/// OPINIÓN
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Dinámica de la historia
Mons. José María Arancedo
Venimos de participar en el marco del reciente proceso eleccionario, que tiene por finalidad ir recreando periódicamente las instancias y referencias políticas, que deben mantener y orientar el “bien común” de la sociedad, que es “aquel conjunto de condiciones de vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección” (G.S. 26). Es en el ámbito de este “bien común” donde nos encontramos y nos definimos “gobernantes y gobernados”, y es en su horizonte de valores, de respeto y libertad, donde adquieren su lugar las diversas ideas y proyectos que, en el noble y necesario ejercicio de la política, se debe ir desarrollando y perfeccionando la calidad de vida de la comunidad.
A esa riqueza del pasado que nos ilumina en el presente y nos abre hacia el futuro, la llamaría “la sabia y fecunda dinámica de la historia”, porque nos preserva de caer en fundamentalismos nostálgicos como en utopías sin raíces. El peso de la historia con sus valores y opciones morales no es un freno a la creatividad, sino la garantía de un crecimiento cultural y elevación de la condición humana en la línea de la verdad, del bien y la justicia. Una actitud de ruptura con el pasado no siempre es signo de un crecimiento auténtico, ni de algo nuevo para el hombre y la sociedad, sino, muchas veces, una novedad que al no tener raíces tampoco tiene futuro. Recordar, asumir y purificar el pasado es la base de una comunidad madura y garantía de una libertad creadora.
Quiero concluir esta reflexión a modo de oración, pidiéndole al Señor que nos acompañe para dar lo mejor de cada uno de nosotros, en bien de nuestra Patria. Ella reclama de sus hijos gestos de grandeza moral, que nos permitan ser “protagonistas creativos” de su futuro. Queremos sentirnos, Señor, constructores del bien de nuestra ciudad y de nuestro país, para crear las condiciones de una sociedad más justa, solidaria e inclusiva, donde todo hombre encuentre respeto por su dignidad y la posibilidad de su desarrollo integral.
(*) Arzobispo de Santa Fe, en su alocución de esta mañana.