractos que hacen los pliegues de una manta o una manguera en el trayecto de su viboreo. A partir de allí fue privilegiando el dibujo resultante del tejido de líneas e integrando su ánimo objetivista anterior con la abstracción, como si el resultado de su tejido lineal se objetivara. Y esto lo digo en el doble sentido de objetivación de lo subjetivo y de hacerse objeto: sus imágenes se corporizan dentro del plano.

Candelaria Palacios comenzó así con una metodología obsesiva a desencadenar su pensamiento lineal y su mundo.

Capaz de dibujar numerosas horas al día, muchas veces a bordo de un automóvil en los trayectos que la llevan y traen del campo a la ciudad, ella viene revelándose desde hace unos tres años como una notable artista a través de la textura visual, con alusiones a veces figurativas, otras abstractas pero siempre con una sensibilidad exquisita y no carente de humor.

El ojo objetivador de Candelaria ha deambulado del objeto al ojo, del ojo al alma, del alma a la mano, de la mano a la línea y de ésta al alma del contemplador.

Un misterio llamado Marina Sábato
Un misterio llamado Marina Sábato

Obra de Candelaria Palacios. Foto: Gentileza MMAV

Un misterio llamado Marina Sábato

Obras de Marina Sábato. Foto: Gentileza MMAV