Señal de ajuste
Lata mexicana

“Cañaveral de pasiones” es el título de la telenovela que se ve por Canal 9.
Foto: Archivo El Litoral
Roberto Maurer
El lunes comenzó la telenovela “Cañaveral de pasiones” en Canal 9, una emisora con predominio de enlatados latinoamericanos que proporciona la impresión, al sintonizarla en la mayoría de sus horarios, de que se trata de un canal mexicano. A su modo, lo es.
La vieja joya de Alejandro Romay fue cambiando de manos, hasta que cayó en las de Angel González y González, el hombre sin rostro conocido como “El Fantasma”, ya que no se deja fotografiar. Ese comportamiento elusivo ante las cámaras no mejoró la reputación de este mexicano que, de vendedor de publicidad, una vez instalado en Guatemala en tiempos de las peores dictaduras militares, en pocos años pasó a ser un magnate con decenas de canales de televisión en Latinoamérica y España, que dirige desde Miami.
Las generosas leyes argentinas le permitieron vaciar de contenidos locales al Canal 9, y reemplazarlos, por ejemplo, con productos como “Cañaveral de pasiones”, donde el proceso de elaboración del azúcar en el Estado de Veracruz sirve de marco a un melodrama romántico de 92 capítulos producido en 1996 por Televisa, que se convirtió en un gran éxito.
AMORES QUE NO SE EXTINGUEN
“Como la hierba silvestre que impasible crece, hay amores que no se extinguen ante el hielo de los años y el rencor” es la literaria frase con la cual se promocionó esta historia cuyos personajes principales, desde la niñez, han sido las víctimas del odio y de una mentira que enfrentó a sus familias. El rencor aparece en los primeros diálogos del capítulo inicial, cuando una criada comenta a su patrona Josefina Montero, mientras la peina:
—Margarita Faberman es muy guapa, ¿no?
—Eso es lo que dice la gente. Pero a mí no me parece tan hermosa- responde la señora, mientras asoma la espuma por su boca.
Como se observa, Josefina no simpatiza con Margarita, y se está preparando para concurrir a una cena de reconciliación, que será un fracaso. La reunión para limar asperezas, como dicen, ha sido alentada por ambos maridos, los poderosos del pueblo de San Benito. Amador es el dueño del ingenio azucarero y Fausto posee la plantación de caña, hacen negocios y son amigos.
GRAN CUÑADA
—Fausto, es hora de que sepas que Margarita no es la mujer que tú crees: te engaña con mi esposo—, delata Josefina, mordida por los celos, sólo justificados porque alguna vez hubo fuego ya apagado entre Margarita y Amador. “Sé que vives pensando en ella, noche y día, y sé que se entienden”, también acusará Josefina a su esposo.
La sospecha, además, es alimentada por Minora, la hermana de Margarita, que también le llena la cabeza a su cuñado Fausto. Sus intrigas, al fin, no son casuales: es ella la que se acuesta con Amador Montero, y no su hermana.
Alrededor de las retorcidas peripecias de los personajes adultos circulan niños, con una independencia que no les impide resultar enredados en las pasiones, engaños y bajezas de sus mayores. Cuando crezcan, los tres amiguitos serán los verdaderos protagonistas de “Cañaveral de pasiones”, y todavía falta bastante. Habrá que esperar un par de semanas para que los chicos se desarrollen, asuman los roles protagónicos y empiece realmente la historia, o sea que los televidentes disponen de tiempo para reorganizar sus vidas en torno al horario de las diez de la mañana.




