Al margen de la crónica
Los nuevos sospechosos
Al margen de la crónica
Los nuevos sospechosos
Hasta que la gripe con nombre tecnológico hizo su entrada a nuestras vidas, un estornudo era ni más ni menos que eso: una expulsión más o menos elegante de aire y alguna que otra partícula que delataba el inicio o el transcurso de eso que ocurre mayoritariamente en invierno: un buen resfrío. Una tos persistente podía deberse al mismo cuadro gripal o a lo que muchos, diagnosticados o no, asociamos con alergia y atribuimos al frío, al calor, a la humedad, al encierro, los ácaros o cuanto fenómeno natural o urbano se nos ocurra, sobre todo en esta ciudad.
Hasta que la nueva enfermedad irrumpiera en la cotidianidad, y nos dejara a todos medio aislados y con más miedo que de costumbre, una tos o un estornudo eran festejados o repudiados de acuerdo a su sonoridad e impacto, pero no pasaban a mayores. Ahora no sólo son un síntoma o no de cualquier cosa, sino de eso de lo que todo el mundo -literalmente- habla y teme.
Hasta que la magnitud de la pandemia se corporizara en cifras, porcentajes y estadísticas, lavarse las manos con agua y jabón era un hábito más que se enseñaba a los niños desde pequeños, como cepillarse los dientes o usar cubiertos para comer. Ahora, una cuestión tan sencilla, que de adulto debería estar incorporada a la rutina de todos los días, se convierte en uno de los puntos centrales de la campaña de prevención, junto con taparse la boca al toser o estornudar; recaudos, que por el bien de todos, bien podrían mantenerse pasada la emergencia.
De origen desconocido y comportamiento cambiante, la nueva gripe modificó costumbres que se creían invariables -como compartir el mate- y exacerbó el miedo que ahora se extiende a vecinos, parientes, compañeros de viaje, desconocidos; en fin, prácticamente a toda la humanidad, ésa que tose, estornuda o se resfría en invierno. O sea que, como siempre ocurre en una situación de emergencia, cada uno podrá sortear la crisis con sus propios recursos. Pero la gripe ha logrado casi un imposible: igualarnos. Ahora somos todos sospechosos.