Colón cerró con derrota una campaña inesperada
Linda la película pero nadie entendió el final
Se llegó a 57 puntos, peleando una copa hasta el último partido y quedando bien posicionado en el promedio.
Colón cerró con derrota una campaña inesperada
Linda la película pero nadie entendió el final
Se llegó a 57 puntos, peleando una copa hasta el último partido y quedando bien posicionado en el promedio.

Otro capítulo cinematográfico, como lo definió Bianchi, rodó Palermo ayer con la camiseta de Boca en Santa Fe: clavó dos goles y llegó a 206 con la azul y oro. ¡Hasta los hinchas de Colón lo aplaudieron cuando salió!
Foto: Luis Cetraro
Darío Pignata
Suele pasar ciertas veces en el cine. Hay un buen director (Mohamed), un actor de trayectoria (Fuertes), otros con condiciones que vienen empujando (Prediger) y el guión es más que interesante (57 puntos, lejos del miedo en el promedio y hasta soñando con lo más lindo, como pelear un campeonato o entrar a una copa). Pero el espectador, atornillado en la butaca o frente al tele, se queda con la boca abierta cuando llega el final. Porque esperaba otra cosa. Porque al muchachito de la película nunca lo matan y ayer lo mataron en apenas 12 minutos.
De todos modos, la crítica es buena. El final, por más que descoloca, no empaña las virtudes de todo lo otro antes señalado. Después, a la hora de hacer el balance resurgen los comentarios. Y así como queda imborrable tal escena, aparecen acá los increíbles 57 puntos, los milagrosos 23 goles del “Bichi” Fuertes, la posibilidad de vender a un jugador como Prediger que se cotizó hasta límites impensados y el refresco de algunos valores de la casa a los que habrá que acompañarlos con una seria continuidad.
“Lástima el final, che”, se siguen lamentando varios. Porque estaba todo servido en bandeja para que sea lindo, como la trama. Es que Colón ganaba bien 1-0 con una avivada de “Pirulo” Rivarola ante la siesta formoseña que se durmió el “Negro” Ibarra en Santa Fe: ni los silbidos de todo el estadio cuando tocaba la pelota lo despertaron al “4” de Boca. Y, de yapa, a Beligoy le agarró una “Castrilidad al Palo”, mostrándole amarilla y roja directa a Riquelme a los 5 minutos del complemento. Entonces, el montaje de la película sabalera era perfecto: ganaba 1-0, jugaba en Santa Fe, quedaba con un jugador más que Boca y tenía alta la motivación por clasificar para jugar una copa después de tantos años.
Pero se desmoronó todo en 12 minutos. Entonces, Palermo fue cinematográfico como nunca en Santa Fe. Otra vez, Colón quedó con la mente en blanco. Fue, nuevamente, un desmayo futbolístico impresentable, impropio de la campaña. Es como cuando uno escucha la frase: “No me acuerdo de nada en esos minutos”. Eso le pasó a Colón, un equipo que no se acordó de nada. Ni de lo bueno que hizo durante todo el año, ni de lo malo que debía evitar repetir (leáse Vélez).
Lo otro que queda claro, después de semejante tormenta de errores, es que no hay anticuerpos para esta infección futbolísticamente que Colón sufre en otro partido clave en Santa Fe. Porque por más que quedaban 20 minutos largos después del 3-1 de Palermo, allí se terminó el partido. ¡Cómo habrá sido el golpe que Colón —con uno más— no entró más al área de Abbondanzieri! Ni siquiera a los ponchazos o pateando desde lejos. Es más, Pozo tapó una clara a Palermo con los pies, Battaglia quiso hacer el gol de su vida desde el mediocampo e Ibarra le despegó la pintura blanca al caño vertical con un remate cruzado.
Como lo explicó Mohamed, el mejor jugador de Colón en el partido terminó siendo innecesario en el tramo decisivo. Porque no se necesitaba marca, quite y despliegue. Se necesitaban ideas para saber cómo y por dónde entrarle a un equipo encerrado con uno menos. Pero alguien puso el candado en Boca y tiró la llave al Salado. Porque Colón no entró nunca. Ni siquiera golpeó o tanteó por las dudas.
El pitazo final de Beligoy hizo bajar automáticamente los aplausos de la multitud sabalera —dicho sea de paso, ni se notó la Gripe A en las tribunas desde la convocatoria—, porque los hinchas de Colón usaron la memoria y recordaron los lindos momentos que dejó esta campaña. Es que ésta, que no era anunciada como una gran película, hizo que los 57 puntos pagaran solos el ticket de los que fueron a verla.
Fue linda la película, pero nadie entendió el final. No se explica por qué un equipo batallador y combativo se cae tan fácil —sin dar pelea— en apenas 12 minutos, en su propia casa, ante su gente y con varias motivaciones: redondear la mejor campaña desde que volvió a Primera y hasta entrar a un certamen continental como la Copa Sudamericana.
El desenlace dejó a todos con la “Boca” abierta. Se merecía y se esperaba otro final para este Colón.
¿Continuará?