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“A los chicos no hay que darles todo servido porque no son tontos”, opina Idilia Vouillóz.
El encanto del “había una vez...”
“Sueños y magia del colorín colorado” es un nuevo libro de cuentos para chicos, que surgió del taller de literatura infantil dirigido por Idilia Vouillóz. Con su larga trayectoria como narradora de cuentos y escritora, transmite los secretos del mágico universo de duendes, hadas y animales que hablan.TEXTOS. AGUSTINA MAI. FOTO. NÉSTOR GALLEGOS.
La literatura santafesina infantil tiene un motivo para alegrarse. “Mi baldosa y mi lombriz”, “El hombrecito de cristal”, “El burrito Flequito Fetuchino”, “La magia de la abuela”, “El viaje de Pinocho”, “El sueño de la corbata” y “Una hormiga concertista” son algunos de los tantos cuentos que reúne “Sueños y magia del colorín colorado”. Este libro es el resultado del taller “La hora del cuento”, del que participaron Hebe Bianchi, Armanda Corti, Laura del Carmen Freyre, María del Carmen Freyre, Stella Gómez de Molini, Elsa Hufschmid e Idilia Vouillóz, y que fue publicado de manera gratuita gracias a la colaboración de la Legislatura de Santa Fe.
Vouillóz, además de escritora, es la coordinadora de este grupo, y nos cuenta cómo es el mágico mundo de la literatura infantil.
De narradora a escritora
¿Cómo empezó Idilia a escribir cuentos? “Siempre me interesó leer y tuve la suerte de tener un hogar en el que se leía -relató en diálogo con Nosotros-. Comencé como narradora de cuentos; por ese entonces todavía no escribía. Estudié bibliotecología porque sabía que iba a estar rodeada de libros y tuve la suerte de tener una docente maravillosa, Zunilda de Fernández, que nos hizo conocer nuevos autores”.
Con el tiempo, Idilia se fue convirtiendo en una excelente narradora de cuentos y fue así como se dio cuenta de que los chicos le pedían más y más historias, pero no había demasiadas o las traducciones que llegaban a sus manos no eran muy buenas. Entonces, se le encendió la lamparita y se animó a escribir sus propias narraciones. “Comencé con animales de la costa, porque los chicos no sabían diferenciar un carpincho de una nutria o me preguntaban cuántas patas tenía un tero. Ante esa novedad, empecé a escribir literatura regional para niños. Después incorporé las brujas, los gnomos y todo lo que hace a la imaginación de los chicos”, detalló la autora.
Sus dos primeros cuentos (“El cumpleaños” y “El patito y el bichito de luz”) fueron publicados gracias a un concurso conjunto del diario El Litoral y el Rotary Club. “Eso me dio el estímulo suficiente para seguir escribiendo”, reconoce Idilia.
Fomentar la lectura
Idilia ama la literatura infantil. Si bien también escribe para adultos, asegura que le da más alegría hacerlo para los niños porque “son más receptivos”. Además, se asombra con todo lo que puede surgir de un cuento: “Los chicos le cambian el final, dibujan, trabajan con plastilina, lo dramatizan, hacen canciones”, detalló.
Ella escribe por placer y también con el objetivo de fomentar la lectura. Es por esto que recurre a diferentes estrategias para captar la atención de los chicos. “En mis cuentos incorporo la tecnología: mezclo entre los duendes una computadora, un celular o un viaje a la luna”, ejemplifica.
Contrariamente a las ideas que propugnan la “muerte del libro”, Vouillóz considera que “cada vez se escribe más para niños”. Lo que cuestiona, sin embargo, es que algunos priorizan la imagen antes que el texto, entonces cada vez se ven más libros con ilustraciones sumamente atractivas, pero con historias muy breves y pobres. Por el contrario, esta escritora apunta a que “el niño lea por placer, agudice su imaginación, tenga fantasías y, de paso, le inculquemos la ortografía y la curiosidad por conocer otros cuentos”.
Este principio se ve reflejado en “Sueños y magia del colorín colorado”, en el que lo más importante es el texto, aunque no por eso deja de haber algunos dibujos muy tiernos y cálidos, que fueron realizados por familiares de las talleristas.
A pesar de que la tarea de escribir le lleva mucho tiempo, Idilia no abandonó su rol de narradora. “Nos siguen convocando de las escuelas, así que seguimos narrando cuentos”, agregó.
Inspiración
¿De dónde saca las ideas?, ¿cuáles son sus fuentes de inspiración? Vouillóz cuenta que es muy observadora y presta atención a los detalles y las cosas de todos los días. Esos son sus disparadores, a los que gracias a su imaginación los convierte en historias graciosas, tiernas y divertidas.
“Un día vi una hormiguita que caminaba lentamente porque llevaba sobre su cuerpo un trocito de madera que era tres veces su tamaño. Se fueron uniendo otras hormiguitas y con más celeridad llegaron al hormiguero. Eso es lo que yo vi, muy atentamente. Después viene la imaginación... Inventé que un chico colocó aerosol y cuando las otras hormigas vieron que estaban de color violeta pensaron que era una enfermedad y salieron despavoridas... Tomo vivencias y luego les pongo la cuota de imaginación. Soy muy observadora y tengo mucha imaginación”, reconoció..
Además, esta escritora señaló que a la hora de inventar una historia para un niño, trata de que “sea perfecta, que tenga ternura y que le despierte el interés. A los chicos no hay que darles todo servido porque no son tontos”, concluyó.
UN CUENTO (*)
“Había una vez... un país donde los elefantes-trompitas violetas vivían felices con sus amigos, animales de todo tamaño, de dos, cuatro y hasta ocho patas. Animales con bigotes, sin bigotes, con hocios o sin hocicos, con colas cortitas o largas, largas como viboritas.
“Un día radiante de sol y tan felices como siempre, celebraban los ciento dos años de una tortuga, especialista en repostería.
“Y justo cuando iba a soplar las velitas de la torta con mazapán que ella misma había decorado, ¡rum, blum, rum, plum! Un ruido enorme los sobresaltó a todos, hasta al caracol Tito. Y eso que estaba sordo desde el invierno pasado.
“Abrieron bien grandes los ojos, pararon las orejas y orejitas. Se les puso la “piel de gallina”, temblaron como hojitas y cuando ya creían que “venía el fin del mundo”, como dijera miedosa la rana Eustaquia y¡zum! Se zambullía en un charco, otro ¡rum, blum, rum, plum! Y cayeron margaritas, jazmines, violetas, claveles, crisantemos.
“En el suelo, una maravillosa mezcla de colores, como si fuera una alfombra multicolor.
“Nadie entendía nada. No, nadie no, el elefante jefe de los trompitas-violetas suspiró y con voz gruesa dijo como en un grito, para que todos, hasta el animal más chiquito escuchara.
“Es el Hada Primavera. Desde esa nube gris que se aleja porque terminó el invierno, agasaja a nuestra tortuga en sus ciento dos años con sus flores recién nacidas.
“¡Cuánta alegría, perfumes y colores!
“La emoción hizo brotar algunas lágrimas. Alguien las tomó y convirtiéndolas en tinta escribió: “Así termina el cuento del país de los elefantes-trompitas violetas”.
(*) Elefantes trompitas violetas. Por Idilia Vouillóz

“Sueños y magia del colorín colorado” es un libro gestado en el taller “La hora del cuento”.
La hora de conocer el mundo
Por Alina Pozzolo (*)
Apenas el timbre colmaba todos los espacios y la posibilidad del recreo llegaba a nuestras manos, la biblioteca era para muchos una cita impostergable. Allí nos esperaba ella con su presencia distinguida, su voz fuerte, sus labios rojo potente, sus rulos azabaches y sus manos tan firmes como dulces.
Un extenso banco cobijaba cientos y cientos de historias, de mundos posibles de descubrir. Cuentos y más cuentos, historias, colores, y esa imagen que jamás podré olvidar. Una fila detrás del escritorio y el compromiso de devolver nuestro tesoro días después en las mismas condiciones.
Le decíamos señorita Idilia. Era la persona que tenía en sus manos la llave para dejarnos volar lejos, tan lejos como lo hace uno cada vez que se atrapa entre las páginas de un libro que se abre para ser descubierto o -¿por qué no?- para ser escuchado, por las interminables interpretaciones que Idilia nos regalaba en cada “Hora del cuento”. Leones, doncellas y hasta los más malvados verdugos cobraban vida en sus palabras, ante nuestras atentas y silenciosas miradas.
Pasaron muchos años desde entonces, y cada vez que el destino nos encuentra, no me canso de decirle que está igual, que podría reconocerla a pesar del tiempo, que su voz, su longilínea figura, sus sonrisas, me siguen evocando aquellos momentos cuando con amor, paciencia y compromiso, nos enseñó la manera más hermosa de conocer miles de mundos: leyendo.
(*) Ex alumna de la Esc. Nº 7 Presidente Beleno

sugerencias
Para escribirle a los niños
Idilia Vouillóz nos regala una serie de sugerencias para quienes pretendan escribir y contar historias a los chicos.
El primero de esos consejos es conocer y leer literatura infantil. María Elena Walsh y Elsa Bonermann son dos referentes ineludibles.
No a la vanidad
Otro aspecto importante es escribir despojados de vanidades.
Los artistas, por lo general, son vanidosos. El que escribe para niños tiene que dejar la vanidad aparte para poder llegar al niño, despertarle el interés y abrirle su cabeza para que tenga más ilusiones y magia.
No a los errores
El mayor trabajo para un escritor de libros infantiles es corregir. Hay que corregir el texto, dejarlo y volverlo a corregir, para que llegue al niño lo más depurado posible, puesto que está en etapa de incorporación del lenguaje y es importante que lea historias bien escritas.
No repetir palabras: trabajar con el diccionario y buscar sinónimos, son otras de las sugerencias útiles de esta autora.