EDITORIAL
EDITORIAL
Por una campaña que evite daños a la ciudad
La intensa campaña electoral que vienen desplegando los candidatos para los próximos comicios se disputa a través de una notable exposición mediática, con cruces verbales belicosos y, de manera bien visible, en la vía pública. Carteles de todos los tamaños, pasacalles y pegatinas muestran rostros, nombres y consignas, y preanuncian una compulsa complicada, sobre todo porque en los próximos días parecen estar en juego mucho más que algunos escaños en el Congreso Nacional.
El adelantamiento de la fecha para elegir diputados y senadores nacionales -prevista en principio para octubre y anticipada por decisión del gobierno central para fines de junio- abrevió el margen de diferencia con las internas provinciales que se celebrarán el primer domingo de julio, cuando quedarán consagrados los hombres y mujeres que -en una segunda instancia- volverán a confrontarse por la renovación parcial del Concejo Municipal. Es así como los nombres y las propuestas de unos y otros candidatos terminan conviviendo en el mismo espacio público y pugnan por ganar mayor protagonismo y conquistar al mismo electorado.
Por estos días, la propaganda política gana lugar -como ya es habitual- en calles y veredas, en muros y obras en construcción, pero también en aquellos lugares que deberían quedar al margen de la campaña. Días atrás se advirtió que algunos candidatos habían incumplido el compromiso suscripto entre representantes de todas las fuerzas partidarias que participarán de las próximas elecciones y las autoridades municipales. Dicho acuerdo pretendía, precisamente, asegurar que no sean utilizados para estos fines aquellos espacios que el mismo Código de Publicidad preserva: plazas, mobiliario urbano y bienes de valor patrimonial.
Sin embargo, poco después se constató la colocación de carteles en columnas de alumbrado público y en semáforos de las principales avenidas de la ciudad, situación que sorprendió a quienes impulsaron aquel acuerdo, aunque es historia repetida en épocas preelectorales. En este caso, no sólo afecta la imagen de la urbe, también obliga a un nuevo esfuerzo económico para devolverle un aspecto más presentable cuando concluyan las elecciones.
Esta vez no se les puede achacar desidia a las autoridades municipales: a través de brigadas de inspectores las infracciones fueron verificadas, con el objetivo de informarlas a la Justicia de Faltas. Al mismo tiempo, la Secretaría de Control cursó requerimientos a los partidos que las cometieron, para que en breve procedan a la limpieza de los bienes públicos afectados.
Cabe recordar que Santa Fe no agota el cronograma electoral de este año con los comicios nacionales. Resta aún la elección de cargos para el cuerpo deliberante. Es de esperar que la predominante lógica electoral no arrase los acuerdos y las normas básicas de convivencia que todos, y especialmente los candidatos a cargos públicos, deberían respetar. Si así no ocurriera, al menos debería honrarse el compromiso de asumir la limpieza de la ciudad tras los comicios.