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Edición del Sábado 20 de junio de 2009

Deportes / La noche en que Galíndez se bañó de sangre y de gloria

Un increíble nocaut...

La noche en que Galíndez se

bañó de sangre y de gloria

Fue hace 33 años, ante Richie Kates, en el Rand Stadium de Johannesburgo. Hace unos días se cumplieron 30 años de su última pelea.

Tomás Rodríguez

(Especial para El Litoral)

Hace unos días, el 22 de mayo, se cumplieron 33 años. Víctor Emilio Galíndez, en una histórica pelea sobre el ring del “Rand Stadium” de Johannesburgo, Sudáfrica, derrotó en inolvidable lucha a Richie Kates, por nocaut cuando restaba un segundo para finalizar la pelea y durante la mayor parte de la contienda peleó casi a ciegas, mostrando una guapeza sin par a pesar de manar abundante sangre sobre su rostro, consiguiendo una apoteótica victoria.

La inolvidable tarde de esa epopeya, el 22 de mayo de 1976, es decir 59 días después del derrocamiento del gobierno constitucional por un golpe militar, iniciando el proceso más negro y de mayor dolor de la historia argentina, con una significativa represión hacia el pueblo, debido especialmente a los secuestros, torturas y muertes de los militantes populares, con aproximadamente 30 mil desaparecidos, Galíndez escribió una página imborrable para el deporte de nuestro país.

Richie Kates estaba precedido de valiosos antecedentes, se encontraba ubicado segundo en el escalafón mundial, ostentando un récord de 31 victorias, 16 antes del límite, con una sola derrota ante Eddie Owens. En forma idéntica al argentino, le había ganado a Len Hutchins, José “Monón” González y al ídolo sudafricano Pierre Fourie.

En dicho festival, pagaron entradas 42.195 personas; no hubo transmisión en directo a Estados Unidos; en la Argentina los aficionados adeptos al deporte de los puños siguieron las incidencias en forma directa por Canal 13 de Buenos Aires, con los relatos de Roberto Maidana o la escucharon por medio de LRA 4 Radio Splendid de Buenos Aires.

Inolvidable relato

Ese Galíndez bravo e indomable, con su sangre de guerrero derramada sobre la camisa del árbitro Stanley Christodoulou y un coraje sin par, exigió del prestigioso periodista Ricardo Arias por LRA 4 Radio Splendid uno de los relatos más fabulosos que se hayan escuchado en la radiofonía deportiva de la República Argentina.

Cabe apuntar que nadie hubiese podido imaginar que la pelea iba a ser considerada por los especialistas en boxeo como una de las más dramáticas y sangrientas de toda la historia universal y que, con el mismo final, entraría directamente en la leyenda.

El “Negro” Galíndez había sufrido un corte enorme en su ceja derecha, tras un cabezazo y un golpe de Kates en los primeros capítulos. El estadounidense había evidenciado claras diferencias en la parte inicial y el combate estuvo a punto de ser suspendido varias veces por la sangre que manaba abundantemente de la ceja florecida del argentino por la herida, limpiándose para que no le impidiese la visión en la camisa del árbitro local Stanley Christodoulou.

Tito pedía la descalificación

“Tito” Lectoure empezaba a pedirle a viva voz al juez sudafricano la descalificación del rival de Galíndez, mientras que con su cuerpo evitaba que subiera al cuadrilátero el médico, Clive Noble y comenzaba a trabajar en la herida; mientras, Kate iniciaba el festejo.

Kates, años después, reveló al periodista Carlos Irusta del entonces semanario “El Gráfico” que “fue el corte más grande que vi en mi vida; me di cuenta de que la pelea no podía seguir; observé cómo Galíndez se dio vuelta quejándose del dolor, subiendo el médico al cuadrilátero; entrando entonces en escena Lectoure, quien complicó todo. ¿Quiere saber la única verdad?, Galíndez no quería seguir peleando y ese apasionado hombre del boxeo de su país hizo de todo y él fue el artífice para el éxito del argentino”.

“Tito” Lectoure fue quien le gritó al médico que el árbitro lo autorizaba a Galíndez a seguir peleando; casi al mismo tiempo le explicaba al réferi que el Dr. Noble daba permiso, mientras le hundía los dedos en la herida, impregnándola de un cicatrizante norteamericano.

Juan C. Cuello y Roberto Palmero Galíndez -hermano del campeón-, estaban junto a Lectoure, asistían impotentes al chorro de sangre del que quedarían luego tres toallas ensopadas y ante el estupor de todo el público, el combate continuó, con el argentino que no veía casi nada...

A partir de allí, el encuentro fue otro, porque Galíndez comenzó a atacar a su contrincante como un toro enloquecido. A su vez, Kates tardó un poco en reaccionar, si se tiene en cuenta que el sudafricano estaba seguro de su victoria.

Kates reveló al periodista argentino Irusta que en esa jornada tuvo cuatro rivales: “uno, Galíndez; otro el referí que le permitía al argentino secarse la sangre con su propia camisa; el tercero el público sudafricano, porque soy negro, y el cuarto: yo mismo”.

“Sabía que Galíndez iba ganando; aunque desde mi rincón decían que yo tenía ventajas, en el último capítulo salí a hamacarme, tapándome el mentón con la izquierda para evitar los voleos de derecha que él tiraba. De pronto me encontré con la zurda de él (un gancho), una mano fantasma que salió de la nada”, acotó Kates.

Reconoció el sudafricano que “yo mismo lo había incitado a lanzarla, descuidando mi flanco derecho; por eso le dije que fui rival de mí mismo; me equivoqué tácitamente y Galíndez me puso nocaut faltando un segundo para que finalizara la pelea y el árbitro me dio el out”, aseguró Kates.

/// ADEMÁS

Autos, mujeres y gaseosas

El domingo 26 de octubre de 1980, Víctor Emilio Galíndez hizo su debut como acompañante de Antonio Lizeviche en la carrera de Turismo de Carretera que se disputaba en la ciudad de 25 de Mayo, en la provincia de Buenos Aires, abandonando la prueba.

Sorpresivamente, el auto fuera de control de Marcial Feijoo los mató a los dos, cuando el Dodge de Lizeviche había quedado fuera de competencia; mientras piloto y navegante volvían a los boxes caminando al costado del camino, en sentido contrario al de los autos.

Galíndez tenía 31 años de edad, nada más, le faltaban siete días para cumplir uno más de existencia, cuando la muerte se le vino encima tan de repente.

Si su principal virtud era, precisamente, su fortaleza, su mayor debilidad eran los autos, las mujeres y las gaseosas. Entre 1974 y 1980, se dio todos los gustos: cambió 21 veces de rodado.

En esos años vivió tanto de día como de noche, siempre rodeado de las mejores compañías femeninas, imantadas por su fama, el dinero y su simpatía y alegría personal.

El problema era su sed. Galíndez ardía por dentro, siempre quería tomar algo fresco. Una vez, en 1978, Víctor y Guillermo Vilas coincidieron en la apertura de un boliche bailable en Bariloche.

El famoso tenista marplatense, quien revolucionó e hizo popular al tenis en la Argentina, fanático del boxeo, quiso aproximarse al campeón del mundo para conversar un rato, pero era tanta la gente que lo rodeaba y se sacaba fotos con él, que optó por dejarle un mensaje seco, lacónico. Decía: “Gordo, largá la gaseosa que te está matando...”.

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Siete puntos sin anestesia

Cuando Galíndez llegó al vestuario, tras la conquista obtenida, le limpiaron las heridas y el natural de Vedia aguantó sin emitir un grito de dolor cuando le aplicaron en la ceja afectada siete puntos de sutura sin anestesia.

A su término, el equipo que lo acompañaba al campeón dirigido por “Tito” Lectoure e integrado por el técnico Juan Carlos Cuello, el profesor Russo y el Dr. Paladino, le informaron de la infausta noticia del asesinato de su gran amigo, Oscar Natalio Bonavena, quebrándose Galíndez en un desconsolado llanto -como lo hacen los niños- por la muerte inexplicable de su gran compañero y amigo.

Cuando regresó a la Argentina, Galíndez fue recibido en el aeropuerto internacional de Ezeiza por una multitud que acompañó en caravana al campeón mundial de los semipesados en el trayecto por más de tres horas hasta el mítico Luna Park. En el lugar, Galíndez con lágrimas en sus ojos, muy emocionado, puntualizó que “lamentablemente hemos perdido a un gran amigo, Oscar Natalio Bonavena, por eso les pido a todos ustedes un minuto de silencio en su memoria...”.

/// EL DATO

Dolor.

Ese mismo día, sábado 22 de mayo de 1976, el boxeo argentino además de la gloria alcanzada en Sudáfrica por Víctor Emilio Galíndez, tuvo una jornada de congoja, abatimiento, tristeza y hondo dolor por la trágica muerte de uno de los más grandes ídolos, Oscar Natalio “Ringo” Bonavena. Mucho lloró Galíndez al enterarse de la noticia.

/// lo importante

Su muerte

Cansado y agotado de los entrenamientos, el 14 de junio de 1979 hizo su última pelea: con poco más de 86 kilogramos, perdió con Jesse Burnett en Anaheim, por la faja de peso crucero de la WBC, retirándose de la actividad. Dos meses después, la muerte se le cruzó en el camino, al igual que su amigo e ídolo, “Ringo” Bonavena, el valiente Víctor Emilio Galíndez se bebió la vida de un sorbo. A los 31 años, había ido y había vuelto; no había tenido nada y lo había conseguido todo, despidiéndose muy joven de la vida terrenal.



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