EDITORIAL
EDITORIAL Sufren los Kirchner pandemias gripal y post eleccionaria Según los informes oficiales, las personas contagiadas por la gripe A suman 100.000 y los muertos ascienden a más de 65. La situación es grave y en algún punto alarmante, sobre todo porque recién ahora el poder público parece responder a las exigencias de la hora. De acuerdo con los acontecimientos, prima el criterio de que no se previno con eficacia a pesar de que existía información para actuar con presteza. Se sabe que la ex ministra de Salud, Graciela Ocaña, había sugerido en su momento que se postergaran las elecciones y se movilizaran los recursos humanos y profesionales necesarios para bloquear la expansión del virus. No fue escuchada. Por razones de interés político partidario se prefirió privilegiar la compulsa electoral con la esperanza de ganarle tiempo a la pandemia, quizá para evitar el humor social negativo que dispara este tipo de situaciones, sobre todo cuando se percibe algún grado de especulación con la salud de la gente. En una causa judicial iniciada por un abogado de la ciudad de Buenos Aires contra el gobierno nacional, se lo acusa de haber puesto en peligro la salud pública. Exagerado o no, lo cierto es que, a juzgar por los graves resultados, el gobierno no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Lo que ahora se observa es una suma incoherente de decisiones tratando de controlar aquello que con un mínimo de prudencia podría haberse controlado a tiempo sin tener que pagar el costo del irrefrenable contagio y de demasiadas muertes. Ahora, aunque con retraso, cabe esperar que se tomen medidas eficaces para superar la pandemia. El flamante ministro de Salud será exigido como nunca. Esperemos que las trabas burocráticas y las presiones sindicales no le impidan cumplir el objetivo. En cualquier caso, el éxito de sus emprendimientos dependerá del mayor o menor apoyo que le brinde el gobierno nacional. Cuando la gripe A sea superada, habrá llegado el momento de reflexionar sobre el tema y establecer responsabilidades. Si se hace memoria acerca de cómo se desarrollaron los hechos, aparecen conductas que despiertan curiosidad e inquietud. Todos recordamos cuando hace tres meses el gobierno argentino tomó la decisión de imponer severos controles a los aviones que llegaban de México. Por entonces, la medida se consideró exagerada. Y se produjeron fricciones diplomáticas innecesarias a causa de una de esas sobreactuaciones a las que los Kirchner son afectos. Después, México controló con eficacia la gripe A. Se tomaron las medidas del caso y se actuó con responsabilidad, privilegiando la salud de la sociedad a cualquier otra consideración. Hoy, en ese país, la pandemia es sólo un mal recuerdo. El comportamiento argentino hasta la fecha ha sido el inverso: gestos desmesurados en un primer momento; luego, la subestimación del problema. Siempre, el vicio de actuar para la tribuna. Así son los resultados. |
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