La esperanza política

Eva Usi

Deutsche Welle

Fernando Savater, considerado el filósofo más popular en España, participó en un encuentro sobre “El retorno de la religión”.

—De cara a los conflictos internacionales, ¿cómo se explica usted este “retorno de la religión”?

—Hace unos treinta años nadie se imaginó que las argumentaciones religiosas se iban a convertir en fuente de legitimación de conflictos. Probablemente Bin Laden, Bush o Ahmadinejad utilizan la religión para justificar intenciones políticas. El discurso religioso, incluso dentro de Europa, con tensiones entre la Iglesia y el Estado, ha vuelto otra vez a plantearse. No es que la religión sea el último motivo, es más bien una especie de coartada para llevar a cabo determinadas políticas.

—Las tres religiones monoteístas, ¿Cree usted que algún día reconozcan sus raíces comunes y den un paso hacia una sociedad laica?

—Los monoteísmos han inventado la exigencia de una conciencia determinada. Antes, para respetar una religión lo único que había que hacer era cumplir con unas pautas determinadas. En Roma, en la fiesta de Venus o de Júpiter había que participar en determinados rituales y a nadie le preguntaban: ¿usted se cree esto?

Los monoteísmos son los que entran en el interior de la persona, que tiene que responder sobre la veracidad de sus creencias, sobre todo el cristianismo. El judaísmo e islamismo han sido menos invasivos que la conciencia cristiana. En una sociedad moderna la religión es un derecho de cada cual pero no es un deber de nadie. En cambio, los monoteísmos convierten en deber lo que es en la sociedad moderna un derecho y en ese sentido yo creo que todos son bastante parecidos, bastante iguales, eso puede observarse en Oriente próximo en donde hay cuestiones políticas que llevan a una justificación teológica de la brutalidad.

—¿Hay algo que pudiera hacer el Estado para distender la situación?

—Yo creo que cuanto más se intente resolver las cuestiones del presente, apelando las voces del pasado más equivocados vamos a estar sobre lo que está ocurriendo hoy. El nacionalismo se basa en una recreación permanente del pasado, es decir, en tener más presente el pasado que el verdadero presente, la situación en que vivimos. Los agravios del pasado son absolutamente insalvables. Quien se sienta agraviado por algo que pasó en el siglo XVII, XVIII, en la conquista de América, es imposible resolverlo, ya no hay solución posible. Si volvemos a poner eso en la mesa y volvemos a convertir eso en argumento político entonces perdemos la posibilidad de la convivencia real. Todas las esperanzas de salvación política están en el futuro. En el pasado no hay ninguna. Por lo tanto todos los que están viviendo en la memoria histórica son oportunistas políticos que quieren legitimarse en el pasado ya que no tienen una legitimación en el presente o en el futuro.