Una de las golpizas más tremendas del santafesino...

Irresponsabilidad de un referí

y un técnico en Copenhague

Hace poco más de 37 años, Monzón le daba una verdadera paliza a Tom Bogs.

Irresponsabilidad de un referí y un técnico en Copenhague

Una de las últimas imágenes de Carlos Monzón en el lugar en el que “vivió” gran parte de su vida: en un ring.

Foto: Archivo El Litoral

Tomás Rodríguez

(Especial para El Litoral)

Una semana antes de la iniciación de los tristemente célebres Juegos Olímpicos de Munich (Alemania), el campeón mundial de los medianos, Carlos Monzón, demostró la vigencia de su potencia y destruyó en Copenhague al danés Tom Bogs, propinándole una feroz golpiza.

Ello aconteció el 19 de agosto de 1972 (hace poco se cumplieron 37 años), en el Estadio Idraetsparken, de Copenhague (Dinamarca). Monzón triunfó por KOT en cinco asaltos al anfitrión, Tom Bogs, derribándolo tres veces, siendo árbitro el británico Harry Gibbs (contador, 50 años, casado, una hija, 15 años de juez internacional), con fallos polémicos debido a que con anterioridad no detuvo la desigual confrontación.

Quedó demostrado que pudo haber sido una tragedia por un árbitro increíble y un rincón inhumano. Monzón demostró su contrariedad, su enojo por seguir algo que no tenía sentido. No es la imagen del verdadero sentido de este deporte, pudo haber sido un crimen por la irresponsabilidad del referí Gibbs y el adiestrador ítalo-americano Al Silvani.

Hazaña de Colón

Cada vez que combatía Monzón, Colón conseguía resultados positivos, como el encuentro por la vigésima octava fecha del campeonato Metropolitano de 1972, venciendo en la Bombonera a Boca Juniors por 3 a 2, al día siguiente de aquella pelea.

Los tantos sabaleros fueron convertidos por José Luis Córdoba (17’), Daniel Borgna (54 ‘) y el misionero César Oscar Britez (87’); mientras, el cordobés Hugo Alberto “Tula” Curioni (32’) y Osvaldo Rubén “Patota” Potente (52’) anotaron para los xeneizes; dirigió Oscar Veiró y la recaudación trepó a 23.815,50 pesos.

Di Palma en Rafaela

En materia de automovilismo, Luis Rubén Di Palma consiguió su 15to. triunfo en Sport Prototipo, en la prueba disputada en el autódromo “Ciudad de Rafaela” y se perfilaba para obtener el segundo campeonato de la especialidad, demostrando además ser demoledor, incontenible y con un catálogo de perfecciones de esa disciplina deportiva.

En el Gran Premio de la Montaña, en Clase “C” consiguió una notable victoria Eduardo Rodríguez Canedo (Peugeot), casi un paseo durante las cuatro etapas, superando al cordobés José Cano, segundo y tercero resultó José Migliore. En la clase “A” y “B” se impuso Jorge Recalde (Renault), escoltado por Juan Rizzutto (Fiat 128) y Carlos Piazza (Fiat 128).

Consejos de Brusa

Monzón cumplió al pie de la letra los consejos de Brusa cuando dijo “vamos a jugar a la mancha”, en boxeo eso quiere decir, tocar, tocar y tocar y cuando llegue el momento, aplicar la derecha en contra. El rival le facilitó el trabajo al campeón porque salió a atacarlo y allí se definió el encuentro.

Tras dos asaltos iniciales parejos (Monzón recibió una herida por un cabezazo en el párpado izquierdo), en el tercero, de contragolpe, comenzó a definir, tres derechas del monarca se estrellaron en el pómulo izquierdo del retador. “Una más y se acaba”, gritó Brusa, pero le aclaró “espere, no vaya, la definición viene sola”.

La izquierda de Monzón hizo mucho daño, se debió haber parado el combate para impedir el castigo a Bogs. Monzón conectó hacia arriba y en forma ascendente la izquierda primero y luego la derecha, la caída fue estrepitosa, los ocho segundos no le alcanzaron al local para reponerse; un gancho de derecha y el danés otra vez en el tapiz, las piernas ni los reflejos le funcionaban.

Brusa le gritaba al juez, “¡pare la pelea!”; Lectoure lo tomaba de la camiseta a Amílcar para impedir que subiera al ring y descalificaran a Monzón y Juan Carlos Casal, el amigo del campeón radicado en Roma, le decía: “¡Carlos, quédate en el rincón!”.

Monzón lo empujó a Bogs, que cayó y no hubo conteo, se fue al rincón neutral. Cuando el danés fue otra vez hacia delante, un gancho de derecha más y el local cayó, con las rodillas, los puños y la cabeza mirando al tapiz, Gibs no inició el conteo y cuando el retador intentó abrazarlo, como pidiendo ayuda, fríamente se despegó de éste y levantó la mano del campeón.

25 triunfos consecutivos

Monzón no perdía desde el 9 de octubre de 1964 y con ésta trepaba a 25 peleas consecutivas que definía antes del límite. El monarca argentino se presentó con un pantalón de color negro, con vivos rojos e inscripciones publicitarias en el cinturón y en ambas piernas.

La entrada mínima (graderías populares) costaba 10 dólares y la máxima, rig-side, 70 de la moneda estadounidense. Cabe señalar que normalmente en Dinamarca los festivales tienen precios que oscilaban entre 6 y 20 dólares; aclarándose que el precio elevado fue debido a las características del espectáculo.

Elogios para “Escopeta”

Cuando concluyó la desigual pelea, todos hacían referencia a las condiciones, jerarquía, capacidad boxística y potencia del incomparable campeón mundial, Carlos Monzón.

El promotor italiano Rodolfo Sabatini dijo que “la imagen de (Carlos) Monzón se agranda cada vez más en Europa, puede ser un campeón que haga época como nadie aquí”, remarcó, para agregar “cálmese, Lectoure, no proteste por el arbitraje, si hubiese sido un argentino, la pelea terminaba antes y el público tendría motivos para protestar”.

El periodista dinamarqués Flemming Nielsen, con elogios hacia el pupilo de Brusa, reiteraba que “no existe en el mundo un hombre capaz de vencer a Carlos Monzón.

El cineasta Pier Paolo Pasolini, con evidente euforia, levantaba los brazos y a viva voz exclamaba: “Bravo, Carlos”. Se acercó a los periodistas argentinos presentes, abrazó a Tito Lectoure y le dijo: “Dígale al “Macho’ que quiero hacer una película con él de principal protagonista...”.

El árbitro alemán Rudolph Drust, dirigió el combate entre el natural de San Javier y Jean Claude Bouttier, sostuvo que “Monzón es un ejemplo de verdadero profesional, se prepara como un verdadero campeón. Además no se le puede ganar si no se tiene más potencia, es muy fuerte y un símbolo para la Argentina”.

El embajador de nuestro país en Dinamarca, Eduardo Pizarro Jones le comentaba a su par en Alemania, Enrique Ruíz Guiñazú, “Monzón es un campeón con mayúsculas, deja sentado bien alto los prestigios del deporte argentino en cualquier lugar del mundo”.

El promotor danés Mongens Pall informó a los periodistas que asistieron al festival boxístico 20.000 personas, dejando en boleterías la suma de dos millones y medio de coronas o sea unos 360 mil dólares. Descontando las bolsas de Monzón (U$S 110.000 libre de todo gravamen) y Bogs (12 mil dólares por todo concepto), además de los gastos de organización, se calculó que dejó una ganancia de 100 mil dólares.

82

meses

duró el reinado de Carlos Monzón, desde su consagración en Roma ante Benvenutti hasta el anuncio de su retiro del boxeo.

Al ritmo de “La Polonesa”

Al Hotel Plaza de Copenhague, Carlos “Escopeta” Monzón ingresó contento y feliz para celebrar la categórica victoria frente a Tom Bogs. Los propietarios saludaron a Tito Lectoure y le dijeron: “Señor, quisiéramos una foto con el fabuloso campeón del mundo”.

Un salón suntuoso, candelabros, tapices y la fantástica música interpretada por el piano de Frederic Francois Chopin, compositor y pianista polaco adscrito al movimiento romántico, considerado como uno de los más grandes compositores de la especialidad para piano. Nació el 4 de marzo de 1810 en Zelazowa Wola, cerca de Varsovia.

“La Polonesa” llegaba como fondo a la mesa donde se festejaba el notable triunfo del oriundo de San Javier. Conociendo al promotor argentino, nadie se asombraba del acontecimiento por los tapices, la porcelana, los cubiertos de plata y las copas de bacará.

Los periodistas que integraban la comitiva le preguntaron a Lectoure su opinión, a lo que respondió: “Ustedes vieron la pelea, ocurrió la cosa más simple del mundo, ganó el campeón”.

El responsable técnico de la campaña del monarca, el santafesino Brusa, lo sintetizó así: “Carlos Monzón es el mejor mediano de todos los tiempos. Es un monstruo”.

El Dr. Roberto Paladino le comentaba al Prof. Patricio Russo sobre la influencia que sobre Chopin ejerció el compositor de ópera italiano Vincenzo Bellini, también se puede apreciar en sus melodías. Las baladas, scherzos y estudios (cada uno de ellos centrado en un problema técnico específico) son muestra de su amplísima obra para piano solo.

La música, romántica y lírica, se caracteriza por las dulces y originales melodías, las refinadas armonías, los ritmos delicados y la belleza poética.

El médico del campeón, a pedido de los periodistas argentinos, se sentó al piano y comenzó a interpretar una serie de tangos, ante la alegría de los representantes de diarios, revistas, radioemisoras y televisión. Algunos lo acompañaban con su voz, demostrando su talento y también la pasión por la música popular de nuestro país.