Edición del Viernes 10 de julio de 2009

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Habrá un cinerario en la Basílica de Guadalupe - Área Metropolitana Área Metropolitana

Será bendecido el domingo próximo

Habrá un cinerario en la

Basílica de Guadalupe

Con forma de pila bautismal, será el lugar destinado a las cenizas de los cuerpos de los difuntos. Los familiares podrán depositar los restos los días 12 de cada mes, en el marco de una celebración especial. El trámite será gratuito.

De la redacción de El Litoral

redaccion@ellitoral.com

El próximo domingo se bendecirá el Cinerario común y público de la Basílica de Guadalupe, ubicado en el patio este, y autorizado mediante la ordenanza Nº 11.583 del Concejo Municipal.

“No son pocos los que desconocen lo que es un cinerario, algunos olvidan su nombre, otros confunden su denominación o se cuestionan por su presencia en una iglesia. No es un invento, aunque no es una realidad con mucha tradición ni son muchos los construidos en iglesias de nuestro país. Según los datos que poseemos, el primero fue construido en la Parroquia de Todos los Santos y Ánimas, en Buenos Aires, en el año 2003”, comentó el párroco de la Basílica Olidio Panigo.

Se denomina cinerario al lugar destinado a las cenizas de los cuerpos de los difuntos. Por su finalidad, se aconseja que su presentación sea sobria, ni tan insignificante que pase desapercibida, ni tan pomposa que pierda su función de ayudar al recuerdo del difunto y a la meditación que merece el misterio de la muerte.

Las características arquitectónicas del cinerario de Guadalupe, además de la sobriedad que pide este tipo de construcciones y seguir de cerca el modelo exterior de la Basílica, “quieren ayudar a mirar la muerte con la esperanza propia del cristiano”, comentó.

Como una pila bautismal

Su forma quiere recordar la pila bautismal. “Los restos de quienes descansarán en Él, en su gran mayoría serán creyentes, que en el bautismo han sido incorporados a Cristo muerto y resucitado. El cristiano que muere y vive con Cristo cree que la muerte no es la última palabra para su existencia sino el paso para vivir eternamente con Él. Esta esperanza está fundada en la misma palabra de Jesús que se puede leer en uno de los lados de la construcción: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Jn 11,25-26)”, citó Panigo.

Para el padre “la importancia que tienen nuestros seres queridos difuntos, y la importancia de sus cenizas, como última expresión material de lo que fue su cuerpo, hacen que el lugar merezca un respeto especial”. De aquí que la tapa del cinerario esté cerrada bajo llave, se abra sólo para el momento en el cual sean depositadas las cenizas y el lugar quede no sólo en un ámbito de recogimiento sino también seguro.

Ceremonias y visitas

En los horarios en los cuales la Basílica esté abierta, en este momento de 7.30 a 20.00, se podrá acceder al cinerario, pero durante la noche el lugar permanecerá cerrado por cuestiones de seguridad.

Si bien por el lugar -la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, claramente identificado con la fe-, en su gran mayoría serán depositadas las cenizas de bautizados, “el lugar no es sólo para los que la fe hizo hermanos, sino también para todos los que han compartido la misma naturaleza humana, ya que por todos los hombres murió Cristo en la cruz, para que todos tengamos vida en Él. Es un cinerario para todos, como la Basílica de Guadalupe, por su historia, su belleza y su valor, es un edificio que nos identifica a todos”.

Esta característica, por otro lado, permite recuperar un aspecto histórico de la Basílica de Guadalupe, ya que junto a ella, en la actual Plaza del Folclore Padre Edgardo Trucco, se encontraba un cementerio público, que luego fue trasladado para dar lugar a un rosedal.

En cuanto a los aspectos prácticos, el cinerario se abrirá sólo el día 12 de cada mes para que se depositen las cenizas de los difuntos que ya hayan sido inscriptos con anterioridad por sus familiares. Se arrojarán las cenizas, pero no las urnas. Dicho rito se realizará en el contexto de una celebración en la que se rezará por los difuntos dejados en ese momento, y se buscará ayudar a los familiares para que la esperanza en la resurrección les permita encontrar luz y paz.

/// EL DATO

Registro y constancia

Como la estructura del cinerario no tiene previsto la colocación de placas recordativas -y sería muy difícil encontrar un lugar que pudiera recibir una gran cantidad de las mismas- se llevará un libro en el que se anotará: nombre y apellido del difunto, fecha de fallecimiento (certificada con fotocopia del acta de defunción), fecha en la que fue depositado y firma de la persona responsable del pedido. Tanto el trámite como la permanencia de las cenizas serán gratuitos. Quienes quieran podrán adquirir un certificado, que les servirá como constancia.

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El cinerario ya fue colocado en el patio este de la Basílica de Guadalupe. Según los registros, el primero fue construido en la Parroquia de Todos los Santos y Ánimas, en Buenos Aires, en el año 2003.

Foto: Gentileza Padre Panigo

La perfección del Nº 8

La forma de octógono del cinerario recuerda la resurrección de Jesús, acontecida el primer día de la semana u octavo día. El número siete en la Biblia implica plenitud, pero una plenitud no siempre buena. Por eso, encontramos en el libro del Génesis que el faraón sueña con siete vacas gordas y siete vacas flacas, siete espigas grandes y siete espigas pequeñas, como signos de siete años de una gran abundancia y siete años de hambre. El cristianismo ha tomado esta simbología y, así, nos encontramos con siete sacramentos, pero también con siete pecados capitales.

Pero el número ocho en la simbología cristiana siempre hace referencia a la perfección. El cristiano que ha ingresado en el octavo día en el bautismo, es decir, en la vida plena de Jesús resucitado, a partir de su muerte espera alcanzar la resurrección al final de los tiempos. Esta esperanza está puesta de manifiesto en la tapa del cinerario con una inscripción tomada de una de las últimas expresiones de la Biblia: “¡Ven, Señor Jesús!” (Apocalipsis 22,20).

“Si bien no se puede negar el dolor de la separación que conlleva toda muerte, la mirada de la fe muestra un nuevo sentido que hace ver a aquélla no como la última estación de la vida, sino como el paso hacia la vida plena, la vida del octavo día”, reflexionó el padre Panigo.



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