Palabra y comunicación

Por Liana Friedrich (*)

En su “Introducción”, Nora Didier despierta la curiosidad de sus potenciales lectores, al describir el mundo “... como un inmenso libro en permanente disposición: para descubrirlo, decodificarlo, interpretarlo...” para luego destacar la importancia de la Palabra (reforzando lo dicho gráficamente con el uso de la mayúscula), como condición esencial del ser, citando entonces a Heidegger: “El habla no es un instrumento disponible entre otros, sino aquel acontecimiento que dispone de la más alta posibilidad para el hombre de ser hombre”. Se permite luego reconvenirnos acerca del uso y abuso que los medios —y la sociedad en general— hacen de la palabra, “bastardéandola” hasta volverla tan liviana que ya parece vacía de contenido (aquí no se trata de “La insoportable levedad del ser”, como planteara Milan Kundera, sino de “la insoportable levedad de la palabra”), característica propia de esta cultura light, líquida, en la que nos hallamos inmersos. A esa descarnada deshumanización que actualmente sufre el lenguaje, contribuye también la supercomunicación que distorsiona la personalidad, seduciendo al destinatario de la palabra + imagen + efectos especiales + toda la telaraña de signos que nos rodea, con sus “cantos de sirena”, para terminar condenándolo al “exilio” de sí mismo, es decir, a la despersonalización y el autismo. N.D. se instala así en el debate semiótico actual que planteara Umberto Eco, al reflexionar sobre los signos como fuerza social, su rol intelectual en los medios y el análisis de temas de circulación masiva, al calificarlos de “apocalípticos e integrados en la cultura de masas”, en una “cultura de masas (que) es la anticultura”..., pero también considera que... “estamos viviendo una época de ampliación del campo cultural”... (desde el punto de vista sígnico).

En la primera parte, cuando N.D. inicia sus “Aproximaciones a ciertas cuestiones relacionadas con la lengua y la comunicación”, ya se ocupa de establecer el estatuto semántico de su planteo: “... la lengua es el sistema más perfecto de comunicación que posee el hombre; el sistema primario y central que da forma y determina a todos los otros sistemas...”. Ya Saussure, a comienzos del siglo pasado, postulaba la existencia de una ciencia general de todos los lenguajes (hablados y no hablados) cuando consideraba que “se puede concebir una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social... la llamaremos Semiología”, de lo cual, hoy inferimos que el alcance de la Semiótica, como Ciencia del Lenguaje o Lingüística, subsume a todos los demás sistemas, porque la palabra es el más complejo y abstracto de todos: puede servir de anclaje o de relevo —de acuerdo con la concepción de Roland Barthes— al mensaje icónico, ya que el lenguaje verbal posee una función mediatizante, que logra “fijar la cadena flotante de los significados, de modo de combatir el terror de los signos inciertos”. Por la razón expresada —siguiendo la exposición de N.D.— encontramos muchos lenguajes: el lenguaje de los gestos, las señales de tránsito, el de los sordomudos, la música, la pintura, etc., pero todos son potencialmente traducibles a la palabra, y factibles de constituirse en enunciados lingüísticos portadores de la mayor significación.

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Establece con claridad las diferencias entre Escritura y Oralidad —tal como lo hicieran otras investigadoras sobre el fenómeno lingüístico, en sus aportes a la enseñanza de la lectoescritura: Bravslasky, Marro y Borzone de Manrique, entre otras— para luego poner al descubierto las concepciones de Halliday, en cuanto a las funciones del lenguaje. También alude a los actos de habla —que formulara Austin— respecto de la interpretación del enunciado, y se refiere a las dimensiones gráfica y fonológica —abordando con mayor especificidad el terreno de la fonología, enfocado por Hjelmslev— al indagar la estructura lingüística, para diferenciarla de la Semántica que se ocupa de... las posibles significaciones de una palabra y de la significación como proceso de construcción de sentido, ya que según afirmara Greimas: “El sentido está antes de cualquier producción discursiva; (entonces) la semiótica no produce sentido sino que reformula el sentido ya dado, procurando dotarlo de significación”.

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El lenguaje, en conclusión, es indudablemente el más refinado y rico instrumento de comunicación: gracias a la comunicación lingüística podemos relacionarnos con los demás y construir la noción de alteridad, a la vez que desarrollamos nuestra propia identidad —ya que se trata de una construcción social somos “con los otros”—, accedemos a los valores culturales y logramos avanzar en todos los campos del conocimiento y de la ciencia. Sin embargo, las disciplinas Lengua y Literatura o Comunicación Social han planteado siempre problemas metodológicos y acalorados debates en torno el paradigma al cual adherimos, y en cuanto a estrategias y contenidos didácticos. Este libro, entonces, puede brindar respuestas a muchos de los interrogantes que los docentes (y estudiantes) del área se planteen, porque ofrece un amplio marco teórico, que recorre las principales corrientes lingüísticas, y fundamenta conceptos básicos no sólo semiológicos, sino literarios, de acuerdo con los diseños curriculares actuales, presentado con un lenguaje claro y accesible, de fácil lectura y comprensión. Es por eso que el libro “La palabra y la comunicación”, de Nora Didier es un material de consulta destinado a ocupar un lugar destacado en la biblioteca de todo educador, especialmente abocado a la enseñanza de la Lengua.

(*) Transcribimos aquí algunos breves fragmentos de la presentación de “La palabra y la comunicación”, llevada a cabo el 18 de mayo ppdo., oportunidad en que también se presentó el libro de poesía “Poema Coral (en grave tono)”, ambos de Nora Didier de Iungman.

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Julio Gómez y Liana Friedrich, en la reciente presentación de un libro de ensayo y uno de poesía de Nora Didier (en el centro). Foto: Flavio Raina

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“Ekeko”, de Alberto Delmonte.