Si está pensando en el trigo

El dato de humedad es la clave

Juan Manuel Fernández

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Un pozo de casi tres metros de profundidad, excavado en el predio de AFA Humboldt, descubrió al menos dos verdades a los productores de la zona: que el suelo de cada lote tiene características particulares y por eso las cosechas pueden ser radicalmente distintas alambrado de por medio; y que no es lo mismo la cantidad de lluvia caída que el milimetraje de agua útil disponible para los cultivos.

En realidad la denominación técnica del pozo en cuestión es “calicata” y se trata de una herramienta esencial para el trabajo del agrónomo y el éxito del productor. Y los “descubrimientos” nada tienen que ver con los que habitualmente realizan los arqueólogos, sino que se hicieron en el marco de una jornada a campo organizada por la cooperativa para mostrarles a los chacareros de la zona la importancia de aprovechar servicios como el análisis de humedad en el suelo antes de planificar la campaña, sobre todo ante una sequía como la actual.

El encuentro se realizó el martes 19 por la tarde y los 50 productores que asistieron se encontraron con una terrible realidad: el agua útil en el suelo apenas oscila entre 60 y 80mm, muy por debajo del mínimo de 120mm necesarios para sembrar trigo con alguna chance de éxito.

Pésimo panorama

Como en cada encuentro que programan los Agricultores Federados Argentinos en Humboldt, la asesora técnica de la delegación, Edith Weder, coordinó la charla y también dijo lo suyo. “Para la campaña fina estamos muy mal. Es decir, con 60mm de agua en el perfil no podemos ni siquiera intentar largar”.

Sucede que el tradicional cereal de invierno depende casi exclusivamente de la humedad al momento de la siembra, ya que la mayor parte del ciclo coincide con la época del año menos llovedora. “Para poder tener algún cultivo de trigo medianamente rentable tenemos que hablar hoy de 120mm; es decir que estamos a mitad de camino”, detalló la ingeniera agrónoma, y agregó: “de acá a un mes, que es cuando terminaría la siembra, estaríamos necesitando una lluvia de 100mm, si no directamente ni pensemos en hacer trigo en esta campaña”.

Aún si no se implantara el cereal, lo que sí recomiendan los técnicos de la cooperativa es hacer los barbechos químicos para poder aprovechar las “pocas o muchas” precipitaciones que puedan ocurrir en el invierno para llegar a la primavera con humedad suficiente para poder largar la gruesa.

Algunos productores presentes comentaban, antes de enterarse de estos datos, que iban a sembrar sólo los campos alquilados como para pagar el arrendamiento. Otros, en cambio, confesaron a los técnicos que ya habían sembrado, por lo que —un poco en broma, un poco en serio— se preguntaron “¡¿cómo no hicieron la jornada un mes antes!?”. Según los técnicos de AFA, la mayoría de los productores en esa situación (que no son tantos) son mixtos por lo que, si las lluvias no llegan, podrán destinar el cultivo al pastoreo.

Suelo Esperanza

Las charlas estuvieron a cargo de los especialistas del INTA Rafaela, Rubén Tosolini y Hugo Fontanetto, y del edafólogo Fabio Tomatis, que también brinda servicio de análisis de suelos.

Tosolini se concentró en explicar las características de los tres tipos de suelos relevados en la zona, pero sobre todo del que observaban los presentes, denominado Esperanza, “muy bueno para agricultura, pero con bemoles”. Si bien resaltó la característica “única a nivel mundial” de contar con una primera capa fertil de 26cm de espesor, advirtió sobre el fenómeno de compactación en los primeros 5cm, lo cual representa “un problema para las raíces”. También destacó que el escaso nivel de arena (“8% cuanto mucho”), hace que “el suelo no entregue toda el agua que tiene acumulada”, porque queda retenida en la capa arcillosa.

Tomati, por su parte, exhibió el equipo utilizado para tomar muestras de suelo en los campos y explicó la metodología aplicada para determinar el nivel de agua útil para los cultivos, basada en la combinación de 3 datos: el ancho del horizonte, la constante hídrica de la zona y la densidad del suelo.

“Para poder tener algún cultivo de trigo medianamente rentable tenemos que hablar hoy de 120mm; es decir que estamos a mitad de camino”.

AFA Humboldt excavó una “calicata” para mostrarle a los productores la ventaja de medir el nivel de agua útil para los cultivos al momento de planificar la próxima campaña. Sin ese estudio no se puede ni pensar en sembrar.

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en relación

El denominador común en la región es la falta de humedad, pero igualmente hay zonas o establecimientos que sí tienen agua suficiente para poder sembrar. El edafólogo Fabio Tomatis comentó que en la zona de San Justo se encontró con “un 20 o 30% de lotes que están correctamente barbechados y tiene un almacenamiento importante de agua, con 150 a 200mm a 2 metros de profundidad”.

El cultivo antecesor parece ser clave, según las observaciones del especialista. “Los lotes que vienen de soja de primera no acumulan más de 50mm así que aconsejamos dejarlos; en los de girasol la mayoría está bastante bien acumulado, pasan los 100 o 120mm en el primer metro y por lo tanto se puede sembrar con buenas perspectivas; y en los de maíz también se pudieron acumular las lluvias”, detalló.

Lamentablemente, la mayoría de los lotes en esa zona proviene de sojas tempranas y las perspectivas de recarga en el invierno son desalentadoras.

El buen manejo, una gran ventaja

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El barreno manda. La sequía imperante obliga a saber con certeza qué nivel de humedad tiene el lote y luego decidir si se siembra o no.

Foto: Juan Manuel Fernández

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el dato

Sin tecnología no sobrevivirán

Con la sequía y los problemas políticos de fondo, los productores comentaban antes del arranque de la jornada que sólo sembrarían para pagar el alquiler y que el herbicida para el barbecho sería la única tecnología a utilizar.

Durante su charla, Hugo Fontanetto se encargó de remarcar que “el que resigna tecnología está escribiendo la crónica de una muerte anunciada”. En primer lugar, destacó que el análisis de agua útil es fundamental en una campaña como la que se inicia. Recién con esa información en la mano “voy a saber si siembro o no; y segundo, vamos a hablar si podemos hacer un trigo de 2.000 o 3.000 kilos”, enfatizó.

Con un costo estimado de 20qq/ha para el cereal, invertir $3 o 4 por hectárea no debiera ser una decisión muy difícil de tomar. Por lo tanto, para Fontanetto la consigna es “redistribuir los insumos y cuidar al milímetro el peso invertido”.

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