Al margen de la crónica

¡Gente grande!

A Binner y a Reutemann hay posiciones que los acercan y otras que los alejan, pero las primeras son más. Empezando por lo cercano de sus orígenes y por las semejanzas en su manera de ser: hombres de pocas palabras, prácticos y humildes. Pero en el último tiempo, comenzaron tristemente a parecerse en los modos de agravio. Nadie puede discutir los méritos ni negar el liderazgo de ambos, como tampoco que, para los santafesinos, es una suerte que sean coterráneos y que coincidan en el momento en que hombres de valía hacen falta en esta provincia.

Pero pareciera que la lucha por el poder los ha enredado en una telaraña de la cual se niegan a salir. Para que haya una pelea se necesitan por lo menos dos, y si de pasado se trata, quien esté libre de culpas que arroje la primera piedra.

A los santafesinos nos gusta la idea de tener un par de presidenciables para el 2011, pero falta una vida para el 2011 y demasiadas cosas pueden pasar en dos años. Que sigan insultándose y continúen con chicanas baratas, a pocas horas de haber terminado con una elección agotadora por lo virulenta, es una burla y una falta de respeto hacia los ciudadanos que acaban de expresar en las urnas de todo el país, que están hartos de la política histérica.

La sociedad está cansada de tanta ira y es decepcionante ver que dos adultos peleen para averiguar cuál de ellos es más macho. Por consideración, los políticos de cualquier palo, deberían concederle un descanso a la gente; hacer las lecturas correctas de estos resultados, corregir lo que se deba y empezar a trabajar. El poder también se forma cuando las cosas que se proponen, se concretan. Esta provincia, más que otras, fue perjudicada por la iracundia de algunos poderosos. Y si provincia es un término abstracto, bastará con rever los números de desocupados, de fábricas cerradas, de tambos perdidos o de animales muertos por la sequía, para cuantificar el descalabro. Los comercios y las Pymes redujeron personal, cortaron sus cadenas de pagos o peor aún, bajaron sus persianas, casi todo eso producto de malas políticas. Ante tanta derrota, la mezquindad apareció en estos meses de la mano de los dos líderes locales y promete quedarse. Un gesto de grandeza esperado por quienes son rehenes de sus decisiones es el de verlos trabajar juntos en un proyecto que contenga a todos más allá de partidos o de aspiraciones personales.

La gente honorable conversa y discute sin trampas ni engaños; sin golpes bajos. Después de la madurez demostrada en las urnas, quienes votaron, tienen la esperanza de encontrar dirigentes que estén a su altura.