Elecciones en pie de guerra
Los afganos votarán el jueves para elegir por segunda vez en su historia a su presidente, tras una campaña que se llevó a cabo bajo los atentados talibanes y que estuvo marcada por los duros cuestionamientos al mandatario saliente y candidato a la reelección Hamid Karzai.
Karzai parte como favorito, pero los analistas no descartan que necesite un segundo turno para ser reelegido ante la buena campaña realizada por su principal rival, el ex ministro de Relaciones Exteriores Abdulá Abdulá.
Unos 17 millones de afganos podrán ejercer su derecho de voto, en unos comicios en los que también elegirán a los 420 representantes de los consejos de las 34 provincias.
Un total de 300.000 hombres -entre fuerzas afganas e internacionales- estarán movilizados en la jornada electoral, que se desarrollará bajo alta tensión tras la amenaza proferida el domingo por los talibanes de atacar las oficinas de voto.
Los islamistas consideran los comicios como “una patraña orquestada por los estadounidenses”, que lideran la coalición internacional que los expulsó del poder a finales de 2001.
El 15 de agosto pusieron en jaque a las autoridades afganas y a las fuerzas internacionales al cometer un atentado suicida contra el cuartel general de la Otan, en pleno centro de Kabul, que causó siete muertos y 91 heridos.
Y hoy un atentado mató a por lo menos siete civiles afganos y a un número aún sin precisar de soldados de la Otan.
Los rebeldes han ganado terreno desde hace tres años y ejercen una influencia más o menos grande en casi la mitad de Afganistán, donde la violencia ha alcanzado niveles récord, según los observadores.
La Comisión Electoral señaló la semana pasada que cerca de un 12% de las 7.000 oficinas de voto podrían permanecer cerradas el jueves a causa de la inseguridad.
Los observadores temen además fraudes, sobre todo en las regiones más aisladas.
Karzai, instalado en el poder en 2001 por la coalición liderada por Estados Unidos, logró ganar, con el apoyo de Washington, la primera elección presidencial democrática realizada en Afganistán en 2004, con un 55,4% de los votos en la primera vuelta.
Ahora se presenta como el candidato favorito, pese a sondeos que lo dan a la baja debido al aumento de la violencia y a la parálisis de la economía.
Sus rivales también le reprochan no haber acabado con el tráfico de opio con el que los talibanes financian su insurrección. Del sur de Afganistán procede el 90% de la producción mundial de esa droga.