Edición del Lunes 27 de julio de 2009

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"Nunca me perdoné haber dejado que el Indio viajase" - Deportes | Fixture | Resultados Deportes

Aquel accidente que le costó la vida a Hernán Solari en el mejor momento de su carrera...

“Nunca me perdoné haber

dejado que el Indio viajase”

El recuerdo de Héctor Varisco para el amigo que murió horas después de hacerle un gol a Colón en un clásico.

Juan Manuel Sánchez

(Especial para El Litoral)

Héctor Iván Varisco llegó a Unión en 1989. Por vivir juntos en el mismo departamento, sumado a las horas de entrenamientos, Hernán René Solari se convirtió en uno de sus mejores amigos. Por mucho tiempo, Varisco, estuvo enojado con él mismo por no poder convencer a Solari que se quede a festejar en Santa Fe luego del clásico de 1993 y no se vuelva a su pueblo.

Aquél sábado 23 de marzo de ese año era especial para Santa Fe, una nueva edición del clásico paralizaba a la ciudad. A las 19, televisado para todo el país, Colón buscaba seguir siendo el puntero del Nacional B, campeonato que peleaba junto a Banfield; y Unión, aquél equipo de Hilario Bravi, no llegaba al Cementerio en las mejores condiciones futbolísticas, no era buena la campaña y un empate significaría un triunfo para el tatengue.

“A Colón íbamos a poner la cabeza. Veníamos muy mal, estábamos en una época de transición y después de mucho tiempo los juveniles del club teníamos la posibilidad de jugar, yo esperé dos años en el banco hasta que fui titular y el “Indio’, después de tanto luchar, parecía que encontraba su lugar”, contó Varisco.

“Llegué al club en 1989, ahí ya estaba Solari, él venía trabajando desde hacía varios años en las inferiores y el club me mandó a vivir a un departamento con Palet, Eduardo Magnín, el Flaco Saiz y el Indio, así comenzó nuestra amistad, compartíamos muchas cosas juntos todo el día, éramos todos juveniles y una época dura porque nos costaba llegar. En ese tiempo, por más que uno tenía condiciones futbolísticas, en el club era difícil confiar en los chicos de las inferiores”, cuenta Varisco, hoy radicado en Esperanza.

“Le faltaba carácter”

“El Indio era un chico tímido, le costaba mucho entrar en confianza, no era de hablar demasiado, pero muy alegre cuando salíamos todos juntos. Incluso, para el fútbol le faltaba personalidad, era un muy buen jugador y un proyecto serio, pero le faltaba más carácter y eso fue algo que lo demoró para llegar a la primera. No te olvides que Solari venía de un pequeño pueblo (Ingeniero Chanourdie, al norte de Santa Fe), no era fácil para él, en Santa Fe estaba solo y ese desarraigo lo sufría. Su familia era humilde y no podían viajar a Santa Fe a visitarlo, siempre vivió en la pensión, tenía que llevarse la comida, todo le costaba el doble. Y lamentablemente, cuando comenzaron a confiar en sus condiciones, Bravi lo consolida en la primera, con posibilidad de contrato, hace el gol en el clásico y le pasa esa misma noche lo del accidente. No entiendo por qué después de tanto sacrificio, no pudo disfrutar nada”, señala Varisco.

“Eramos punto total”

El verano ya se había despedido de Santa Fe, era el primer fin de semana de otoño en la ciudad, pero el calor se sentía. 138.639 pesos fue la recaudación obtenida en esa novena fecha, en la que jugaban Colón-Unión con el arbitraje de Francisco Lamolina.

“Nadie hablaba de nosotros, éramos punto total en ese partido y la verdad que fue el mejor que hicimos en ese campeonato, para mi gusto merecimos ganarlo. El “Indio” hizo el gol para nosotros, y Cincunegui me empató a poco de terminar, ¡con un taco increíble! En el entretiempo me acuerdo que le pedí más al Indio, yo a él siempre le exigía porque sabía todo lo que tenía para dar, y me decía “tranquilo que lo ganamos, estamos jugando bien”.

“Se quería ir”

Pasadas las 21 de aquel sábado 23 de marzo, los hinchas de Colón festejaban más que su eterno rival el empate, un agónico gol de Maximiliano Cincunegui había ahogado el festejo tatengue. Pero en la intimidad del vestuario visitante, la alegría por aquella tarde era inmensa. “Era claro, íbamos a poner la cabeza en el clásico, veníamos mal, casi lo ganamos, estábamos muy contentos, habíamos jugado muy bien. El Indio estaba feliz, su gol era el premio a tanto sacrificio de años. Era un plantel plagado de jóvenes, nos pusimos de acuerdo esa noche para ir a cenar todos juntos y después salir a bailar para festejar. Hernán era muy pegado a su familia y pese a que le dijimos que se quedara para festejar con todos nosotros, él quiso volver a su pueblo, a festejar con los suyos, con su familia, era desesperación que tenía por irse a Chanourdie. Su felicidad quería compartirla con quienes lo habían acompañado durante todos sus años de sacrificio. Creo que ni habló con los periodistas cuando terminó el partido, estaba apurado por irse”.

Aquella noche, el plantel de Unión festejó con una cena y horas más tarde comenzaron a caminar rumbo a algún boliche nocturno para continuar con el festejo de la hazaña, aquellas primeras horas del domingo ya no serían las mismas para el fútbol de Santa Fe. Hernán Solari comenzaba su viaje a su pueblo natal para encontrarse con toda su familia en un Peugeot 504. Junto a su compañero Alvarez (jugó de 4 ese partido) viajaron juntos hasta Reconquista, allí se encontró con un primo que estaba en un boliche, no quería quedarse y le pidió por favor irse a Chanourdie y salieron en busca de un amigo que los esperaba en una estación de servicio. Kilómetros más adelante y cuando la alegría del “Indio” era aún mayor porque llegaba para encontrarse con sus seres queridos, un accidente de tránsito en la ruta no supo de reconocimientos a tanto sacrificio y le quitó la vida.

“No me podían encontrar por ningún lado para avisarme, Eduardo (Magnín) se había enterado a eso de las 8 de la mañana y desde ahí me buscaba para darme la noticia, cerca del mediodía me enteré y no lo podía creer. Nos juntamos en el Hotel Zabaleta, donde concentrábamos, y en colectivo fuimos a despedirlo. Pude verlo cuando lo velaban y mirarlo a los ojos, le dije algo que quedará siempre en mi intimidad... Verlo ahí, era increíble... ¡Estaba tan feliz en el vestuario! El festejó el gol mirando al cielo, a lo mejor ése era su destino... Por mucho tiempo estuve enojado con él porque no quiso quedarse a festejar con nosotros. Estuve enojado conmigo mismo por no poderlo convencer de que no se vaya a su pueblo esa noche y saliéramos juntos, fue un enojo raro. Por mucho tiempo me culpé de lo que pasó porque entendía que yo lo había dejado ir”.

Aquel plantel de Unión había sufrido la pérdida de un compañero, a los pocos días volvía a jugar con Central Córdoba de Rosario, Varisco entiende que ese hecho los unió mucho más como grupo humano y tuvieron una levantada futbolística pese a que la campaña terminó siendo mala, sumado a los hechos de violencia que sufrieron con la barrabrava. “Fue durísimo volver a entrenar sin Hernán. Muchas veces pasaba que ocurría alguna jugada y yo pensaba cómo habría terminado con el Indio en la cancha”.

Tiempo después Héctor Iván Varisco continuaría su carrera profesional en Chaco for Ever y aprovecharía sus viajes a Resistencia para pasar por Ingeniero Chanourdie y saludar a su gran amigo en la tumba. Aquella noticia entristeció a todo Santa Fe, no hubo distinción de camisetas, todos sintieron con dolor la partida de aquel sacrificado joven que decidió viajar a la eternidad cuando, de manera desesperada, buscaba irse a festejar con su familia el momento de gloria que llamaba a su puerta...

“Nunca me perdoné haber dejado que el Indio viajase”

De pie: Leguizamón, Catinot, Varisco, Alvarez, Fernando Brandt y Magnín. Agachados: Andrada, Llane, Dante Fernández, Solari y Ruffini. Imagen póstuma del Indio. Fue al atardecer del día previo al de su muerte, antes de un clásico donde hizo el gol de Unión.

Foto: Archivo El Litoral

2.jpg

La foto que inmortalizó al Indio, quien festejó así, de rodillas y mirando al cielo, ese gol ante Colón en el Centenario.

Foto: Archivo El Litoral

/// análisis

¿Por qué el apuro Indio?

Enrique Cruz (h)

Eran los viejos vestuarios de la cancha de Colón, los que están debajo de la tribuna oeste y a los que se accede a través del túnel. El Indio fue uno de los primeros en salir. No había tanta prensa, en aquel momento, más allá de tratarse de un clásico. El Indio se recostó en el marco de una de las puertas de ingreso al recinto y aguardó que su amigo Héctor Álvarez, el marcador de punta, terminase de bañarse.

Se quería ir el Indio... Recuerdo haber charlado dos palabras del partido con él. Y también recuerdo que me contó de sus ansias de partir rápidamente a Ingeniero Chanourdie.

Todo lo que pasó es historia conocida. La llegada a Reconquista con Álvarez, el cambio de coche para seguir viaje, el paso por una estación de servicio para “levantar” a otro conocido que le haría compañía en el regreso al amigo del Indio, y la muerte que estaba esperando a los tres muchachos en ese trayecto final hacia la casa natal de Hernán en el tranquilo pueblo santafesino, por culpa del maldito humo que quitó visibilidad.

Tiempo después visité Ingeniero Chanourdie y la casa de Solari. Fue todo conmovedor. Desde los rostros vencidos por el dolor de sus padres, las fotos del Indio, algunos amigos que contaban anécdotas y titubeaban con sus labios al hablar de este pibe que empezaba a ganarse el corazón y el reconocimiento del gran pueblo tatengue, luego de haber sufrido, también en silencio, como siempre, algunas muestras de reprobación en sus comienzos.

Se fue el Indio una madrugada, justo después de hacer un gol en un clásico, justo en el momento en que empezaba a ser uno de los más queridos de la hinchada, justo cuando asomaba a la vida y tenía todo por hacer. Se fue el Indio, y dejó una tristeza que el tiempo no borra.



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