EDITORIAL
EDITORIAL
El momento del diálogo
Los resultados electorales en la provincia sorprendieron a algunos, alegraron a muchos y disgustaron a otros. Al calor de la inmediatez, los candidatos y principales actores de la campaña electoral repitieron muchos de los tics y ejes discursivos que la caracterizaron, con lo cual la inmediatez se vio teñida por la temperatura del maratón proselitista y por las emociones despertadas por el veredicto de las urnas. Así, ése fue el momento de los festejos y las broncas, las devoluciones irónicas y las proyecciones entusiastas, e incluso de un extremadamente desafortunado comentario del gobernador santafesino, con el cual descalificó a los votantes capitalinos, y del que debió retractarse casi de inmediato.
Pero la nueva etapa que se abre a partir de ahora a nivel nacional, con una recomposición del Congreso que permite alentar expectativas de mayor institucionalidad, de reeditar el debate y la búsqueda de consensos, y de, entre otras cosas, replantear la redistribución de los recursos, necesariamente deberá tener su correlato en lo que atañe específicamente a Santa Fe.
A lo largo de la campaña, los candidatos pusieron el eje en una serie de cuestiones vitales para el desarrollo y la viabilidad de la provincia: la realidad socio-económica que atraviesa por el sesgo agro-industrial de su producción, el estado de explotaciones como la ganadera y la tambera, los efectos del monocultivo, la infraestructura necesaria, los requerimientos crediticios, el contexto laboral, la situación social, el imperativo de propiciar un nuevo régimen de coparticipación que contemple de manera más equitativa la participación de la provincia en el esquema territorial y la generación de riqueza nacional.
Todos estos temas estuvieron presentes en el discurso de los candidatos que ahora resultaron electos; o reelectos, como sucedió en el caso de los principales referentes de cada uno de los núcleos políticos con representación parlamentaria. Y así como se advierte, sin esfuerzo, la existencia de puntos de vista comunes en el diagnóstico y la vocación declarada, no parece desatinado considerar que la coincidencia podría darse también en el impulso y apoyo de iniciativas parlamentarias concretas, o en el accionar coordinado en defensa de los intereses de la comunidad.
Un atisbo de esta posibilidad se advirtió en algunos discursos del cierre de campaña, que permitieron entornar levemente una puerta hasta entonces aparentemente clausurada. Ante la gravedad de los problemas y los desafíos inmediatos, resulta imperdonable que el Poder Ejecutivo de la provincia y sus representantes legislativos sean incapaces de dialogar de manera constructiva, y con el propósito de obtener resultados colectivamente beneficiosos. Sería ilusorio -e incluso, en términos de dinámica política, contraproducente- que las discrepancias se ignoren o disimulen. Pero es una prerrogativa de los ciudadanos que escogieron a unos y otros, exigirles que las mantengan en el plano correspondiente, no permitiendo que se conviertan en un obstáculo para el cumplimiento de las obligaciones que sustentan el mandato popular.