Cambios que no son tales

Más que un cambio de gabinete de lo que hay que hablar es de un enroque, es decir un cambio de piezas, de las mismas piezas se entiende. La decisión política del gobierno nacional en ese sentido no ha dejado conforme a nadie, ni siquiera a los propios seguidores del oficialismo. Lo que se presenta como un cambio no es tal. Una vez más, los Kirchner creen que la realidad se la gestiona a través de las sobreactuaciones, de los anuncios sorpresivos y espectaculares que, como la espuma, parecen ser importantes pero se disuelven con excesiva rapidez.

Al gobierno se le pide que haga una lectura correcta de lo sucedido en las elecciones del 28 de junio. Se puede entender que la presidenta convoque a una conferencia de prensa para dar a conocer interpretaciones que relativicen la derrota, pero es más difícil entender que pasados los primeros momentos se obstine en practicar los mismos errores que la llevaron a esta situación.

Conviene recordar que en aquella conferencia de prensa, la mandataria en algún momento admitió que el diálogo y la construcción del consenso eran la tarea de la hora. Hasta el momento, las palabras no han sido traducidas en hechos. Llevarlo a Fernández desde el Ministerio de Justicia a la jefatura de gabinete o sacar a Boudou de su cargo en la Anses para convertirlo en ministro de Economía, desde el punto de vista político no dice nada, o lo que dice es que todo sigue igual, que lo que se impone es la continuidad, no el cambio.

Las dos figuras más irritativas y desprestigiadas de este gobierno se mantienen en sus carteras. Se trata de De Vido y Moreno. Un mínimo de cintura política, de astucia, habrían aconsejado promover un cambio, aunque más no sea de figuras. Nada de eso se hizo y nada de esto está previsto hacer en el futuro inmediato. Los rumores que circulan acerca de una renuncia solitaria de Moreno dentro de unos días, hasta la fecha no son más que eso: rumores.

No se trata de exigirle al gobierno que deje de ser tal o que renuncie a lo que considera su identidad o la defensa de su proyecto. Lo que se le exige simplemente es que acuse recibo de lo que está sucediendo en la sociedad. Hay un amplio consenso en proteger la institucionalidad y asegurar que la señora Cristina Fernández concluya su mandato. Para que ello ocurra es necesario, imprescindible, que desde el poder se trabaje también en esa dirección.

En el peronismo existen numerosos dirigentes y técnicos prestigiados, reconocidos, de muy buena imagen quienes muy bien podrían colaborar y prestar servicios en esta etapa política que se avecina. El diálogo, el consenso se construyen con actos, con gestos y con dirigentes legitimados para cumplir con estas tareas. Esta verdad parece ser aceptada y admitida por los principales actores de la política nacional. Lo preocupante es que los únicos que no parecen hacerse cargo de lo que sucede son los Kirchner.