A 8 días del comicio

Ansiedades y falsos debates

Se acerca a su final la campaña de una elección legislativa cargada de ansiedad y centrada en alternativas que no existen. Lo que se discute sobre el modelo económico.

Sergio Serrichio

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CMI

La campaña electoral más pobre que recuerde la Argentina desde el retorno de la democracia entra en su última semana con las mismas carencias con las que se inició.

No hubo en ella un debate serio sobre los problemas del país y pasó casi inadvertido el hecho de que se trata de una elección legislativa, esto era, -es, todavía- una ocasión para que los distintos distritos empiecen, a través de sus representantes, a exigir dosis mayores de federalismo.

A esa degradación política e institucional jalonada por un adelantamiento de pura conveniencia marital, candidaturas truchas, judicialización de la política, politización de la Justicia, sospechas en la emisión oficial de documentos, hipótesis de fraude y varios etcéteras más- se agregaron en los últimos días la ansiedad de los presuntos “presidenciables” y la instalación de un falso debate en torno del “modelo”.

En la ansiedad y en la desmesura ya había incurrido el ex presidente Néstor Kirchner, cuando temprano en la campaña planteó el escenario de “nosotros o el caos”, en la forma de una vuelta al 2001.

En las semanas sucesivas se fueron sumando comentarios bélico-sangrientos, como el del ruralista Jorge Chemes, candidato del Acuerdo Cívico y Social en Entre Ríos, del cual Elisa Carrió nunca tomó distancia suficiente.

La única reacción convincente respecto de un candidato que dijo que “como en la guerra, hay que ir matando a los de la primera fila” y propició “barrer a la mayoría, a la mugre, para después empezar a remar”, hubiera sido removerlo de las listas. Pero allí sigue Chemes como candidato.

Siempre del lado del campo, Alfredo De Angeli, el carismático líder de la Federación Agraria de Entre Ríos, agregó en las últimas horas la perla declarativa sobre la peonada a la que habrá que arrear hasta las urnas para que sigan las instrucciones de los patroncitos.

Manifestación temprana de ansiedad, aunque en ese caso también de táctica electoral, fue la admisión del senador santafesino, Carlos Reutemann, de que si ganaba las elecciones bien consideraría la carrera presidencial en 2011. Y tardía, la toma de posición de Mauricio Macri, cuando en un programa televisivo adelantó sus intenciones de reprivatizar aquello que el kirchnerismo estatizó no por convicción y programa sino como recurso desesperado y aquello que “argentinizó” para favorecer a sus amigotes.

Situándose como un candidato presidencial que aún no es o como presidente que probablemente nunca sea, Macri desnudó sus ansiedades, pero gatilló también un falso debate en torno del modelo.

“La vuelta a los noventa” bramó enseguida el kirchnerismo, intentando revitalizar el discurso del miedo para intentar revertir las tendencias de una elección que en la provincia de Buenos Aires, el principal distrito electoral del país, se le complica cada vez más y que en los demás grandes distritos Capital Federal, Córdoba, Santa Fe y Mendoza- le resulta francamente adversa.

Un falso debate

El debate en torno de estatización y privatización, entre el modelo neoliberal y el nacional y popular (o productivo, o de acumulación con inclusión social, o de varios otros etcéteras que acuñaron los lenguaraces oficiales) es falso por varios motivos.

En primer lugar, porque el matrimonio presidencial y su elenco político, quienes se aferran desesperadamente a esa falsa disyuntiva, fueron partícipes activos del modelo que ahora condenan. Pilares del mismo como la privatización de YPF y del sistema previsional tuvieron en ellos no sólo manos que se alzan en una votación, sino decisivos impulsores.

En segundo lugar, porque el modelo de los noventa no cayó en virtud de ningún debate o de la formulación de una alternativa más o menos elaborada, sino por el peso de su propia insostenibilidad.

En tercer lugar, porque los seis años de gobierno kirchnerista no han siquiera balbuceado la “recuperación del Estado”. Tan invocada, pero en los hechos ninguna consigna logra todavía confundir a ciertas porciones de la ciudadanía, quienes creen verla hecha política en la reestatización de Aguas Argentinas (hoy AySA), el Correo, Aerolíneas, el control del espectro radioeléctrico y el manejo del cien por cien del sistema previsional, más la argentinización de YPF y varias empresas del sector eléctrico, a cuya propiedad se incorporaron amigos del poder.

Pero las “estatizaciones” kirchneristas fueron respuestas ad-hoc a situaciones específicas, no producto de debate o convicciones ideológicas, a menos que por tal se entienda el mero deseo de dar órdenes.

No hubo, en poco más de seis años, ninguna mejora significativa de las capacidades de control y regulatorias del Estado, de las políticas educativas y de las políticas sanitarias, a menos de vuelta- que se las confunda con los billetazos que permitieron una recaudación generosa, regada por precios internacionales extraordinarios y una presión impositiva asfixiante. Entre 2002 y 2008 el gasto público primario (esto es, sin contar el pago de intereses de la deuda) se quintuplicó en dólares, una multiplicación de la que la “obra pública” está lejos de dar cuenta. De hecho, 2009 cerrará con un gasto público cercano o superior a los 200 millones de dólares por día. Una cifra muy difícil de visualizar en realizaciones comparables.

La cuestión, entonces, no es si después del 28 el kirchnerismo o la oposición querrán mantener o cambiar el modelo, sino cuánto le queda a éste de vida. Las increíbles maniobras oficiales para ocultar el verdadero desempeño de la economía sugieren que no mucho. Ni siquiera el Instituto Nacional de Estadística y Censos pudo ocultar que en el primer trimestre de este año la inversión cayó casi 15 por ciento, pese a lo cual el propio Indec y ciertamente el gobierno- insisten en que la economía sigue creciendo.

¿El principal impulsor de esta expansión, única entre los países del G-20? Ni más ni menos que el rubro “discrepancia estadística”.

Ojalá que el domingo 28 no haya semejantes discrepancias a la hora de contar los votos.

Ansiedades y falsos debates

Macri habló de privatizar Aerolíneas y gremios aeronáuticos se movilizaron hacia la sede del gobierno porteño.

Foto: DyN

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Números electorales

Un total de 27.790.803 ciudadanos están habilitados a votar el domingo 28, de los cuales un poco más de diez millones se concentran en la provincia de Buenos Aires, según el mapa difundido por la Cámara Nacional Electoral.

En todo el país, se habilitarán 13.219 lugares de votación, con 80.951 mesas: 41.446 para mujeres y 39.505 para hombres. Serán necesarias 161.902 autoridades de mesa.

Para estos comicios, la Justicia reconoció 713 partidos, mientras que 186 se presentan en la votación de manera individual, con un total de 796 mujeres candidatas a cargos legislativos y 1119 hombres que se disputarán 129 bancas de la Cámara de Diputados y 24 del Senado.

La provincia de Buenos Aires, con 10.335.398 electores, es el distrito más grande del país, seguido por la ciudad autónoma de Buenos Aires con 2.508.353 y Córdoba con 2.439.557 sufragantes.

Además, el domingo 28 votarán 23.313 procesados sin condena firme privados de su libertad: 21.716 hombres y 1.587 mujeres, distribuidos en 206 cárceles.

Respecto a los votantes en el exterior, un total de 46.258 argentinos residentes en 69 países estarán habilitados a sufragar, con la intervención de 62 embajadas, 21 consulados y 30 consulados generales, en tanto que Estados Unidos encabeza la cantidad de electores con 13.615.