Con dirección de Rubén Szuchmacher

Alfredo Alcón es el Rey Lear

Con el estreno de la obra de William Shakespare se abrió la programación del Nuevo Teatro Apolo de Capital Federal.

Leonor Soria

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Alfredo Alcón encarna al protagonista de “Rey Lear” de Shakespeare, personaje que marca el pináculo en la carrera de un actor, en el inicio de la programación del recién inaugurado Nuevo Teatro Apolo -ex Lorange- ubicado en Corrientes 1382, con puesta en escena y dirección de Rubén Szuchmacher.

“Creo que tanto para el público como para los actores las grandes obras son como ejercicios de humillación, uno tan arriba no llega nunca, pero el esfuerzo por llegar nos hace crecer”, declaró el actor a Télam. Recientemente Alcón interpretó a Rey Lear en el Centro Dramático Nacional de España, con dirección de Gerardo Buera, y a pesar del éxito logrado considera esta versión como una nueva aventura completamente diferente.

Alcón subrayó que “no me acuerdo qué es lo que hice porque ahora son otros los actores. En el escenario se establece un diálogo y las misma preguntas dirigidas a otra persona van a tener una respuesta distinta, aunque la base sea ese cuento que querés contar”.

Ferviente entusiasta de la dramaturgia shakesperiana, Alcón desde hace mucho tiempo ha frecuentado la lectura de la obra, “me confundo y si alguien me dijera “estás inventando, no la hiciste en España’, yo dudaría”, confesó.

El ensayo, una odisea

El proceso de ensayo suele ser una odisea en busca del personaje y en el camino suele haber recodos y encrucijadas. El actor lo considera semejante a la presentación de una sinfonía en la que antes de comenzar la ejecución los músicos buscan afinar el instrumento.

“Tenía ideas y sensaciones similares a las que se tienen cuando se lee una novela, pero que no tienen una forma concreta -explicó-. Durante los ensayos se va logrando una de las formas posibles porque cuanto más rica es la obra hay más posibilidades. Por eso en cada época, cada actor o cada director le encuentra una resonancia distinta.

“En Londres -ejemplificó- es común que se hagan dos o tres Hamlet simultáneamente y a nadie se le ocurre comparar uno con otro, porque esa inmensidad produce en cada uno una resonancia distinta. Un actor ilumina una parte del personaje y otro se vuelca a otra.

“Yo creo que en cuanto uno quiere ponerle una forma -agregó-, es como querer razonar el misterio. Hay que trabajar en los ensayos pero no olvidarse que es un misterio. En la búsqueda de un personaje la clave está en descubrir la médula que le da razón de ser”.

El centro del corazón

En la opinión de Alcón, “lo que impresiona en “Rey Lear’ es la necesidad que tenemos todos de ser el centro del corazón de quien amamos”. Al comenzar la obra “Lear le dice a sus hijas que la que lo quiera más va a recibir la mayor parte de su reino. Todas le mienten pero la que realmente lo ama y lo respeta le dice que el día que me case también va a querer a sus hijos y a su marido. Lear no puede entender eso porque está en un estado y un tiempo mental que se lo impide. Por eso el loco le dice “qué lástima que fuiste viejo antes de ser sabio’”.

“Por eso uno se siente ligado a Lear -afirmó-, porque uno huele que eso que le pasa a él nos pasa a todos, quizá de una manera menos teatral, pero sabemos de qué está hablando. También la obra habla de que con el amor no basta -agregó-, porque hay dos seres que se aman y cuando se acercan ya es tarde. Si bastara con amar la vida sería muy fácil.

“Rey Lear no tiene nada que ver conmigo -subrayó-, pero somos nosotros, hay una parte de él en cada uno, por eso son obras tan ricas porque no hablan de individualidades. Lo que asombra, conciente o inconcientemente, es que el Rey Lear somos nosotros, hay algo en él que tiene que ver con cada uno de nosotros”.

Finalmente sostuvo que “eEl elenco que acompaña a Alfredo Alcón en “Rey Lear” con puesta en escena y dirección de Rubén Szuchmacher, incluye los nombres de Joaquín Furriel, Juan Gil Navarro y Roberto Carnaghi, entre otros.

Las funciones tienen lugar los miércoles y jueves a las 20.30, viernes a las 21, sábados a las 20 y 23 y domingos a las 20.

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Buscar colores para pintar el arte

Alfredo Alcón, acostumbrado a los grandes clásicos del teatro universal, reconoció el riesgo de quedar apegado al personaje al punto de confundir ficción y realidad.

“Los actores que se transforman y creen que son Otelo y matan a la mujer -ejemplificó el actor- me hacen pensar que desde antes ya tendrían ganas de matarla. Eso no tiene nada que ver con el arte, es enfermedad”.

No obstante es cierto que el actor es su propia materia prima y trabaja con sus emociones pero cuando está actuando, aún en el momento de clímax, hay una parte de él mismo que está manejando la situación, que lo está conduciendo.

“Es como el pintor que elige dónde pone el azul y dónde pone el verde, siempre hay razones más o menos precisas aunque no se puedan enunciar claramente”, sostuvo.

La conjunción que se produce en cada función entre el público y los actores hace que no se pueda hablar de repetición como muchos sostienen. “Cada función es distinta -aseguró el actor-, nunca se repite, porque el público no es el mismo y uno tampoco, aunque digas el mismo texto. Gracias a Dios que es así porque si no seríamos sólidos y uno es líquido que fluye y una palabra o una mirada nos modifica”.

“Cada maestrito con su librito”, dice el refrán y el modo de Alcón de abordar cada obra resulta siempre interesante. “Yo leo continuamente el texto -sostuvo-; todos los días antes de la función vuelvo a leer la obra porque es la partitura de donde salen los colores que a lo mejor esa noche aparecen en la función, es un alimento para mí. Además -acotó-, para estudiar la letra la escribo para descubrir con claridad la arquitectura con la que el autor escribió su pensamiento”.

Fue precisamente un diálogo inesperado con Berta Singerman quien le abrió nuevas posibilidades para abordar un texto.

Singerman, quien llenaba estadios para escucharla decir poesía se ofreció para contarle algunos de sus secretos. “Si le sirven los usa, si no le sirven puede romperlo como a una carta de amor”, le dijo la última de las grandes divas.

“Cuando tenga un poema -sugirió la Singerman- léalo sin poner voz de actor, ni de recitador, sin ninguna emoción previa. Vea la construcción: si usted respeta dónde va la coma, cómo es de larga la frase, usted va a obtener una respiración y al tener la respiración tiene el estado, el sentimiento del que se puede partir.

“Cuando el actor tiene la respiración de una escena tiene la escena hecha, ya está resuelta -afirmó-. Cada estado tiene una respiración. En los ensayos uso el texto como desencadenador de los estados, después los compañeros y el director te van alimentando”.

Con respecto a la dirección de actores fue también preciso y terminante: “no me gustan los directores que creen que lo saben todo y uno tiene que acceder en tres meses a su sabiduría”.

“Me gustan los que me llamaron porque cuentan con mi imaginación, que no quieren que lo haga como ellos lo imaginaron en el living -declaró finalmente-. Porque cuando se recibe la mirada de otro actor que no estaba en el living, se derrumba toda teoría y uno se enfrenta a algo que no había imaginado”.

Alfredo Alcón es el Rey Lear

“Creo que tanto para el público como para los actores, las grandes obras son como ejercicios de humillación”, sostiene el gran actor, aquí en la platea del nuevo teatro.

Foto: Télam