Entrevista a Fabio Quetglas
“El desarrollo para las ciudades es todavía una incertidumbre”
¿Por qué en años anteriores, la provincia de Santa Fe creció menos que la Argentina? Las condiciones tangibles e intangibles del desarrollo. La importancia de apoyar a los emprendedores.

No hay para estos temas una solución como Nesquik, indica Fabio Quetglas.
Foto: Amancio Alem.
Teresa Pandolfo
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Reflexionar sobre el desarrollo de las ciudades o de las regiones con Fabio Quetglas resulta como inagotable, tanto desde el punto de vista teórico como por su experiencia concreta en el plano nacional como internacional.
Transmite verborrágicamente su mirada singular sobre el tema con particular entusiasmo y sostiene que “la gran pregunta que toda la teoría del desarrollo se hace es por qué unas sociedades se desarrollan y otras no”. En general -dice- se puede decir que hubo una evolución hacia la sutileza, en el sentido de que “esa pregunta no tiene una sola respuesta. El desarrollo para las ciudades es todavía una incertidumbre”, asevera.
Pone el ejemplo de Finlandia: hace 30 años ningún estudio preveía que iba a ser lo que es hoy. “Nadie había pensado en un paper que la “eticidad’ pública de Finlandia ni de su situación básica extendida de alta calidad, o la planificación para sesgar las inversiones hacia un sector, permitirían en un corto tiempo ser lo que es ahora ese país”.
Y esto es importante en términos teóricos porque va a explicar la respuesta para Santa Fe. “El desarrollo no es lo que era y la sutileza está en que no hay una fórmula en clave industrial, en el sentido de que con más inversiones, más recursos humanos, más especialización económica, habrá más desarrollo”.
Considera que en el caso santafesino, forman parte de una misma agenda la diversidad económica, las tensiones norte-sur, las disponibilidades de recursos económicos condicionados en algún caso, las formas de colonización de la tierra, el gobierno y el clientelismo en las grandes ciudades.
Una “macro” desordenada
Quetglas explica que, por un lado, Santa Fe comparte con el resto de las provincias lo que llamamos el costo argentino. “Santa Fe no puede obviar una macroargentina que fue un electrocardiograma y que eso siempre afecta más a las economías con mayor desarrollo. En una economía de subsistencia, que suba o baje la tasa de interés o que se cierren los mercados, no cuenta. Ahí, paradojalmente, Santa Fe paga el costo igual que Capital Federal y la provincia de Buenos Aires de ser economías que sí sienten “una macro’ desordenada. Este es punto importante”, acota.
La segunda cuestión enfatizada, en términos de la provincia de Santa Fe y su relación entre norte y sur, es que cuando “hay un diferencial de posibilidades económicas, siempre se mira en términos de unos que crecen frente a los que no crecen y se tiende a esquivar medirlo. Y voy a decir algo que es duro, que unos que crecen a expensas de otros que no crecen, pero no en el sentido expoliatorio del término, sino que cuando un crecimiento es desigual, el flujo de inversiones, de recursos humanos, naturalmente va a los centros dinámicos.
“Mucho del crecimiento del sur fue mano de obra de gente del norte, de profesionales prósperos del norte que cuando hicieron un ahorro compraron en Rosario. Es decir, no sólo hay un diferencial sino hay un “a expensas de’, que sólo se puede revertir desde el punto de vista de generar otra atractividad. Es decir, que naturalmente no se va a producir otra convergencia. Esta es una gran enseñanza que la teoría del desarrollo aporta para que los economistas piensen.
Quetglas relata que había una creencia histórica que viene de la teoría clásica, de que la tendencia de largo plazo en el desarrollo era una tendencia convergente: si la tierra es más barata en el norte, si la mano de obra es más barata allí, se iba a dar la oportunidad de inversión en el norte. “Si esto fuera así, a escala mundial hubiera habido un aluvión de capital sobre África y una retracción sobre Londres y Nueva York y no ocurrió”, remarca Quetglas.
El consultor indica que está claro que “los precios, con todo lo importante que son, no son el único factor”.
“La tendencia natural hacia la convergencia en el desarrollo no está verificada en la práctica. Por tanto, si uno quiere mantener niveles de coacción territorial importantes, debe tener una estrategia, porque naturalmente no va a ocurrir. Y éste es el primer punto.
“Esta estrategia debe contener algunas condiciones: ser consistente en el tiempo, no se puede cambiar cada seis meses y que guarde alguna relación con las ventajas naturales, en este caso desfavorecido. Uno no puede implantar cualquier cosa en cualquier lugar. Y debe ser una estrategia que no puede ser estadocéntrica tampoco, no sólo en términos de decisiones sino que la sociedad la debe adoptar. La sociedad debe estar convencida de que esa estrategia de reversión del diferencial de desarrollo depende también de ellos, es decir debe ser válida para ellos y no un invento surgido de una oficina”.
Factores no sólo económicos
—Las personas que venimos del desarrollismo, entendemos que hay otros factores que lo procuran más allá de los factores económicos: acceso a la salud, a niveles progresivos de educación de calidad, la seguridad social para el futuro. Estos ítems ¿siguen incidiendo?
—Muchísimo. El desarrollo es una construcción humana y la localización de una persona en un territorio tiene que ver con todo eso. Los que estudian migraciones o traslaciones humanas saben que hay un factor determinante que es la remuneración y la disponibilidad de trabajo. Hay dos fuerzas de atractividad migratoria muy fuertes: la seguridad jurídica y el trabajo. El grueso de la movilidad humana va por eso. La diferencia de salario entre el norte de África y Europa es de doce o trece veces a igual trabajo y no hay muro que pueda detener la migración.
Pero, el emigrado es un desgarrado. La gente quiere vivir donde están sus relaciones humanas y quiere que ése sea el lugar de sus sueños y oportunidades. Las decisiones de localizaciones de la población, más allá que las de migración obedecen al trabajo, guardan relación con el conjunto de factores que señalaba: ¿tengo un buen colegio para mis hijos? ¿Me enfermo o no me enfermo? ¿Dispongo de un seguro de salud? ¿Hay gente que se muda por inseguridad?
Cuando yo digo que se muda, que la gente esté o no esté es el voto del desarrollo. La gente se va del subdesarrollo al desarrollo. La demografía del mundo es ésa.
El más emprendedor
Quetglas sostiene que el migrante es el más emprendedor. “El que decide irse es quien no está dispuesto a seguir viviendo como vive. Cuando se pone freno a la migración, en realidad estamos parando al que más tiene ganas de trabajar, de emprender cosas. Y la gente se va con su agenda, con su cultura, con mucho desarrollo incorporado. La gente proactiva, innovadora, con capacidad de inventiva tiende a juntarse.
“Entonces, un país como la Argentina que importó emprendedores a fines del siglo XIX y a principios del XX, después generó un entorno de calidad de vida donde fue mejor vivir en Santa Fe o Córdoba que en algún otro lugar de la región. Un entorno es una construcción a favor del desarrollo”.
Explica que antes se pensaba que la calidad de vida venía después del desarrollo. Hoy se verifica que en los lugares donde existen mejores condiciones de vida, va a vivir a esos lugares la gente más calificada, la más proactiva. Es decir, “si construimos entornos con calidad de vida, vamos a producir el desarrollo. Si cuidamos el ambiente, si nuestro sistema de cuidado de niños en la calle es bueno, si el sistema de salud es bueno, va a venir equis perfil humano y va a producir el desarrollo, porque llegará con su agenda adentro”.
La función del Estado
—¿A estos presupuestos los debe aportar el Estado? y de no ser así, ¿cómo se debería articular lo público con lo privado?
—Me causa sorpresa cuando las personas frente a algún problema público creen per se que la intervención estatal es mejor. Es muy necesario tener un Estado que tenga claridad de objetivos frente a todos los problemas públicos desde la violencia doméstica hasta el ordenamiento del tránsito.
“Soy defensor de un Estado jerarquizado y si lo es, es caro. No podemos pretender la calidad de Dinamarca y pagar como Dinamarca, pero tengo una confianza crítica y no por un prejuicio antiestatista, sino porque hago un análisis que pretende ser objetivo: hay un proceso de legitimación de las intervenciones públicas y eso ya conspira contra el Estado”.
Agrega que cuando nos referimos al Estado deberíamos saber de qué Estado estamos hablando y remarca que a nivel nacional -no por una cuestión de este gobierno- viene siendo muy desjerarquizado, con poca capacidad de intervención eficiente en tiempo y forma. Los Estados provinciales poseen problemas de financiamiento y a los locales se les atribuye falta de organización, de entrenamiento y de capacidades para actuar.
“Mientras que reconstruimos ese aparato burocrático estatal que es necesario con una agenda de desarrollo razonable, creo que esos problemas de construir un entorno de desarrollo son de la sociedad, con el Estado adentro, pero son de la sociedad”.
Pone como ejemplo un programa de salud reproductiva, tema -dice- importantísimo, porque a mediano plazo determina el perfil de niñez que vamos a tener. E interroga si alguien piensa que un programa serio puede ser llevado adelante con sólo la intervención del Estado. “No se debería pensar que un tema así se resuelve con mayor caudal de información o repartiendo preservativos. Los problemas que implican políticas públicas no pueden tener respuestas mecánicas o automáticas. Cuando se las comienza a pensar a las políticas públicas como una respuesta de una matriz que comprende a la sociedad en la que se actúa, se dio un paso adelante hacia el desarrollo”, precisa.

















