Crónica política

La encrucijada del cuarto oscuro

Rogelio Alaniz

“Algunos dicen/ que la palabra muere/ al ser dicha/ yo digo que empieza a vivir /ese día”. Emily Dickinson

A una semana de las elecciones la pregunta es inevitable: ¿Qué dicen las encuestas? Siempre respondo lo mismo: reflexiono sobre hechos políticos no sobre encuestas. No es pedantería, sólo trato de reivindicar las virtudes del oficio. Puede que las encuestas tengan su cuota de verdad. Como instrumentos de medición sociológica son necesarias, no indispensables. Como recurso para adelantar resultados, su valor es muy relativo, sobre todo cuando la inevitable puja política se apropia de ellas para transformarlas en formas de la propaganda política.

No necesito mirar las encuestas para saber que la elección en Santa Fe entre Reutemann y Giustiniani va a ser reñida. Puede que gane uno u otro. El que lo haga lo hará por poca diferencia. Admito que de acá al domingo que viene el escenario puede modificarse. Es una probabilidad, no una certeza. Las encuestadoras también lo sostienen. Mis predicciones son relativas; las de ellos también. Hoy expresan que Giustiniani gana; mañana pueden contar que el escenario cambió.

Decía que en Santa Fe las elecciones están reñidas. La disputa es entre dos candidatos y entre dos proyectos políticos. Tercia en la elección la propuesta oficialista de Rossi que opera como una corriente interna del peronismo santafesino, pero la madre de las batallas se librará entre el peronismo y el Frente Progresista. En países normales, una elección intermedia no debería vivirse con esta crispación; pero hace rato que la Argentina ha dejado de ser un país normal.

De todos modos, los santafesinos no debemos estar disconformes. En nuestra provincia, no hay candidaturas testimoniales y los candidatos que disputan el poder no nos avergüenzan. Podemos y debemos estar a favor de uno u otro, pero admitamos que cualquiera de ellos están lejos de ser esa suerte de prontuario policial que el peronismo nos obsequiaba en otros tiempos.

Más allá de lo que digan los candidatos, tampoco es lícito afirmar que estamos ante una campaña sucia. Los dirigentes se imputan errores, algunos lo hacen con buenos modales, otro no tanto, pero en cualquier campaña electoral estas cosas pasan. Comparado con provincia de Buenos Aires, Córdoba y la propia Capital Federal, lo que sucede en Santa Fe es un juego de señoritas. Acá no han habido denuncias sobre negociados escandalosos, o querellas judiciales relacionadas con el narcotráfico y otras bellezas por el estilo.

Formalmente, los comicios santafesinos ponen en juego cargos legislativos. Formalmente. Desde el punto de vista descarnado del poder, lo que se disputa es una serie de proyectos políticos diferenciados y futuros políticos alternativos. Reutemann hoy expresa al peronismo santafesino. Por lo menos a su versión mayoritaria. Él y Obeid suman fuerzas y ponen en juego en esta elección el poder político de quienes gobernaron la provincia durante dieciséis años. Si ganan, la victoria será al mismo tiempo una carta de triunfo para la candidatura presidencial de Reutemann y una ratificación interna a las gestiones peronistas en la década del noventa. La derrota provocaría, obviamente, un resultado inverso.

Hacia el futuro, la victoria de Reutemann recuperaría al peronismo santafesino bastante deteriorado luego de haber sido vencido por Binner. Una derrota profundizaría su crisis interna y es de temer que pasaría mucho tiempo antes de que pudiera ponerse de pie. Hoy la carta brava del peronismo es Reutemann. Si gana, el peronismo se preparará para recuperar el poder en el 2011. Si pierde, esa expectativa se alejará hacia un futuro impredecible. La derrota de Reutemann incluiría algo más: dejaría a la tradicional derecha santafesina sin un dirigente confiable, capaz de unir votos con intereses.

El Frente Progresista pone en juego su año y medio de gestión. Su victoria sería una ratificación a lo hecho y una apertura hacia la candidatura de Binner en el orden nacional, está vez acompañado de muy cerca por quien sería la gran estrella de esa victoria: Rubén Giustiniani. Si la derrota es por escaso margen, Binner salvaría la ropa en la provincia, pero su horizonte político presidenciable para el 2011 sería puesto en tela de juicio. En estos temas, Carrió y Cobos no perdonan.

Según los estudios de campo, Giustiniani gana por paliza en Rosario. Aclaro, según los estudios de campo. La misma fuente sostiene que Reutemann gana en Santa Fe. Algunos dicen que gana con comodidad; otros dicen que no por tanto. El 28 a la noche nos sacaremos las dudas y, yo en particular, me sacaré las dudas respecto de la orientación del voto de los sectores afectados por la inundación.

La fortaleza electoral de Reutemann está en la “pampa gringa”. Allí, los votos del campo le son leales. ¿Por qué? Por varios motivos, pero la principal razón tal vez se deba a que esa fracción de electorado ve en el Lole a un par, a un paisano, a alguien que piensa y actúa como ellos. No piensan lo mismo de Rossi, por supuesto. Y de Giustiniani o Binner ¿qué piensan? En principio, no tendrían ninguna queja que elevar contra dirigentes que siempre los han apoyado, incluso antes de la resolución 125, pero recién el 28 de junio se sabrá el perfil definitivo de esas preferencias.

Toda elección presenta matices, opciones, variantes. Los blancos y los negros rabiosos no existen en política y mucho menos en este 2009. Ni Binner es el Che Guevara ni Reutemann es Hitler. No les interesa serlo y no tienen por qué serlo. Ambos intentan expresar un arco de alianzas amplio y extendido. Ninguno pretende arrogarse la representación de una clase social o de un sector exclusivo de la política. Ambos son policlasistas y aportan a la política una cuota de moderación importante.

¿Reutemann es el candidato del peronismo? Es el candidato del peronismo y de algo más que el peronismo. Ése es su encanto y su eficacia. El acierto histórico del peronismo santafesino fue haberse valido de él para salir de la charca en que lo habían dejado Vernet y Reviglio. La maniobra no fue gratuita. Reutemann se reveló como un dirigente que no estaba dispuesto a dejarse llevar de las narices y fue imponiendo sus propias condiciones. Los peronistas que no aceptaron esas condiciones son los que ahora están con Rossi.

¿Quién es más peronista: Rossi o Reutemann? Los dos son peronistas. Cada uno a su manera y con su estilo. Conozco al peronismo y a los peronistas. Al peronismo lo he estudiado mucho y a los peronistas los he tratado como amigo, como adversario y también como hijo. Conozco sus tradiciones, su folclore y sus ambigüedades. Sus grandezas y sus agachadas En nombre de ese conocimiento es que digo que las credenciales históricas más genuinas del peronismo le pertenecen a Rossi.

¿Eso quiere decir mucho? No demasiado en el siglo XXI. Sobre todo desde el tiempo en que el peronismo del ‘45 o el peronismo de la Resistencia derivó en un peronismo cortesano, desencantado de ideologías y convicciones y muy dependiente de los beneficios del clientelismo y seducido por el becerro de oro del poder. Porque todas estas cosas han ocurrido es que hoy el candidato fuerte del peronismo es Reutemann y no Rossi. Por otra parte, en el peronismo siempre se valoró el triunfo, el éxito. Y el éxito en política para esta lógica son los votos. Conclusión: si Reutemann tiene más votos que Rossi, el verdadero peronista es Reutemann por aquello de que “el pueblo nunca se equivoca”. ¿O me equivoco?

El otro sesgo singular de la política santafesina se manifiesta en que los principales contendientes compiten para demostrar quién es el verdadero opositor al kirchnerismo. Compiten en su estilo y con su lenguaje, pero compiten. Reutemann no va con Rossi en esta elección porque el que los separa es Kirchner. El electorado de Santa Fe deberá decidir qué voto es más eficaz para expresar la oposición a Kirchner, el rechazo a sus atropellos políticos, a su crispación ideológica, a sus manipulaciones institucionales. Las alternativas están planteadas: Reutemann o Binner. O Reutemann o Giustiniani, para ser más precisos. El 28 de junio, cuando se empiecen a contar los votos, habrá llegado la hora de la verdad.

La encrucijada del cuarto oscuro

Momento crucial. Aunque muchos lo tengan definido desde antes, el acto de elegir, de sufragar, genera la tensión propia de la responsabilidad ciudadana.

Foto: Luis Cetraro