Las viviendas prometidas aún no fueron terminadas
Cuatro familias inundadas en 2007
todavía habitan en los pabellones
A mediados de diciembre, 4 familias de las 7 que habitaban en los pabellones de la 168 fueron trasladadas a Villa Teresa con la promesa de una vivienda. Las construcciones están paralizadas y temen pasar otro invierno entre chapas.
Mónica Ritacca
Los pabellones que hasta antes de la Navidad estaban emplazados sobre la Ruta Nacional 168 permanecen armados en el lugar elegido por la Municipalidad de Santa Fe para relocalizar a las familias que en la inundación de 2007 perdieron, además de todas sus pertenencias, las precarias construcciones donde habitaban. Con ello, ya van dos años de que unas estructuras de chapa, pensadas como una respuesta inmediata y transitoria ante situaciones de emergencia, constituyen “las casas” de cuatro familias santafesinas.
La zona costera donde se montaron los pabellones desde un primer momento fue reemplazada en diciembre último por la zona urbana de Villa Teresa, en el norte de la ciudad. Pero las estructuras de chapa no fueron sustituidas por las viviendas de material que, a cambio de despejar la ruta, les prometió el municipio.
La relocalización de las familias, como se recordará, fue polémica: los damnificados se resistían a dejar la zona costera, por los beneficios que les proporcionaba la cercanía del río, y la Municipalidad mantenía fuerte su decisión de trasladarlos. Después de una semana de idas y vueltas, e incluso de que las familias pasaran una noche a la intemperie, se llegó a un acuerdo: cuatro familias aceptaron ser llevadas a Villa Teresa, con la promesa de ser los titulares de un terreno sobre el cual además les sería construida una vivienda de material, y las tres restantes una suma económica en concepto de una casa en el barrio Chaqueño.
Hartos de esperar
Días atrás, El Litoral recorrió el predio delimitado por las calles Cafferata, La Pampa, Santa Cruz y Padre Figueroa en jurisdicción del barrio Villa Teresa.
“Nos habían prometido que para el 20 de enero íbamos a estar viviendo en nuestras casas. Pero usted ya está viendo que seguimos habitando en los pabellones”, manifestó Miguel Ángel Retamoso. Y acotó: “Las construcciones avanzaron muy lentas, ya que sólo se levantaron 76 cm de las paredes sin contar los cimientos, y al día de hoy están paradas”.
Cansado de esperar y de vivir entre chapas, este hombre contó que vendió una yegua y un potrillo para comprar los materiales y adelantar, hasta donde le alcanzara el dinero, su casa. “A la Municipalidad no le gusta que lo haga por mi cuenta, pero estoy harto de vivir en el módulo de chapa. Éste va a ser el tercer invierno que vamos a pasar acá adentro, con el agravante de que los pabellones están mal armados y tienen aberturas por todos lados”, dijo.
Consultado sobre el motivo que les dieron desde el municipio acerca de la paralización de las obras a principios de este mes, Retamoso indicó que “ninguna de las autoridades les dio una explicación al respecto” y que, según les dijeron los empleados municipales que iban a trabajar al lugar, “se van a hacer cargo unas cooperativas”. “Hace unos días fui a la Municipalidad a hablar con Carlos Medrano o con Alejandro Boscarol -ambos funcionarios del área de Desarrollo Social- pero no conseguí que me atendieran”, señaló.
Problema a futuro
A raíz de la inseguridad, una de las familias abandonó el módulo de chapa. Ocurrió que uno de sus ocupantes fue baleado y decidieron marcharse hasta tanto le terminen su casa. Pero abandonar el pabellón fue suficiente para que llegue otra familia a ocuparlo.
“A Pajarito Hernández, que es el que se fue, le dijeron en la Municipalidad que se quede tranquilo porque la casa es de él y le van a avisar cuando se la terminen. Pero ahora hay otra familia en su módulo de chapa que va a reclamar para que le den una vivienda”, manifestó Retamoso.
Por último, recordando que desde el municipio también les prometieron un comedor para los chicos y un destacamento policial, quienes conversaron con El Litoral reiteraron la necesidad de que se terminen las casas acordadas porque “seremos inundados pero sobre todo somos personas”.




