¿Quién dijo que de los segundos nadie se acuerda?

Un tal Angel Cappa

El técnico de Huracán ha sido, junto con el Vélez-equipo, el gran protagonista del Clausura.

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La felicidad de Cappa al ver una pelota de fútbol cerca suyo. Un técnico que, pese a salir segundo, no pasará desapercibido para el pueblo futbolero que lo respetará y pondrá en su verdadero lugar.

Fotos: Archivo El Litoral

Enrique Cruz (h)

“De los segundos, no se acuerda nadie”, reconoce el resultadista, pragmático y exitista ambiente del fútbol. Y hasta colocan a aquella “Naranja mecánica” holandesa de 1974 (segunda detrás de Alemania Federal en el Mundial) como la excepción que confirma la regla. Una pena que nos resignemos a admitirlo de esa manera, pues se cometerían tremendas injusticias. El Unión de 1979 fue segundo sin perder con ese River que parecía indestructible. Y fue campeón porque el “Pato” Fillol le tapó una pelota tremenda al “Loco” Stelhick, porque si en esa jugada se producía el gol de Unión, cambiaba totalmente la historia de un equipo al que hoy, todavía, el hincha tatengue recita de memoria. Y no es posible admitir que así sea por una situación totalmente fortuita como ese mano a mano o porque la AFA había establecido un reglamento poco entendible, en el que el gol de visitante (River lo marcó en Santa Fe) se lo consideraba “doble”. Ese equipo de Unión pasó a la historia tal como lo hicieron muchos que no fueron campeones.

Este hombre llamado Angel Cappa, de 62 años, un “vulgar” marcador de punta surgido de la Liga Bahiense, nacido en el barrio de Villa Mitre y exiliado en Madrid con la llegada de la dictadura militar, amigo y admirador de César Luis Menotti, técnico alterno de Jorge Valdano, coherente en sus ideas, en sus métodos y en su forma de sentir el fútbol, se quedó el domingo pasado sin corona. Pero todo el mundo futbolero de la Argentina habla de Huracán. Y está bien que así sea.

No se desvaloriza un Vélez diferente, más táctico quizás, más luchador, sin “tiki-tiki” ni lujos. Pero tampoco Huracán se desvanece en el lirismo que supone la idiosincrasia y el pensamiento de su creador. Es que ni Cappa ni Menotti ni ninguno de los que abogan por este estilo de juego, desmerece el orden, la necesidad de saber defender para recuperar la pelota, el trabajo —secundario pero trabajo al fin— para quitarle juego al rival.

Sus frases constituyen un verdadero decálogo de la vieja frase que apadrina al viejo y querido fútbol argentino: “hacer la nuestra”. ¿Cuál es la nuestra?, jugar bien, disfrutar de la estética, de la belleza, emocionarse adentro de una cancha y hacer emocionar a los de afuera, despertar gritos y aplausos surgidos de la espontaneidad y las ganas de descargarse ante tamaña demostración futbolera.

* “Mis equipos encarnan el romanticismo, la bohemia, el porteñismo, una forma de proponer el fútbol semejante a la vida”.

* “Los medios predominantes del fútbol son los que determinan el pensamiento de la gente. En el fútbol y en todo lo demás. Te forman una opinión. Pero también hay una paradoja: aparece Huracán, hace tres pases seguidos, y la gente se olvida de lo que le estuvieron diciendo los medios durante treinta años”.

* “Uno cumple las funciones de un maestro. Yo estoy con la pedagogía de Paulo Freire: el maestro no enseña nada, ayuda a aprender al alumno. Y yo también. Transmito lo que he aprendido de Menotti, de Erico, de Sastre, de Pedernera y de tantos maestros”.

* “Las gambetas no son de izquierda o de derecha. Pero se dice un fútbol de derecha a aquel fútbol especulador, al que sólo le interesa ganar, como al tipo al que sólo le interesa la guita y que no le importa el contenido. A la izquierda sí le interesa el contenido, la ilusión, la emoción. A la derecha no le importa la emoción, le importa ganar guita y punto. Y para ganar guita, destruyen el planeta, destruyen a la gente”.

* “Riquelme es uno de los mejores jugadores que yo vi en los últimos años. Y uno de los más rápidos junto con Laudrup, que era un gordito que si me corría a mí en aquella época del Real Madrid, por ahí salíamos parejos. Porque la velocidad en el fútbol es otra historia; es pausa. Si no hay pausa, no hay velocidad. Riquelme es pausa. Y es ver la jugada antes: mira, hace la pausa, pim, y te dejó solo. Esa es la velocidad”.

Cappa es reaccionario y sé que sus opiniones pueden despertar polémica y cuestionamientos. En la Argentina encuentra un receptáculo “ideal” para ser discutido. Estarán los “bilardistas” satisfechos y regocijantes por el título que se le negó a Cappa el domingo por la conjugación de tres factores: el mérito de Vélez, los inadmisibles errores de Brazenas, quien debiera recibir una sanción ejemplarizadora, y cierta falta de inteligencia de su equipo en momentos clave.

Los “bilardistas” deberán entender que los mejores equipos de Bilardo no se metían atrás, no hacían trampa, no jugaban sólo con el error del rival, no especulaban en demasía. Ese Estudiantes de Ponce-Russo-Trobbiani-Sabella metía un “tiki-tiki” parecido al Huracán de Bolatti-Pastore-Defederico. Y en la selección del “86, Maradona estuvo rodeado por jugadores de buen pie (¿o alguien se olvida de que en ese equipo estaban Borghi, Bochini, Trobbiani, Tapia, Burruchaga, etcétera?).

Es un buen técnico Cappa. Saludable para el fútbol argentino. Equivocado una sola vez, se le “escapó la tortuga” cuando criticó duramente a Colón y lo tildó de ultra-defensivo el día que los sabaleros ganaron en Parque Patricios con el gol de Alfredo Ramírez. Le ganó bien Colón. Y el Turco se lo avisó durante la semana: “Angel, mire que va a ser un campo minado el Ducó. Van a explotar las bombas”. Y fue así nomás. Mohamed le propuso un partido táctico, de mucha marca en el medio, mucha presión. Y a Huracán no le gustó demasiado aquélla propuesta y terminó inclinándose ante un equipo que le ganó bien. Pero Cappa no lo reconoció. Fue la única vez que don Angel se equivocó.

CUANDO BABINGTON SE SENTÓ A NEGOCIAR CON CAPPA, DICEN QUE EL TÉCNICO LE DIJO AL PRESIDENTE QUE EL CONTRATO CONTEMPLE SÓLO UN PREMIO POR SALIR CAMPEÓN. BABINGTON LO MIRÓ ASOMBRADO