Incorporar el universo

“El banquete”, grabado de Sergio Sergi.
Incorporar el universo ![]() “El banquete”, grabado de Sergio Sergi. Por Stella Alvarado “Comer con la mirada”. compilación de textos de Esther Andradi. Desde la Gente, Buenos Aires, 2009. La palabra se vuelve carne y habita entre nosotros, predicó San Juan. Se comen palabras. Se devora a quien se ama. Los elementos vitales y culturales en manos de las mujeres, desplegando un saber ancestral, nutricional en nuestra vida. Comida y escritura: nutrientes acciones que un linaje de escritores ha rescatado en estos textos. En cada rito narrado, hay fragmentos de un pasado, una memoria, reconocibles. Ritos que se cumplen mediante el acto de comer -o la prohibición de comer- determinados alimentos. Bellini, en su magnífica obra “El festín de los dioses”, donde los dioses del Olimpo rinden especial homenaje a la comida, nos remite a episodios del Fasti de Ovidio. Como contrapartida, el cineasta neorrealista Marco Ferreri representa en “La gran comilona” otra faceta del acto de comer: cuatro amigos que han creado un club de gourmets deciden suicidarse comiendo para liberarse de una vida que parece haber perdido todo propósito. Empiezan así unas comidas suculentas y copiosas. Todos, y por distintas circunstancias, mueren comiendo, entre los ladridos de los perros y los mozos de la carnicería que siguen trayendo comida. La incorporación del alimento que se produce en una ceremonia religiosa es identificarse con una palabra, una frase. Las reglas alimentarias poseen un efecto moral y psicológico. De hecho, las plegarias y los rituales alimentarios han ido sustituyendo los sacrificios. El acto de comer el alimento-palabra durante el rito, constituye el momento fundador del sentimiento de grupo; demuestra la existencia de un vínculo estrecho entre la oralidad y la relación con el saber, entre el alimento del hombre y los textos que con él se traga. En castellano decimos “tragarse un libro”. La relación del verbo con el alimento es paradigmática en las culturas de oriente. Es tabú comer del fruto prohibido, el que abre las puertas del conocimiento, del discernimiento entre el Bien y el Mal. La vinculación del alimento con los momentos más trascendentes de la vida cotidiana, su relación con el deber de la hospitalidad, representa el más significativo de los signos. No se puede analizar culturalmente el alimento en todas sus vertientes, sin dar cuenta del nexo de unión entre éste y el ser humano y sobre todo, con su elemento femenino. La comida está íntimamente ligada a la mujer, a los rituales que acompañan las diversas fases de su vida, a su esencia femenina. Ciertos platos se convierten en elementos de un ritual como símbolo de algo intangible, parte visible de algo que pertenece a una visión espiritual del mundo, algo que se aleja de una interpretación puramente natural de los fenómenos de la vida humana. Otra dimensión de las expresiones culturales es la de la circulación de la energía material que se vuelve espiritual en esa comida que ingerimos por la boca y que nutre nuestra mente, nuestros sentimientos, nuestra producción humana y también, las ofrendas a los difuntos: porque también el mundo culinario circula alrededor de la muerte: en Centroamérica se practica la ceremonia del choro, celebración última luego de la muerte. Comer con la mirada es un homenaje a las comidas de este mundo. Con la letra de lo mínimo y la premura de lo excelso, la madre en la memoria y un hambre de nostalgias y obsesiones, se fue armando este banquete literario donde Esther Andradi, a manera de anfitriona, nos invita a degustar los placeres de la letra escrita. |

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