Pequeños tesoros en flor
Bellas, coloridas y originales, las orquídeas despiertan pasiones entre quienes se animan a incorporarlas a su paisaje cotidiano.TEXTOS DE FLORENCIA ARRI. FOTOS DE FLAVIO RAINA
Pequeños tesoros en flor
Bellas, coloridas y originales, las orquídeas despiertan pasiones entre quienes se animan a incorporarlas a su paisaje cotidiano.TEXTOS DE FLORENCIA ARRI. FOTOS DE FLAVIO RAINA
sociedad
“No es un vivero, es un orquideario”, explicó Eduardo Laporta a la señora que le pidió unos plantines; y la respuesta resultó una invitación. Lejos de congelarla en el portal de entrada, algo en sus ojos, grandes, llamó la atención. Su mirada buscó detrás de quien la recibía y decidió aventurarse al paso. Tras el portal vidriado, el pequeño mundo subtropical se ofreció a sí mismo en texturas, formas y colores: más de 300 especies, unas 3 mil plantas en unos pocos metros cuadrados.
Orquídeas, cientos de orquídeas. Sobre trocitos de troncos, en canastitos de madera que colgaban del techo; unas sobre otras y sobre sí mismas, sobre sus propias raíces, prendidas -“montadas”-, suspendidas en el aire como por arte de magia. En gamas de verde, en fusión de colores, de rojos, amarillos, naranjas y lilas... El entorno fue más, y la aventura una mera invitación.
“¿Orquídeas?, nunca tuve porque me dijeron que son caras y difíciles de cuidar...”, sostuvo ella; pero la naturalidad del espacio habló por sí mismo y la convenció de que, en su galería, en su patio, había más de un lugar donde estas flores pudiesen habitar...
Más allá de los mitos, las pasiones y obsesiones de mil y un matices que genera esta familia de plantas, la realidad habla de santafesinos que, en diferentes barrios y espacios se vieron envueltos en el embrujo de sus flores, en la multiplicidad de sus especies. Las mismas que habitan en lo que alguna vez fue un patio en 4 de enero 1980 y que hoy es el orquideario de Eduardo Laporta, una especie de burbuja subtropical donde conviven helechos, palmeras, orquídeas y un cactario.
“Al principio iban a ser sólo orquídeas, pero por una cuestión de demanda incorporamos plantas tropicales de interior y otras para parquización”, comentó Eduardo. Hoy, lo que ofrece su pequeño e intenso mundo son “especies de cultivo; todo lo que es nativo: especies traídas desde Misiones, Formosa y las regiones más cálidas de nuestro país. También híbridos asiáticos, la mayoría epífitas, como las orquídeas: se agarran de los troncos de los árboles, donde reproducen un hábitat...”
ENTRE PASIONES...
Se dice que la familia de las orquídeas comprende aproximadamente 25 mil (algunas fuentes informan de 30 mil) especies, y quizá otros 60 mil híbridos y variedades producidas por los horticultores. “En los subtrópicos argentinos tenemos unas 260 especies, terrestres, semiterrestres y epífitas”, explicó Eduardo. “Hay saprófitas -que obtienen todos los nutrimentos que requiere de materiales orgánicos en descomposición-, pero las orquídeas no son parásitas por más que vivan sobre madera viva, sino epífitas, plantas aéreas que generan sus propios hábitat sobre un tronco, sin alimentarse de éste”.
Por la fuerza de las pasiones que generan -ya es leyenda el caso del coiffeur santafesino que modificó su casa en función de su orquideario privado-, las orquídeas son a menudo un elemento de culto, no como planta en sí mismas, ya que la morfología de su especie fuera de la floración no llama la atención por nada en particular. A ojos de Laporta, la magia surge en la floración de destellos de color que, a modo de paleta, combinan diferentes tonalidades. “Hay quienes, incluso, se animan a experimentar y a crear sus propias especies e incluso registran las especies que logran...” Así nacen los orquideófilos (amantes, fanáticos de las diferentes familias de orquídeas), que no sólo buscan ejemplares determinados, sino que se animan a favorecer la polinización de diferentes especies para generar una nueva, propia, diferente a todas -los “híbridos”.
A partir del montaje de estas epífitas sobre los troncos de otras plantas, “la palmera de un jardín puede convertirse en una especie de totem que con orquídeas genera un plus de flores, de color. También hay quienes buscan matas tanto para parquizar como para colección”, contó este especialista.
Apartado, tras la galería, este orquideario tiene su tesoro: una gigantesca mata de Cyrtopodium, una especie de orquídea (de la tribu Cymbidieae, perteneciente a la familia Orchidaceae, frecuente en Perú) que en flor produce cuatrocientas flores. “Tiene un rasgo bastante salvaje que genera un hábitat interesante con otras plantas; genera poliespacios para micro orquídeas, que necesitan más humedad que otras”, explicó Eduardo.
“Las orquídeas generan diferentes hábitats y, a partir de ellos, ecosistemas particulares que generan una sensación especial”. La clave a tener en cuenta, según Laporta, será “dónde localizarlos según la luz y la aireación”.
... Y MITOS
A pesar del prejuicio reinante, que infunde a las orquídeas de un halo de misticismo y la tilda como una planta difícil de mantener, para este paisajista es “una linda planta para parquizar, que al tomar contacto con el suelo crecen, se desgajan y luego se montan sin problemas. Está el mito de que criarlas es difícil y caro, pero es sólo eso, un mito. Son plantas que con sólo regarlas y proveerle abono de vez en cuando, crecen sin problemas”. Esta desmitificación echó por tierra también el miedo a los precios: “Hay plantas muy caras y otras muy baratas, desde los 20 a los 120 pesos; la diferencia radica en su tamaño y rareza.... por eso es también un buen regalo, porque a comparación de un ramo de flores es eterna, más económica y, por división de mata o por keiki -los mal llamados ‘hijitos’- puede generar nuevas plantas”.
A favor de su argumento, Laporta planteó la necesidad de “desmitificar el cultivo, que es realmente simple. Para cultivar orquídeas hay que buscar un lugar protegido del oeste y del sur, de sus vientos y heladas, y proteger a algunas de ellas del sol directo -aunque también hay orquídeas de sol directo-. Como con cualquier otra especie, como cualquier otra planta, a la hora de elegirle un lugar hay que saber de qué ambiente viene la planta para poder generárselo de manera artificial, sólo eso. En general, por una cuestión climática, casi todas las plantas tropicales viven muy bien en Santa Fe”.
Así es como hoy, a poco más de un mes de abrir sus puertas, el orquideario no sólo recibe consultas de orquideófilos, sino también a quienes se atreven a hacer de su patio o jardín una paleta de color.
“Las orquídeas generan diferentes hábitats y a partir de ellos ecosistemas particulares que generan una sensación especial”, sostuvo Laporta.
“Está el mito de que criarlas es difícil y caro, pero es sólo eso, un mito”, opinó Eduardo.
UN LUGAR EN EL MUNDO
La pasión por las orquídeas es algo que Eduardo experimenta en carne propia. Es arquitecto, y por su profesión viajó a Bruselas (Bélgica) donde vivió por varios años. Allí, “ante un paisaje urbano, donde la vegetación tiene sólo cuatro meses de hojas y flores por un extenso invierno -de 9 meses-, en recuerdo del verde de Argentina hice un jardín experimental”. Amén de su señora, Karine De Wit, “mezclé especies que mantienen el verde inclusive en invierno como bambúes y hiedras, algunas plantas de las familias de los helechos que se mantienen en climas muy fríos. Así hicimos una experiencia de cultivo y comencé a interesarme en las plantas... Pude empezar con las plantas cuando tuve un lugar”.
Su intención se convirtió en pasión y, en añoranza de los verdes de su país, Eduardo comenzó a estudiar paisajismo en relación a la arquitectura, a interiorizarse en “las especies nativas de nuestro país, haciendo móviles (especies montadas en pequeños trozos de troncos, que se cuelgan por un gancho o un hilo desde altura) de orquídeas y palmeras”.
“No me atrapó la orquídea particular, sino el proceso de floración, los ejemplares enormes en estado natural”. Eduardo se refiere a la “experiencia piloto” que hizo a regreso de Europa, cuando se instaló en una casa de Villa California. Allí generó “un jardín tropical, con palmeras, pergolado de bambú donde empecé a montar orquídeas en las palmeras, los árboles y el fiqus”.
Así, en su propio jardín, Eduardo comenzó a sumar orquídeas “no por colección sino por incorporarlas como ejemplares, como un plus de floración”. En Villa California, en el barrio de Eduardo, sucedió algo particular: las orquídeas llamaban la atención de transeúntes y su parque se convirtió en la atracción de la zona.
DÓNDE
El orquideario de Eduardo Laporta está ubicado en 4 de enero 1980; y en la web: www.eduardolaporta.com.ar.
También se lo puede contactar por teléfono, al 156 982727.