Manuel Zelaya, el depuesto presidente de Honduras, regresó a su país y ahora desde su refugio en la Embajada de Brasil programa recuperar el poder. No es el primer intento que Zelaya realiza, pero es el primero que ha sorprendido a sus adversarios y los ha dejado sin capacidad inmediata de maniobra política. Hace unas semanas, el ex presidente había intentado retornar a su país desde Nicaragua. Contaba para ello con el apoyo de Daniel Ortega y, por supuesto, del inefable Chávez. La operación fracasó en toda la línea. El presidente Micheletti movilizó las tropas mientras que la supuesta movilización de masas que se esperaba para recibir a Zelaya no se produjo.
Elevarse en busca de la etérea risa de Macedonio Fernández
Un cuco recorre el campo intelectual de Occidente: el cuco de la risa de Macedonio Fernández. Este metafísico porteño ya en 1924 era grande. De hecho tenía 50 años en aquel momento y había impresionado a J. L. Borges como “astillero de enhiestos planes políticos, crisol de paradojas, varón justo y sutil”. Es la fulgurante obra de este “Don Quijote sonriente”, como también lo presentó Borges, que desface los agravios y tuertos de la solemnidad intelectual, arremetiendo con la lanza de su pensamiento profundo y festivo, el tema principal del nuevo libro de Daniel Attala “Macedonio Fernández, lector del Quijote. Con referencia constante a J. L. Borges”, editado por Paradiso.
al margen de la cróncia
Siempre dispuesto a sorprender
Cuando se estrenó en 1999, “Sexto sentido” podría haber pasado sin penas ni gloria, como una más de esas tantas películas basadas en temas tan remanidos como los fantasmas. Sin embargo, el director M. Night Shyamalan dio nueva dimensión al género al aportar enorme carga dramática a los torturados personajes, secuencias estremecedoras y un guión sólido que avanza sin fisuras hasta desembocar en un sorpresivo y perturbador desenlace.
La vuelta al mundo
La CIA, entre la leyenda y la realidad
Siete ex directores de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) le solicitaron por escrito al presidente Obama que, por razones de seguridad nacional, no dé a conocer los nombres de los agentes de la institución que recurrieron a apremios ilegales y tormentos contra los detenidos. Como se dice en estos casos: a confesión de parte, relevo de pruebas. Si alguien tenía alguna duda acerca de los métodos de la CIA para encontrar su verdad, la carta de las máximas autoridades de los últimos veinticinco años la despeja en toda la línea. Concretamente, lo que los directores le exigen al presidente de los Estados Unidos es que deje sin castigo a los torturadores. El contenido y la intención de la carta no son diferentes de la que podría escribir Al Capone pidiéndole al titular de la Casa Blanca que, por razones de seguridad nacional, no investigue los crímenes de la mafia en Chicago.