Artes Visuales
“Homenaje”
Domingo Sahda
En fecha reciente, fue inaugurado un nuevo espacio destinado al estímulo, desarrollo y difusión de hechos propios de la cultura como manifestación y extensión del pensamiento original y sensible. El Centro Experimental del Color, dependiente de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la ciudad de Santa Fe, sito en Rivadavia 2898 dio comienzo a su plan de actividades con una muestra homenaje al Prof. Julio César Botta, maestro del arte visual santafesino, docente, fallecido recientemente, a modo de reconocimiento de la persona y la trayectoria de quien acrecentó y amplió el horizonte cultural santafesino. El curador de la exposición, invitado para tal fin fue el artista plástico Kasutaka Ishikawa.
Desde esta columna y a modo de adhesión se transcribe la reflexión final que mereció Julio César Botta, texto que cierra el Fascículo Nº 21 de la Colección Creadores Santafesinos que le fuera dedicado. Julio César Botta, El contenido fragor: “La maestría pictórica, densa e inerte cobra tensa vida cuando el creador la convierte en indicio, señal y símbolo de la fragorosa contemporaneidad, con sus miedos, con su violencia y su desencanto mediatizados en el campo plástico, a través del lenguaje de la forma desgarrada, la textura áspera, el color restallante. Pintura por cuyas grietas e intersticios late la vida, la historia. Superposiciones, arrastres, empastes, puestos con expresivos gestos en cada tramo sin extravíos literarios o académicos. Las formas cortadas abruptamente se entretejen con texturas de restallante contraste y dicen de quebrantos y cicatrices. Pintura de exasperada sustancia romántica que se exige de sí misma por voluntad de su creador, intentando llegar a ese fondo abismal que es la aventura humana despojada de ornamentos y melindres.
El creador Julio César Botta afirma una y otra vez su mirada construyendo textos visuales, conjetura y resuelve a pura pintura cada una de sus proposiciones. Torrente sofrenado y encauzado por la lúcida organización de la idea matriz. Desde una primera figuración, cargada de intencionalidad sarcástica, burlona, de humor violento, hasta la construcción de vastos panoramas sociales que permiten explicitar su manera de sentir y expresar, con el vehículo del arte plástico, el artista habla del mundo para el mundo.
La referencia a un acontecer, a un objeto, a una persona siempre subyace dentro de una figuración-otra que connota, llamando al vínculo de atadura comunicacional a través de cada configuración recortada en el plano. Su universo le es propio a cada momento y desde su absoluta individualidad admite el vínculo con terceros expectantes. Julio César Botta es un creador que instala en nosotros desde múltiples sujeciones y experiencias autoimpuestas la verosimilitud de que cada cuadro que él construye es una ventana desde la cual podemos mirarnos como sujetos sociales sin regodearnos en tonterías discursivas predigeridas. Creador de este tiempo que confía en el valor del arte como camino y vínculo, atento siempre al devenir, construye desde su atalaya una faceta del arte santafesino que le es propia, a puro trabajo y talento”. Domingo Sahda/Santa Fe, junio 2007 Creadores Santafesinos.
Adolfo Mario Arana Acuarelas
Desde días atrás, vienen exponiéndose en el Centro Cultural Provincial de calle Junín 2457, una colección de acuarelas fechadas en distintos momentos o períodos del artista Adolfo Mario Arana.
La muestra en cuestión, dividida temáticamente en dos subespacios, a saber: el paisaje y los retratos son dos modos que constituyen una unidad expresiva ciertamente diversa en tanto atendamos a “aquello que se pinta” enlazados unitariamente tanto por lo matérico empleado como por la impronta gestual del autor al configurar imágenes.
Presumiblemente este hiato expresivo responde materialmente a una búsqueda de nuevos horizontes icónicos a través de los cuales expresar sus percepciones subjetivas del mundo entorno.
En todos los trabajos a la vista, lo que inicialmente se destaca es el tratamiento del color-materia. Un cierto despojamiento de la sensualidad propia del empaste matérico deviene en acento cromático leve, puro tinte desmaterializado. No destaca el tan común relamido gesto del pincel sino la transparencia de los acentos que deslíen sus límites para fundirse con otros próximos sin enturbiar la luz color.
Las imágenes construidas metafóricamente por una especie de humo cromatizado exigen la atención ajena al impacto desestabilizador, inducen al intimismo de la apreciación, casi al susurro que ancla la mirada. La acuarela, técnica compleja en su ejecución y a la cual el prejuicio cuando no la chapucería improvisada le adjudican un cierto tono de “manualidad de buen tono”, tiene su real exigencia en la captura inmediata de lo fugaz, el ojo inteligente y la mano atenta enlazados en el gesto exacto que no admite repintes ni sobrecargas. Remite al espectador hacia territorios de gracia concedida que cristaliza en imágenes de manifiesta poética elusiva. El pintor logra estos resultados en varias de las piezas en exposición.
Esta poética de la imagen afloja cuando aparece el imperio autoimpuesto de describir, de señalizar en un cierto tono didactizante algún ocasional accidente paisajístico.
Arana se muestra dueño de una técnica expresiva sobre aquello que se propone cuando responde a una hipotética claridad instintiva en la aplicación del tinte exacto que se impone por coherencia expresiva. Esa referencia sutil de lo infinito, de aquello que fluye y se trastoca en énfasis cromático se refuerza con temblorosos recorridos lineales que subrayan la definición de la imágenes retratadas.
En sus paisajes, la actitud contemplativa; en los retratos, su percepción incisiva autocontenida, de elíptica violencia.
Adolfo Mario Arana se mueve a sabiendas de lo que hace. Su aparente reorientación temática comporta un acto de libertad no exento de riesgos ni recaídas. Su producción a futuro nos dirá si esta acotada colección de retratos será sólo un fuego de artificio o por el contrario una decida voluntad de ampliación de fronteras creativas.




