Edición del Sábado 22 de agosto de 2009

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XVII Congreso de Aapresid

El desafío es el “ecoprogreso”

El objetivo fue debatir un modelo productivo que agregue valor, rentabilidad y sustentabilidad ambiental al campo argentino, en el contexto de la creciente demanda alimentaria global.

El desafío es el “ecoprogreso”

Gastón Neffen

gneffen@ellitoral.com

Enviado Especial a Rosario

El XVII Congreso anual de Aapresid se pensó a partir de dos ejes estratégicos: “ecoprogreso” y desarrollo sustentable. El desafío que atravesó todo el evento podría resumirse en el imperativo económico y ambiental de producir más alimentos conservando y mejorando las características agroecológicas del suelo y de los recursos hídricos.

Esta claro que no es una meta sencilla, sobre todo en una coyuntura productiva que aún está jaqueada por la sequía, la crisis global y un contexto político que, como mínimo, es “confrontativo” en relación a las políticas que reclama el sector agroindustrial.

Pero aquí el objetivo fue levantar la cabeza y mirar el mediano y el largo plazo, para trabajar en el consenso de un modelo productivo que agregue valor, rentabilidad y sustentabilidad ambiental y social a la producción del campo argentino.

Atender las responsabilidades

En la apertura oficial, el miércoles a la noche, el presidente de Aapresid, Gastón Fernández Palma, afirmó: “la idea es lograr un acuerdo entre la sociedad, las empresas y las instituciones y ya no más una antinomia entre el progreso económico y la ecología”. Atentamente, lo escuchaban el gobernador Hermes Binner, el intendente de Rosario, Miguel Lifshitz, y el presidente del INTA Carlos Paz. También dijo que estaba dispuesto a que las prácticas agrícolas de los productores en siembra directa sean auditadas socialmente.

Binner insistió en que el país debe definir un programa nacional agropecuario. “La Argentina necesita tiempo para salir adelante, pero tenemos que tener un plan, con etapas y objetivos claros”, reclamó. El gobernador lo piensa como un eje de desarrollo que sintetice los adelantos técnicos y productivos de las últimas décadas.

Fue lo mismo que comentó Fernando Vilella, director del programa de Agronegocios (Facultad de Agronomía de la UBA), en el comienzo de su disertación. “La Argentina hace muchos años que no tiene explicitado un plan estratégico agroindustrial”. Para el académico, la presión demográfica y la necesidad de alimentos- crecerá sostenidamente, “especialmente en ambientes pobres y marginados”.

Por eso es que el país necesita “afinar” sus potencialidades productivas. Fernández Palma recordó que la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) sostiene que Brasil, India y la Argentina deberían liderar el comercio agrícola en las próximas décadas. El intendente de Rosario, Miguel Lifshitz retomó ese concepto: “El país tiene la responsabilidad de convertirse en un gran productor de alimentos con valor agregado”, sostuvo, y agregó que su ciudad se siente “la capital agropecuaria de la Argentina”.

“El desafío es no perder los próximos cien años”, dijo el rabino Sergio Bergman, que habló antes de la inauguración oficial. Además planteó que debemos “cosechar la república”. Es decir, reconstruir la institucionalidad, el rol del congreso y la participación ciudadana. Este es el pilar sobre el que luego se puede construir un modelo y un perfil productivo y ambiental. “Necesitamos respetarnos y tratarnos un poco mejor”, afirmó. También dijo que hay que terminar con la inequidad social. “Este es un país rico que está lleno de pobres, nos tenemos que asumir como un país miserable”, concluyó.

Agua, divino tesoro

En lo técnico una de las prioridades es generar más alimentos con menos agua. “Ya no vamos a poder manejar este recurso como en los dos últimos siglos”, adelantó Fernández Palma. Este fue el motivo para que se desarrollara un “Simposio internacional del agua” en el marco del congreso. En este espacio se debatió sobre los aportes que puede hacer la biotecnología para los ambientes de déficit hídrico, un escenario climático difícil, con el que los productores santafesinos vienen luchando desde hace dos años (y casi cuatro en el norte de la provincia).

Maíces resistentes a sequía, manejo integral de agua en sistemas intensivos de producción, pautas para aprovechar las napas y el uso del agua en la agricultura, fueron algunas de las cuestiones que se analizaron con cuidado.

En esta edición, Aapresid volvió a dedicar un espacio importante a la Agricultura Certificada (AC). Que se define como un modelo de gestión agronómica que captura el valor agregado de la siembra directa, que ya ocupa el 70 por ciento de la superficie cultivable en el país.

“La AC es una forma de probar que se están haciendo bien las cosas desde lo productivo y desde lo ambiental”, aseguró Fernández Palma. Es una manera de “certificar” que se hacen rotaciones sustentables, que se incorporan cultivos de cobertura, que se manejan en forma integrada los insectos, las malezas y las enfermedades, y que se reponen los nutrientes.

Deudas y desafíos

En muchos casos, las buenas prácticas agrícolas todavía son una asignatura pendiente y un desafío para los próximos años. En el congreso se presentaron varios ejemplos de productores que están trabajando exitosamente con este modelo de gestión. Pero en muchas regiones la sustentabilidad todavía es frágil.

Lo reconoció el asesor privado Martín Sánchez (en el panel sobre cultivos invernales) cuando contó que en su zona sudeste de Córdoba- el 70 por ciento de los lotes no se están trabajando con las rotaciones y los criterios recomendados, a pesar de que en el mediano plazo es más rentable y sustentable. “La rotación y la fertilización son herramientas importantes para la construcción de mejores ambientes, nosotros estamos cosechando más que hace diez años y vamos a seguir mejorando”, adelantó Sánchez.

Como conclusión, este nuevo congreso de Aapresid ratificó que la Argentina, y la provincia de Santa Fe, tienen una enorme oportunidad mundial para desarrollar su perfil agroindustrial. La forma más sensata de aprovecharla es con sustentabilidad económica, social y ambiental. Se trata de consensuar un proyecto, definir metas, sostenerlas en el mediano plazo y salir para adelante. No sólo es importante para los argentinos, ser más eficientes en la producción de alimentos es una cuestión clave en la agenda global.


 

En muchas regiones la sustentabilidad todavía es frágil. En el sudeste cordobés el 70 % de los lotes no se están trabajando con las rotaciones y criterios recomendados.

 

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en relación

Víctor Trucco, fundador y presidente de Aapresid por 14 años, es una de las voces más escuchadas entre los miembros de la organización que agrupa a los productores en siembra directa de la Argentina.

Actualmente preside la Fundación Darse Cuenta, una especie de “desprendimiento” de Aapresid dedicado al desarrollo de ideas que sirvan de impulso para el progreso económico. En ese plano, el dirigente expresó —sin ningún tipo de rodeo— algunos conceptos sobre temas tan urticantes como el desempeño de la clase política argentina o los mitos sobre el glifosato.

El referente definió que Darse Cuenta es “comprender cómo funciona el mundo” y que esa debiera ser una actividad permanente. Cuando no ocurre de esa manera, la vida transcurre en una “parálisis paradigmática” como la que atraviesa la Argentina. El efecto conseguido es, por ejemplo, el fenomenal recorte de la cosecha agrícola que estuvo a punto de alcanzar las 100 millones de toneladas y hoy se encuentra “en caída libre”.

Vinculado a este y otros problemas, Trucco fue lapidario con la clase política. “Como la política tiene un compromiso muy fuerte con las elecciones se orienta a lo que la gente cree y no a cambiar lo que la gente cree”, disparó. Para graficarlo, mencionó cómo se utilizan las encuestas para acomodar el discurso electoral a lo que el electorado quiere escuchar, en lugar de pensar las soluciones reales que el pueblo requiere. “Y dicen “vamos a terminar con la pobreza’ o “vamos a mejorar la distribución del ingreso’ y cada vez tenemos más pobreza”, criticó.

También cuestionó la tendencia de la clase política a la “victimización” de los pobres, por medio de la cual se les niega el incentivo para que realcen la confianza, la autoestima e intenten el progreso personal en lugar de esperar la dádiva. “Eso no es ser bueno, porque a la persona la victimiza; y en realidad, para salir de la pobreza, hay que crear condiciones y ayudar a algunos, pero la fuerza más grande la tiene cada uno”, reflexionó.

Por otra parte, Trucco adjudicó las crecientes críticas por el uso de glifosato a una corriente ideológica que, obsesionada por enfrentarse con países o empresas, niega todo rigor científico en pos de su argumento. “Si se habla del glifosato, se habla del Round Up, se habla de Monsanto, se habla de EEUU... es un tema ideológico. Entonces atacás un producto para descalificar un sistema”. En ese sentido, opinó que para dar fuerza a esos argumentos se apela a cuestiones emocionales como fotos de malformaciones, pero se preguntó “¿dónde está la historia clínica de eso que estás viendo tiene que ver con el glifosato?”. Al respecto, aseguró que invitaron al investigador del CONICET Andrés Carrasco, que publicó un estudio en el que asegura que el glifosato tiene una altísima toxicidad, a exponer ante los productores pero rechazó la invitación.

Sin pelos en la lengua

 

“La AC es una forma de probar que se están haciendo bien las cosas desde lo productivo y ambiental”, aeguró Fernández Palma.

 
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Contacto permanente. El ex presidente de Aapresid y actual titular de la fundación Darse Cuenta, Víctor Trucco, fue uno de los referentes más solicitados. Foto: Juan Manuel Fernández

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Presentes. El Litoral y suplemento Campolitoral se mostraron en el congreso.

Foto: gastón neffen

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EN RELACIÓN

Los paneles técnicos

En el congreso se realizaron paneles específicos sobre trigo, maíz, soja, cultivos invernales y manejo integrado de plagas, entre otras cuestiones.

En el de trigo se analizó como intensificar la producción de este cultivo que se ha estancado a nivel mundial. Lo que se aconsejó fue estirar al máximo posible la etapa en la que crece la espiga para lograr más granos. También hay que cuidar los lotes de las virosis y bacteriosis que vienen haciendo estragos en muchas regiones.

En un año con sequía, la recomendación del panel de maíz fue atrasar la fecha de siembra (hacer maíz de segunda) para acumular más agua en la etapa de floración (que es crítica en los rindes). La fitopatóloga Margarita Sillón también alertó contra los hongos, que pudren raíces y tallos en condiciones de déficit hídrico.

En relación a la soja se explicó que una siembra temprana es clave para que en el período en el que se determina el número de granos haya mayor radiación solar y temperaturas óptimas.

También se analizó los aportes productivos de cultivos invernales alternativos como la colza, las arvejas y la cebada. La conclusión fue que pueden ser una muy buena herramienta productiva para diversificar y liberar el lote “en forma temprana” para una soja de segunda (también son muy buenos antecesores del maíz).

 



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