Por el crimen de Prada
De boliche en boliche
José Luis Pagés
Gustavo Ariel Farias (33), el hombre que llegó del sur con el proyecto de instalar una lujosa confitería bailable en calle Mendoza a metros de avenida Freyre, es el mismo que fue capturado al cabo de una espectacular persecución policial, el último viernes.
El empresario de la noche, era al mismo tiempo uno de los tres santafesinos que contaban con un pedido de captura de la Justicia fueguina por la muerte de Claudio Omar Prada, crimen de características mafiosas consumado en Ushuaia un mes atrás.
El conductor del VW rojo que perseguido por los patrulleros dejó a su acompañante -una mujer que cargaba con un chico en brazos-, en algún punto del camino y que abandonó su automóvil en calle 4 de Enero y Psje. Cervantes, reapareció después, con los brazos en alto, en la puerta de una obra en construcción donde buscó refugio.
Entonces seguramente nadie reconoció en ese hombre de rasgos duros y cabeza rapada al muchacho de 19 años que el 30 de marzo de 1995 fue apresado por los agentes de la URI que investigaban el alevoso asesinato del joven oficial Gustavo Denis Spontón en calle Ricardo Aldao, a escasa distancia de la avenida Aristóbulo del Valle.
El malogrado oficial, vecino de Malabrigo y sobrino del jefe de la policía provincial Urbano Nilo Spontón, se había recibido en la Escuela de Policía de Rosario y, cuando a los 24 años un disparo lo alcanzó en el cuello, se desempeñaba como oficial de Patrulla del Comando Radioléctrico.
Paradójicamente, quien ahora invertía sus esfuerzos en levantar una de las confiterías y salón de fiestas más importantes de la región, se desgració con la Justicia porque 14 años atrás el oficial Spontón le negó el acceso a la confitería Acrópolis.
Fue por ese “verdugueo” que Farias y tres de sus amigos -uno de ellos ya contaba con antecedentes por tráfico de drogas-, decidió vengarse de Spontón, quien días después y cuando estaba franco de servicio cruzó al paso de la patota.
Entonces los muchachos rodearon al policía y le aplicaron en el cuello el cañón de un revólver. Spontón, en medio de una burla sangrienta, cayó mortalmente herido cuando por tercera vez accionado, el percutor del arma dio en el fulminante y un proyectil salió disparado.
Gustavo Ariel Farias fue detenido y, llevado a la Justicia, quedó bajo proceso porque a mediados de abril fue hallado autor penalmente responsable por el delito de homicidio doblemente calificado y en concurso premeditado de dos o más personas, según resolvió el instructor, el Dr. Carlos Ferrero.
De allí en más distintos pasajes de la accidentada vida de Farias pueden rastrearse en los Tribunales santafesinos, pero también en los tribunales federales de Santa Fe, Chaco y Corrientes. La última causa que involucró a Farias fue por robo calificado y de ella resultó una condena a cinco años de prisión que habría de vencer en octubre de 2006.
Ahora, la juez que investiga el caso Prada -¿también empresario fueguino?- pide su detención por su presunta responsabilidad en ese episodio criminal, además de la captura de un familiar y un amigo santafesino cuya historia sería más turbulenta, todavía.




