EDITORIAL

Para erradicar

el trabajo infantil

En 2002, la Organización Internacional del Trabajo dispuso de una jornada, el 12 de junio, para reflexionar sobre la problemática del trabajo infantil, entendido como toda actividad económica o estrategia de supervivencia, remunerada o no, realizada por niñas y niños por debajo de la edad mínima de admisión al empleo, o que no han finalizado la escolaridad obligatoria o que no han cumplido los 18 años, si se trata de trabajos peligrosos.

El término refiere a toda tarea que priva a los niños de su niñez, su potencial y su dignidad; interfiere en su escolarización, y es -en definitiva- perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. Y se materializa en formas tan variadas como en la cosecha, la mendicidad, la recolección de basura, hasta las formas más aberrantes como la explotación sexual y la participación en conflictos armados.

Este año, el organismo internacional puso el foco en el trabajo de las niñas, luego de comprobar que un gran número de ellas es ocupado en los sectores de la agricultura y la manufactura, a menudo en condiciones peligrosas. Según los últimos datos, más de 100 millones de niñas son víctimas del trabajo infantil y la mayoría se encuentra desarrollando tareas en áreas rurales.

En el país, según datos oficiales difundidos recientemente, son 900 mil los niños y jóvenes que trabajan. Pero más allá de las estadísticas, que resultan de compleja elaboración en una materia caracterizada por la invisibilidad, se trata de un problema severo que condiciona el futuro de sus víctimas.

En nuestra provincia, se incorporó desde hace un año el aporte y la experiencia de organizaciones no gubernamentales a la comisión para la erradicación del trabajo infantil que integran, además, el Estado, el sector empresario y el de trabajadores. Desde el organismo se prevé poner en marcha acciones que permitan morigerar los efectos de la crisis económica y la consecuente pérdida de empleos, frente al temor fundado de que terminen operando como agravante de la problemática.

En conjunto con las comisiones que representan a la provincias integrantes de la Región Centro -y en línea con la consigna emanada de la OIT-, se elaboró un documento en el que se advierte sobre la presencia de niñas trabajando en el ámbito urbano y rural. Pero además se alude a otra actividad en la que son precozmente ocupadas y con riesgos de ser explotadas, como es el trabajo doméstico tanto dentro del propio hogar como en hogares de terceros.

Naturalizado e invisibilizado, en cualquiera de sus expresiones el trabajo infantil limita o directamente impide el desarrollo pleno de niños y niñas de todo el mundo, también de nuestro país y de Santa Fe. Y requiere de un fuerte compromiso para aunar esfuerzos estatales y privados, a los que el actual contexto de crisis, plantea un nuevo desafío, para que sus efectos no recaigan en los sectores más vulnerables.