Comieron en su casa, durmieron la siesta, dejaron todo...
Los profesionales llegaron y jugaron como amateurs
El plantel decidió no concentrar y cada uno llegó en coches, taxis o caminando. En la cancha, jugaron por el honor y la dignidad, como era antes.

De la Fuente fue el símbolo del “huevo, huevo, huevo” de Unión ayer en el 15 de Abril. Al menos el equipo se acordó de la gente y los hinchas entendieron el reclamo de los futbolistas.
Foto: Luis Cetraro
Darío Pignata
dpignata@ellitoral.com
Parecía una postal de cualquier liga. Los jugadores, con sus bolsos a cuesta, entrando, caminando como si nada por el portón de la vieja cancha de básquetbol al 15 de Abril. Cada uno por su lado, llegando en lo que más convenía: coches, taxis, remises o a pie dos horas antes del horario fijado por AFA para el partido con Rafaela.
La decisión de no concentrar “obligó” a los jugadores a pasar la noche previa, almorzar en sus hogares, descansar la siesta y encaminarse rumbo a la cancha. Todo esto en medio de la crisis. Donde, en la semana, Fernando De la Fuente confesó que algunos jugadores debieron devolver mercaderías por falta de dinero y Gonzalo Peralta reconoció que “me mandan en el cuaderno que tengo que pagar las cuotas del colegio de los chicos y no tengo un solo peso en el bolsillo. Sólo me pagaron la mitad de enero y encima el cheque volvió rebotado... sin fondos”. Así, en medio de la crisis, se llegó a la medida de no concentrar e incluso amenazar con no viajar a jugar por los puntos a Tucumán contra Atlético, el jueves que viene, en el televisado que abrirá la fecha de ascenso en el Jardín de la República.
Afuera de toda posibilidad deportiva para pelear por algo, con crisis institucional, grupo de apoyo al plantel sin reconocimiento del presidente y con atrasos importantes en los sueldos, no quedaba otra que salir a jugar por ellos mismos. Por el honor y la dignidad. Por la camiseta, como era antes.
Y así como Unión llegó al estadio para meterse en el vestuario de manera amateur, jugó los 90 minutos con el mismo espíritu. Porque, equipo por equipo, Rafaela está 11 puntos arriba del “Tate” y llegaba motivado para pelear la Promoción a Primera. Sin embargo, Unión jugó cada pelota como si fuera la última del mundo. Ganó el duelo de los volantes, se hizo fuerte con sus zagueros y quedó en manos de Pereyra arriba, porque Guerra se fue lesionado.
Pudo ganar, debió ganar, mereció ganar. Fue 0-0, lo que no cambia la historia a varias fechas del final. No ganó uno y tampoco perdió dos. Hace tiempo que se terminó el momento de los cálculos, porque ya a esta altura la calculadora no sirve para nada por una razón sencilla: los números no cierran.
—Mejor que no concentren, así nos sacan la responsabilidad y la gente se las agarra con ellos.
—Vos estás loco, la gente no mezcla las cosas.
El diálogo imaginario se hizo realidad en la respuesta. La gente le tuvo mucha más paciencia ayer a los jugadores y reconoció que nadie puede trabajar tanto tiempo sin cobrar un mango. La campaña es decepcionante y eso está claro. Pero no por ello hay que avalar un “no hay que pagarles, si no le ganan a nadie”. Sólo el plantel sabe qué hacer de cara a Tucumán en caso de no aparecer ninguna respuesta en el campo económico.
De acá hasta el jueves se escribirá otra historia. La de ayer pareció robada de los tiempos de amateurismo. De cuando los jugadores se comían dos platos de ravioles, se tomaban un vino y se iban para la cancha a jugar. Unión puso en campo ayer a profesionales que llegaron al vestuario como amateurs y jugaron de la misma manera ante Rafaela.
Por el honor, el orgullo, la dignidad. Por la camiseta. Parece mentira. Fue algo tan improvisado como era antes. No quedaba otra. Al final de cuentas, tan mal no le salió a Unión.










