Tribuna ciudadana

El plebiscito del 28 de junio

Dr. Carlos Rodríguez Mansilla

En la Plaza de Toros de Madrid, sobre la puerta por donde ingresan los toreros, hay una leyenda que reza: “La suerte no es más que el meditado cuidado de todos los detalles”.

La suerte de los Kirchner se terminó. Y se terminó porque no tuvieron en cuenta el meditado cuidado de todos los detalles.

El primer error de Kirchner fue llegar a la Casa Rosada (perdiendo una elección), gracias al PJ, e inmediatamente dedicarse a atacarlo y reemplazarlo por la denominada “transversalidad”. Aníbal Fernández dijo que podían meterse la marcha peronista en el trasero. Y la “transversalidad” no era otra cosa que un proyecto personal de poder omnímodo, sin el PJ, sin Perón, sin Evita. Con Néstor y Cristina. Más tarde o más temprano, el peronismo se cobraría esta afrenta. Lo hizo el 28 de junio, votando a De Narváez en la provincia de Buenos Aires. Para derrotar a Kirchner.

El segundo error fue imponer “a dedo” la candidatura presidencial de su mujer en 2007, en un ardid que encubría a medias su propia reelección. Ocho años de kirchnerismo. Y en el 2011, nuevamente Néstor. ¿Quién otro?

El tercer error fue enfrentar al campo. Kirchner era un gobernante sojadependiente, que hacía política con la “caja” que alimentaba el campo con las retenciones. Y con el conflicto, la ciudadanía conoció el verdadero rostro de los Kirchner y sus adláteres: el gesto amenazante y crispado desde el atril y la tribuna, Luis D”Elia y su patota, los aprietes de Moreno, el insulto de Kunkel, la intención de poner al campo “de rodillas”.

El cuarto error fue, en medio del enfrentamiento con el campo, la autoproclamación de Kirchner como presidente del mismo PJ que había perseguido y despreciado. Sin elecciones internas. De prepo.

El quinto error lo cometió Néstor Kirchner al intervenir personalmente en las elecciones de Catamarca, gritando desde la tribuna que estaba en juego el modelo del gobierno nacional.

La derrota en el comicio catamarqueño llevó al matrimonio presidencial a anticipar las elecciones nacionales, por temor a sufrir una gran derrota en octubre. Pensaron que a mayor tiempo, mayor desgaste del gobierno.

El sexto error fue obligar a las candidaturas “testimoniales”, para evitar la “traición” de Scioli y los intendentes bonaerenses. El corte de boletas reveló que los caciques “testimoniales” sacaron más votos como candidatos a concejales que Kirchner.

Y el séptimo y último error, fue plantear la fecha del 28 de junio como un plebiscito. “Si perdemos, el país explota”, dijo Kirchner. “Si nos ganan nos vamos”, dijo Pérsico.

“Quieren un golpe, son destituyentes, reemplazaron los tanques con los tractores”, volvió a decir Kirchner en campaña, agregando: “Se vota un modelo de gobierno, un modelo de país”. Y así fue.

La caída

Puesto a estratega improvisado, Kirchner estableció que el centro de gravedad de la batalla estaba en la provincia de Buenos Aires. Y rápidamente, el santacruceño se fabricó a sí mismo como residente bonaerense y primer candidato a diputado nacional... bonaerense.

El porteño Daniel Scioli sería su segundo en la lista. Un testimonial. No para asumir su banca, sino para garantizar el aparato del gobierno provincial, sumado al aparato presidencial.

Pero nadie estaba dispuesto a hundirse con Kirchner. Aquellos intendentes bonaerenses que llegaron de la mano de Duhalde, tuvieron que soportar que Cristina les dijera “mafiosos” en la campaña electoral del 2005. Y se disfrazaron de oficialistas porque Kirchner no les dejaba otra salida. Pero ahora repartieron sus boletas con la de Francisco De Narváez.

Y Néstor Kirchner, el ex gobernador, el ex presidente, el presidente en ejercicio, perdió. No contra Cassius Clay, sino contra el “Colorado” De Narváez, prácticamente un debutante en peleas de fondo. Un De Narváez con billetera, pero sin aparato oficial. Un De Narváez que llevó en su lista a la hija de Rucci, que hizo campaña con Alfredo De Angeli, que fue autorizado por Huguito del Carril para usar la “marcha” cantada por su padre, a la vez que se la prohibía a los Kirchner “porque no son peronistas”.

Kirchner apostó al plebiscito. Y perdió. Pero no sólo perdió en la provincia de Buenos Aires. Perdió en Córdoba, en Mendoza, en Santa Fe, en Capital Federal, en Neuquén, en Entre Ríos, en San Luis, en Catamarca y hasta en Santa Cruz. Schiaretti dijo: “El 90 % de los cordobeses expresaron su rechazo a los Kirchner”.

Otro “transversal” que hizo la misma apuesta plebiscitaria fue Hermes Binner. Se olvidó que es el gobernador de todos los santafesinos, y se dedicó abiertamente a hacer campaña proselitista partidaria. Aunque él no era candidato. Una millonaria propaganda lo mostró en gigantografías, afiches, folletos y spots televisivos, poniendo en juego su gestión. Y atacando duramente a Reutemann, que no era su contrincante. Y Rubén Giustiniani quedó atrapado en esa estrategia suicida, que era plebiscitar el gobierno de Binner.

Los socialistas perdieron mas de 180.000 votos en un año y medio, en Santa Fe. Y Carlos Reutemann le ganó al aparato nacional, al provincial y al municipal de Rosario y Santa Fe. Es que el peronismo santafesino no comulga con los Kirchner y quiere volver a ser gobierno en la provincia. Por eso, Reutemann supo canalizar los votos del campo, pero también del justicialismo urbano, en un doble rechazo a Binner y a Kirchner.

El plebiscito del 28 de junio puso fin a la era kirchnerista. Y a la vez proyectó a Reutemann como precandidato a presidente por el PJ. Porque en el peronismo se perdona todo, menos la derrota. Hoy, Kirchner es el gran derrotado. Y Reutemann, un ganador. Que por cierto, deberá sentarse en la mesa de los ganadores del PJ, para consensuar la estrategia que permita la reorganización partidaria y la posibilidad de vencer en las urnas a Julio Cleto Cobos, seguro candidato presidencial por la Unión Cívica Radical.

El plebiscito del 28 de junio cambió la realidad política. Hay un antes y un después. En la provincia de Santa Fe y en el resto del país. No entenderlo así es como querer tapar el sol con la mano.

El plebiscito del 28 de junio cambió la realidad política. Hay un antes y un después. En Santa Fe y en el resto del país. No entenderlo así es como querer tapar el sol con la mano.

El plebiscito del 28 de junio puso fin a la era kirchnerista. Porque en el peronismo se perdona todo, menos la derrota. Hoy, Kirchner es el gran derrotado.