Tribuna política

Las listas testimoniales

Eloy Rodríguez

Lisandro de la Torre solía afirmar que “molesta más la impunidad que la corrupción”, calidad intrínseca que posee el hombre por realizar actos reñidos con la ética, la ley y la moral, agravados por la justificación de la corrupción ajena para argumentar la propia.

Carecemos de un orden justo y sin oprimidos para que nuestra libertad pueda ser vivida en sociedad. No existe una verdad común que todos debamos respetar. Cuando la verdad se privatiza, cuando cada uno tiene la suya, se impone, tiránicamente, la verdad del más fuerte. Mucho de este razonamiento placebo ha descompuesto la política argentina. Existe tiranía en los gobernantes, sumisión en los funcionarios, co-gobierno de poderes, desconcierto y fastidio en la ciudadanía, mucho más cerca de la apostasía que de la participación popular, y falta de justicia por no encontrar la verdad común.

Según el ex ministro de la Corte Antonio Boggiano: “Si el juez puede elegir a su arbitrio quién es el homicida no puede haber justicia. La prueba objetiva de quien sea el homicida tiene que ser una verdad común, no del juez, ni de las partes, ni menos del homicida, ni muchos menos del gobierno”.

Se buscan los artilugios en los vacíos legales para imponer el absurdo y la farsa, en la creencia de que todo lo que no está reglamentado está permitido. El constitucionalista Daniel Sabsay aclara que “desde el punto de vista legal no hay nada que prohíba las llamadas listas testimoniales”, pero considera que es “un total manoseo a la voluntad popular y a las instituciones republicanas. Cuesta analizarlo porque es algo muy absurdo. A nadie se le va a ocurrir que alguien no solamente no va a honrar el cargo para el que ha sido electo, sino que presenta una candidatura para otro cargo, para el que dice que de todas maneras no lo va a asumir”.

Estas “listas testimoniales” son la plétora de una práctica política que, en la Argentina, se realiza desde hace varios años sin ética por el respeto a la duración de los mandatos, actualmente agravada por el cinismo de que el candidato diga que no va asumir al cargo para el que fue elegido. Sería una estrategia electoral dirigida a la pobreza estructural sin acceso a la información básica de los próximos comicios. Es la ignorancia, una minusvalía explotada sin ningún escrúpulo, de creer que el “quijote testimonial”, aunque no asuma, representa una justa causa.

La historia de estas conductas no es nueva. Fernando de la Rúa no terminó su mandato como diputado, en 1991, porque al año siguiente fue candidato a senador por la Capital, venció a Avelino Porto, pero tampoco culminó su mandato porque en 1996 compitió por la Jefatura de la ciudad de Buenos Aires, cargo al que accedió tras vencer a Jorge Domínguez y que debió abandonar anticipadamente para asumir como presidente de la Nación.

Graciela Fernández Meijide en 1996 fue electa senadora porteña, mandato que no terminó porque asumió como Diputada Nacional, venció a “Chiche” Duhalde, para abandonar por la designación de Ministra de Desarrollo Social de la Alianza.

Sergio Massa, en flagrante inconstitucionalidad, no renunció a su cargo de intendente de Tigre para ocupar un cargo en el Poder Ejecutivo. Ahora es el turno de Daniel Scioli, algunos intendentes y Gabriela Michetti, más otros que deberán demostrar obediencia debida.

En Santa Fe, Hermes Binner renunció a su mandato de diputado nacional para ser gobernador. Actitud similar fue la de Carlos Reutemann, quien renunció en 1999 como senador nacional para ocupar la primera magistratura en el período 1999-2003.

Antonio Bonfatti, en la ciudad de Rosario, encabezó una lista de concejales para nunca asumir, ya que volvió a ocupar su cargo de secretario de Gobierno durante la intendencia del Dr. Binner.

El exceso y la despreocupación por la ética también instalaron un nepotismo cínico y desenfrenado. Los miembros de la familia Kirchner son excelsos practicantes, Santa Cruz puede dar fe. Cuerpos colegiados de provincias y municipios, también.

“Alicia Kirchner fue responsable de Desarrollo Social en la intendencia santacruceña, la gobernación y la Nación; candidata a intendente de Río Gallegos en 1995 y a senadora nacional, cargo que ocupó por ocho meses. Su tío Manuel López Lestón fue candidato a intendente en 1991. En 1997, Julio De Vido encabezó la lista de diputados provinciales; ganó pero no asumió, ya que prosiguió como ministro de Obras Públicas provincial; el candidato a diputado en esa misma elección fue el intendente de Caleta Olivia, José Manuel Córdoba, que no ocupó su banca, y Carlos Muratore, ministro de Educación provincial, quien tampoco asumió como concejal. Carlos Zanini recorrió, en una misma gestión, los tres poderes del Estado: diputado provincial, presidente del Tribunal Superior de Justicia y ministro de la Gobernación.

En la Reforma Constitucional de 1994, Néstor Kirchner habilitó la reelección de gobernador, eliminó la cláusula de consanguinidad que impedía nombrar a familiares en los cargos ejecutivos y, ante una oposición afásica, introdujo el artículo 80, que funcionó como puerta a la reelección indefinida.

En 1995, previo “Sí” a una nueva modificación constitucional por la re-re, con el 56,88 % de los votos, amplió de tres a cinco los miembros del Tribunal Superior, eliminó la figura del procurador y se quedó con mayoría propia en la Corte. En 1999, incorporó la figura del “diputado por el pueblo”, con graves consecuencias para las minorías locales. En la última elección de 2007, el FPV obtuvo 20 legisladores contra cuatro de la oposición. Con el sistema anterior, el resultado habría sido 15 a 9.

El juez Raúl Zaffaroni dijo entonces en Río Gallegos: “Llamar a una consulta para reformar la Constitución es utilizar los mecanismos de la democracia plebiscitaria a fin de establecer una relación tramposa entre el líder y el electorado, a la manera del nazismo”.

Cristina Kirchner fue diputada provincial en Santa Cruz en 1989; en 1993, fue reelecta; en 1994, fue convencional constituyente; en 1995, diputada provincial reelecta, renunció para asumir como senadora nacional; 1995-1997, senadora nacional por Santa Cruz, renunció para asumir como diputada; 1997-2001, diputada nacional; 1998, convencional provincial constituyente en Santa Cruz; 2001-2005, senadora nacional por Santa Cruz; 2005-2007, senadora nacional por Buenos Aires, renunció a su cargo para asumir la presidencia. En 20 años, fue candidata 10 veces. Una vez cada dos años”, según consigna el diario Crítica.

Existe Dios y existe el diablo; algunos políticos recurren al segundo, que siempre está dispuesto a comprar almas en remate.