¿De Vandor a Lula?
¿De Vandor a Lula? Luis Tarullo DyN En la Argentina atravesada por el clima preelectoral se escucha asiduamente estos días un término que figura en el diccionario de todos los políticos: “post-kirchnerismo”. El neologismo encierra de manera inconfundible el vaticinio de una nueva era, pero son claras las diferencias entre oficialistas y opositores a la hora de predecir la llegada de esa época. El “kirchnerismo” confía, justamente, en que habría “kirchnerismo” para rato. Los contrarios, incluidos los llamados peronistas disidentes, creen que esa etapa comenzará apenas pasen las elecciones del 28 de junio. De todas maneras, para el futuro, con “kirchnerismo” o sin “kirchnerismo”, hay varios referentes que van consolidando su perfil para ser protagonistas principales, aunque ya lo estén siendo. Uno de ellos, que se “autoconstruyó” a lo largo de décadas, es el líder camionero y titular de la CGT, Hugo Moyano. Más allá de las adhesiones y rechazos que puedan generar su figura y su accionar, innegablemente es uno de los dirigentes que más ha crecido a partir de la utilización de mecanismos y estrategias que responden al más clásico pragmatismo peronista. Respetuoso a rajatabla de la escuela del mítico gremialista Augusto ““El Lobo” Timoteo Vandor, el más cabal practicante del principio de “golpear para negociar”, Moyano construyó un imperio que, salvando lógicas distancias, podría considerarse análogo al de su otro guía, James “Jimmy”” Hoffa, el apóstol de la Hermandad Internacional de los Camioneros, los históricos “teamsters” estadounidenses. Moyano, aliado del gobierno de Néstor Kirchner primero y al de Cristina Fernández después, sigue entonces edificando su poder y transitando rutas hacia ese objetivo con el andar de un semirremolque lanzado a toda velocidad. De esa manera, pudo en estos años marcar territorios fundamentales. Por ejemplo, señaló el camino en materia salarial -respondiendo al argumento oficial de evitar desbordes inflacionarios- y maneja a su antojo la central sindical, estableciendo estrategias, controlando los conflictos y hasta eligiendo los candidatos del sector para las próximas elecciones. No le tembló la voz cuando dijo que la “dedocracia“ había sido el mecanismo para designar a los postulantes sindicales. Al cabo, colocó a varios hombres de su mayor confianza. Los principales: diputados nacionales por provincia de Buenos Aires, Héctor Recalde (abogado laboralista) y Omar Plaini (canillitas). Por la capital, Julio Piumato (judiciales). Y hay más en otros distritos. Su acción previa al acto “dedócrata“ fue la concentración del aparato sindical en el centro porteño, donde millares de militantes y activistas acudieron a una ceremonia pública favorable al gobierno, aunque también con un mensaje-reclamo: más espacio para el sector gremial. Todas estas acciones, por supuesto, tuvieron siempre una generosa contrapartida, en las cuales especialmente su gremio supo salir ganancioso. Y ni hablar del acceso directo, por la alfombra roja y la entrada principal, a la Casa Rosada y la Quinta de Olivos. Pero en los últimos días tomó estado público lo que podría ser la nueva ambición de Moyano, al estar de sus propias manifestaciones y las de hasta incluso Néstor Kirchner: la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Sin dudas es un “inocente“ globo de ensayo, como si se tratara de palabras lanzadas azarosamente o por un descuido, pero así comenzaron muchas operaciones que terminaron concretándose en hechos. Además, no faltan datos objetivos: si el actual gobernador y candidato testimonial, Daniel Scioli, ya está anotado en la carrera presidencial, bien podría ir pensándose en los postulantes a sucederlo. En el sector político hay varios que ya están mirando hacia La Plata, pero como en otras ocasiones nadie le está sacando muchos cuerpos de ventaja a los otros. Y Moyano, con su poder y la estructura del gremio camionero que le permite una expansión territorial única, está sintiendo -y a la vez comunicando- que no es una utopía imaginarlo sentado en el sillón de mayor de la gobernación. Y de allí, por supuesto, siempre podría intentarse un sendero hacia otro sillón más importante. Aquí es donde inevitablemente entra a tallar otra comparación a la que puede ser sometido el mandamás de la CGT, que por otra parte seguramente disfruta de que se haga tal analogía. ¿La política argentina está en la antesala de la aparición de un Luiz Inacio “Lula“ Da Silva vernáculo? Nadie pensaba, hace dos décadas, que el combativo obrero brasileño iba a ser el líder de una de las potencias económicas mundiales. Pero allí está, ejerciendo la primera magistratura de un país que se ha consolidado en la vanguardia de América, después de los Estados Unidos, que por su lado le prodiga especiales privilegios en el concierto de las naciones. El mandatario vecino, entonces, parece ser el espejo en el que comenzó a mirarse Moyano, aunque todavía obviamente falte bastante. Pero sabido es que los tiempos y los movimientos políticos en esta región del mundo suelen ser tan veloces -como ciertamente también fugaces- y a menudo sorprendentes, que seguramente nadie, ni el propio protagonista de la historia, podría descartar un camino que comience en Vandor y concluya en Lula.0 Más allá de las adhesiones y rechazos que pueda generar su figura, Moyano es uno de los dirigentes que más ha crecido a partir de la utilización de mecanismos y estrategias que responden al más clásico pragmatismo peronista.
Aunque la distancia que los separa sea sideral, Hugo Moyano parece querer mirarse en el espejo de quien ascendió hasta ser líder de una de la mayores potencias mundiales actuales: Luis Inacio “Lula” Da Silva. Foto: Archivo El Litoral En los últimos días, tomó estado público lo que podría ser la nueva ambición de Moyano, al estar de sus propias manifestaciones y las de hasta incluso Néstor Kirchner: la gobernación de la provincia de Buenos Aires. |
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