JUNTA ARQUIDIOCESANA DE EDUCACIÓN DEL ARZOBISPADO
Diálogo fe-cultura, el Ideario Educativo Arquidiocesano
Vicepresidenta y delegado episcopal de la JAE hablaron de la importancia del Ideario Educativo y de los nuevos y complejos roles que los docentes enfrentan.
De la redacción de El Litoral
cultura@ellitoral.com
Desde hace tiempo la Junta Arquidiocesana de Educación (JAE) del Arzobispado de Santa Fe ha venido trabajando en un proyecto -mediante consultas a los establecimientos que de ella dependen-, del cual surgió el Ideario Educativo Arquidiocesano.
“Celebramos contar con estos idearios exponía la vicepresidenta 1ª de la JAE, psicopedagoga María Inés Lorenzón- porque es el punto de partida común que nos identifica a todos los establecimientos de la Arquidiócesis y que implicará que cada una de las instituciones se ponga a trabajar sobre lo que son puntualmente sus proyectos educativo y curricular, que deben tener como base este ideario, que es una declaración de principios fundamentales que, en líneas generales, se mantienen a lo largo del tiempo, puesto que son los de la Iglesia”.
En este documento se determina lo que se enseña en cada área, cómo se estructuran las disciplinas y se articulan entre sí las ideas de hombre y de educación con el proyecto que se desea para cada uno de los alumnos y todo ello adaptado a la realidad concreta de ellos y del barrio donde están insertos.
Al respecto, Lorenzón aseguraba que la escuela tendrá que insertarse en esa cultura, compartirla y desde allí promover al hombre a la superación, un gran desafío en un momento en que la idea predominante es que todo está perdido, que es muy difícil salir de esto. “Nosotros apuntamos a superar muchos de los conflictos que nuestra sociedad tiene, apostando a la educación. Pero ésta no es una tarea sólo de la escuela, ésta tendrá que recuperar a los padres dentro de la comunidad educativa con una participación muy activa, y su rol de inserción en el barrio, que en las últimas décadas se ha ido perdiendo. Es un camino que hay que comenzar a transitar, con todas las dificultades que ello implica”.
Complejidad
Por su parte, el Pbro. José Luis Ayala, delegado episcopal para la Educación, frente a la pregunta de cómo podrán asumir estos nuevos roles los docentes, a los que ya se les demanda demasiado ante cualquier problema que surge en realidades tan diversas y a veces muy crudas, reflexionaba que “la vocación docente supone una formación permanente y no sólo a nivel profesional, sino también personal, porque no hay recetas para una escuela en particular”.
En cuanto al tema de las adicciones, la violencia, el malestar institucional -una realidad que repercute en los establecimientos tanto de barrios marginales como del centro- Ayala advertía que la JAE ya viene trabajando en él. “La contención de un chico que tiene una adicción, es violento, padece un problema familiar, nos demanda muchísimo tiempo, pero nunca perdemos de vista la perspectiva de que nuestras escuelas están para educar, enseñar y su principal tarea es hacer al hombre más persona”. No obstante, dejaba en claro que “no estamos para solucionar esas situaciones, estamos para ayudar y direccionar la problemática. De allí que cada institución configura una circunstancia especial y cada docente debe prepararse de acuerdo con la realidad que le toca vivir. Es lo que marca este Ideario, que es dinámico como lo es la educación. El gran desafío que tienen hoy los educadores es combatir la apatía”.
“A muchos de nuestros alumnos no les interesa ir a la escuela, porque no están inmersos en una cultura que los mueva a perfeccionarse, a buscar nuevos horizontes. Es terrible cuando uno se encuentra con chicos en la secundaria y les pregunta para qué vienen y qué harán cuando terminen, y ellos responden Nada. Entonces ¿qué sentido tendrá estudiar matemática, física, química, historia, literatura si ellos no tienen horizontes?”, se preguntaban, puntualizando que por ello los contenidos tienen que volver a ser significativos.
Los chicos, una deuda
Otro de los temas que preocupa a la JAE, comentaba el sacerdote, es el de los pibes que no poseen determinadas capacidades para algunas disciplinas, o que no pueden ir a un establecimiento común, pero tampoco a uno especial -porque son fronterizos-, y sobre quienes “nadie hace absolutamente nada y caen en nuestras escuelas, porque nadie los quiere recibir. Esta es una gran deuda. En definitiva, esta complejidad supone mucho estudio y no perder de vista nuestra identidad católica: estamos al servicio de la evangelización y colaboramos con el Estado en la educación de los ciudadanos, apuntando a la excelencia”.
“Lo cual no significa que nuestras instituciones sean un vergel, porque tenemos problemas como todas, pero desde nuestro humilde servicio tratamos de apuntalar a los docentes y mantener siempre claro cuál es nuestra misión: educar evangelizando y ayudar al diálogo fe-cultura, sin ningún tipo de reduccionismo”.


















