etcétera. toco y me voy
etcétera. toco y me voy
Resfríos, gripes y otras yerbas

Con las gripes que andan a las vueltas, el tema de toses y estornudos no debería ser motivo de broma alguna. Pero, por otra parte, ¿Por qué no? Porque tenemos un montón de gente que se esmera para estornudar o para repartir o para ocultar la profusa producción moquística estacional. Tanto talento suelto merece consideración, así que desparramo algunos conceptos.TEXTO. NÉSTOR FENOGLIO. DIBUJO. LUIS DLUGOSZEWSKI.
Hagamos una cosa: pongámonos de acuerdo desde el vamos en dos cosas. Yo no hago ningún chiste fácil ni difícil ni me aprovecho de las potencialidades de la sonora y húmeda palabra “esputo” y ustedes, desde el vamos también, comparten esta nota con espíritu y narinas amplias.
Por estos días, lo que podía ser un simple y vulgar resfrío, propio y natural dada la época del año, se cotiza diferente a partir de la intensa presencia en los medios de la gripe porcina -del dengue ya nadie habla, porque era local o regional y esto en cambio tiene status internacional- y otras beldades que nos hacen ser débiles cositas dependientes de laboratorios y medicamentos.
Pero convengamos que hay gente con estilo para estornudar o toser. Nosotros en el diario tenemos gente que no tose: se desarma. Y tenemos otras personas que no estornudan: se desgajan, paren.
Dividamos las aguas (excepto que se trate de una tos seca) entre tos y estornudo pues son cosas diferentes, acaso la misma diferencia entre un vaso de agua y un baldazo liso y llano.
El estornudo es superficial, espontáneo, liviano, advenedizo, casual si se quiere, risueño, jodón, vi luz y entré, inspirada poesía... La tos, en cambio, es más organizada, sistemática, profunda, visceral, pautada, relativamente previsible, te aviso que voy, trabajada y racional prosa (la gripe me hace ver y escribir visiones, aviso).
Entre los estornudadores estentóreos podemos contar a los ruidosos, los desparramadores, los expansivos, los modositos, los implosivos, los explosivos, los mocosos, entre otros. Es una clasificación hecha al voleo. A diferencia de la persona que está oficialmente engripada, medicada y que requiere pañuelos para evacuar secreciones nasales (cuánta galanura), los estornudadores apelan si pueden y les queda tiempo a la mano para tapar la liberación indiscriminada.
Ahora recomiendan cambiar las técnicas y sugieren que uno debe aprender a taparse con el antebrazo u otra parte, pues la mano, omnipresente en todo cuanto hagamos antes, durante y sobre todo después del estornudo, es conductora de todos los virus que estampamos allí. Y, supuestamente, no así o no tanto el antebrazo, el codo u otra parte del cuerpo con la que atinemos a taparnos.
Igualmente, mientras para la mayoría el estornudo es una incontinencia de la que no estamos orgullosos (algo así como un provechito inoportuno), en cambio hay otros para quienes el acto en sí se transforma en dramático, tiene esencia teatral, es casi una puesta en escena completa. Estos vagos estornudan y quieren que se sepa y hasta perfeccionan o magnifican su producto. Es un estornudo marketinero, viene con campaña publicitaria incluida. En el otro extremo, tenés gente que más bien se traga el estornudo, una suerte de implosión y de la cual nos enteramos por un sordo ruido y por la cara roja del estornudante.
Entre tanto estudio tonto a las vueltas, entre tanto curso propuesto, entre tanta medición y tabulación ofrecidas como lo último de lo último, bien puede estudiarse el carácter de las personas por su estornudo. Ya se sabe que todo lo que hacemos y lo que no es una postulación de nosotros mismos, que vivimos tirando (además de moco) significados y que lo único que hace falta es tener decodificadores atentos o lúcidos, pañuelos dispuestos a hablar de nosotros.
Está todo fantástico, mis chiquitos, pero dos cosas nuevamente debo decirles: la primera es que no puedo evitar observar que su carita de asquete no ha variado con el correr de los renglones, al contrario. Y la otra ¿qué corno es un esputo?
Convengamos que hay gente con estilo para estornudar o toser. Nosotros en el diario tenemos gente que no tose: se desarma. Y tenemos otras personas que no estornudan: se desgajan, paren.