Un triunfo tan formidable como inesperado
Brillante ingreso al Olimpo
Alejandro Galetto
Los sueños existen y son importantes. Nada es imposible para aquel que tiene objetivos y motivaciones concretas, de esas que despiertan la adrenalina hasta niveles altísimos. ¿Quién apostaba algo por Del Potro en esta final? Pocos. Tal vez (sacando a su familia y amigos) nadie. No porque el argentino no tuviera argumentos para convertirse en el campeón del US Open, sino por un montón de aristas extradeportivas que volcaban decididamente el favoritismo sobre el suizo Roger Federer. Otra vez Roger, que alcanzó esta final en su plenitud física y mental.
Mental. Ese aspecto terminó siendo decisivo en la historia final del encuentro. Porque si algo motorizó el juego del oriundo de Tandil en la tarde-noche del lunes en Flushing Meadows fue su aspecto anímico. Soportó estoico los embates del número 1 del mundo y salió a flote de momentos muy desfavorables con su tranquilidad, en rigor una serenidad que exaspera hasta a sus propios fans.
Juan Martín del Potro acaba de lograr algo inconmensurable. Es difícil poder cuantificar o medir esta victoria. Porque se produjo en uno de los torneos más esquivos no ya para los argentinos, sino para los tenistas latinoamericanos. Desde que Guillermo Vilas levantara el trofeo en el año 1977, ningún jugador masculino de nuestra región continental pudo emularlo (sí lo hizo Gabriela Sabatini, en el cuadro de Damas, en 1990). Y, nobleza obliga, “Willy” lo hizo sobre polvo de ladrillo, cuando el US todavía se disputaba en Forest Hills.
Para el infarto
El partido fue un verdadero muestrario de vaivenes que comenzó con un Federer absolutamente metido en el trámite, para pasar por arriba las ilusiones del argentino en el primer set. El helvético salió a presionar duramente a su rival, sabiendo que los nervios lo iban a atar. Así fue. Juan Martín tardó en soltar su brazo y prácticamente no pudo conectar golpes ganadores en la primera hora de partido.
El segundo parcial comenzó con la misma tónica. Roger apretando y quebrando muy rápido a Del Potro, y las acciones que se encaminaban a una lógica victoria del mejor tenista de todos los tiempos. Pero apareció el punto más alto del juego del tandilense: su fortaleza mental.
Se repuso de los errores, del quiebre en contra y del avasallante tenis de su rival y llevó la definición al desempate, el que ganó de manera brillante. ¿Le ganó un tie break a Federer? Sí. La historia ya era distinta.
Enfocado
Juan Martín ya estaba definitivamente en partido. Los peloteos eran parejos y empezó a hacer funcionar su golpe más temido: la derecha invertida. Sin embargo, su oponente sacó la chapa y entre aciertos propios y errores ajenos (generalmente forzados) se puso arriba otra vez en el marcador. ¿Y ahora?
Y ahora la cosa siguió igual. El argentino salió con todo a jugarse por estirar la final a un quinto set, lo que por sí solo era un dato fantástico para un jugador que había ganado cinco finales en este certamen, todas ante rivales de real jerarquía, y ninguna había superado los cuatro capítulos ni las 2 horas y media.
Arrancó con quiebre a favor, pero Roger sacó a relucir su temible personalidad y tenis para recuperar lo perdido y dejar a Del Potro con su saque 4-5. Incluso, un par de errores del argentino lo pusieron 15-30. ¿El sueño estaba terminado? Eso parecía, pero Juan Martín apeló a su servicio (que esta vez no fue tan decisivo como en otros encuentros, aunque lo salvó en momentos clave), mantuvo ese juego de saque y el siguiente, y otra vez llevó al desempate la definición del parcial. Y otra vez lo jugó con gran serenidad y jerarquía, se adueñó de él y sorpresa para todos: definición en un quinto set.
Sólo incredulidad
La templanza del argentino para encarar el quinto capítulo resultó indescriptible. Arrancó sirviendo con autoridad, quebró en el juego siguiente de igual modo y mantuvo en el tercer game. Era todo irreal. Cada vez más tranquilo, ahora era Del Potro el que imprimía una presión insoportable para el número 1 del mundo, que cometió los errores que nunca se le vieron cometer, incluyendo un total de 11 dobles faltas y un porcentaje de primeros servicios que apenas superó el 50 por ciento.
No sólo que Roger ya no iba a poder recuperar el terreno perdido en el trámite, sino que el “Gigante” nacional no le iba a dar la chance de presionarlo. En el octavo juego, Roger no resistió más la imponencia del juego del tandilense y cedió un nuevo servicio. La chapa final avisó del 3-6, 7-6 (5), 4-6, 7-6 (4) y 6-2. Pocos lo podían creer.
La figura del argentino en el suelo del Arthur Ashe con más de 20.000 espectadores en sus gradas, mirando al cielo y dejando paso al llanto conmovió a propios y extraños. Un desenlace inesperado para casi todos. Porque era su primera final de Grand Slam y porque enfrente estaba el monstruo más temido que en la actualidad tiene este deporte.
Lo que no lograron jugadores de la talla de Lleyton Hewitt en 2004, Andre Agassi en 2005, Andy Roddick en 2006, Novak Djokovic en 2007 o Andy Murray en 2008, lo consiguió ayer Juan Martín del Potro ante un Federer en absoluta plenitud, como número 1 del mundo en ascenso en el mejor momento de su carrera (según propias palabras del suizo). Antes había logrado llevar la final a una extensión que no se daba desde 1989.
No falta ningún dato más para confirmar sin temor a equívocos que el argentin o se subió a lo más alto del deporte blanco planetario.




