Un mecánico de película Con un “monstruo” del cine

Ángel Valenzuela ante uno de sus imponentes autos antiguos que le han permitido acercarse a muchos personajes de Hollywood.

Un mecánico de película

Ángel Valenzuela, dominicano criado en Estados Unidos, colecciona coches antiguos y los alquila para ser utilizados en producciones cinematográficas. Sus vehículos han aparecido en muchas películas y le han dado la oportunidad de colaborar con estrellas.

TEXTO RAMÓN SANTOS / FOTOS ORLANDO BARRÍA.

Ha tenido una vida “de cine”. Casi sin proponérselo, Angel Valenzuela, un sencillo dominicano, encontró en su pasión por los automóviles antiguos la llave para acceder a grandes figuras del celuloide, desde Robert de Niro hasta Angelina Jolie.

Valenzuela se dedicó desde muy chico a adquirir autos antiguos, una actividad que le ha permitido vivir bien y le ha dado la satisfacción de tratar a celebradas estrellas del celuloide. Andy García y Matt Damon se cuentan también entre sus contactos. “Gracias a Dios no tengo problemas con nadie, vivo la vida lo más feliz que puedo junto a mis hijos”, explica este afable hombre de sencilla filosofía y auténtica sonrisa.

Este mecánico de profesión obtuvo por veinte dólares su primer vehículo, un Volkswagen “escarabajo” modelo 1959, cuando sólo contaba con 12 años, en Puerto Rico, donde fue educado.

La isla caribeña fue el destino al que le llevó su padre, un militar y técnico en aviación al servicio del régimen del ex dictador Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961), quien abandonó el país a raíz de la muerte del déspota.

“En Puerto Rico crecí y me eduqué; agradezco mucho a esa bella tierra lo que me ha dado”, confiesa Valenzuela, para, acto seguido, rememorar sus días de estudiante allí cuando, aún adolescente, buscó trabajo en un taller de mecánica a cambio de un “buen almuerzo”.

Su aventura de conductor infantil le hizo tomar el gusto por los vehículos antiguos y decidió trasladarse a California (Estados Unidos), donde entró de lleno en el negocio.

“En California compré un Chevrolet del año “59 por 75 dólares. Con él atravesé Estados Unidos hasta Miami, donde meses después lo vendí por 15.000 dólares y regresé a mi casa en un taxi”, recuerda.

EL GLAMOUR HOLLYWOODENSE

Su paso por el oeste norteamericano fue lo que le deparó el primer contacto con el glamour de Hollywood, pues uno de sus autos, un Oldsmobile del año 1968, figuró entre los vehículos utilizados en la película “Beverly Hills Cop III” (1994), protagonizada por Eddie Murphy.

“Fue la primera vez que alquilé un vehículo para una película, y me dije: bueno, ¿por qué tiene que ser la última?”, relata.

Dicho y hecho, el “hombre película” -como le gusta ser llamado- también prestó sus autos para la popular serie de televisión “Miami Vice”.

En territorio estadounidense llegó a poseer más de ciento cincuenta vehículos antiguos, muchos de los cuales vendió tras una obligatoria reparación.

“Tengo cuatro carros en Cuba y dos en Venezuela; de vez en cuando me doy la vuelta por allá para chequearlos, mantenerlos en operación y visitar “otras cositas”, revela, sin ofrecer mayores explicaciones que una sonora carcajada.

Una de sus más preciadas adquisiciones en la “ciudad del sol” fue un Malibú, del que jamás se desprendió.

CON ANDY GARCÍA

Aunque se sentía a gusto en Miami, Valenzuela decidió regresar a su tierra natal en 2003, tras resolver un problema personal que le causó “gran desaliento”.

Esa decisión, sin embargo, no hizo más que beneficiarlo, pues hizo negocios y contactos personales con el actor cubano-americano Andy García, quien alquiló varios autos para la filmación en Santo Domingo de “The Lost City” (2005), que dirigió y protagonizó.

“Tuve la oportunidad de conversar con él durante varias ocasiones y, algo que considero un gran honor, vino hasta mi propio local con parte de su familia, a compartir un rato ameno con cerveza incluida”, destaca.

El propio Andy García estuvo interesado en uno de sus autos, pero las cosas “no pasaron de ahí”, comenta con aire picaresco.

La buena racha del sonriente Valenzuela no terminó ahí. Ese mismo año, se filmó en escenarios dominicanos “La fiesta del chivo”, del director Álvaro Vargas Llosa, basada en la novena homónima de su tío, el escritor Mario Vargas Llosa.

“Con esta película no puedo quejarme”, dice, al encender el quinto cigarrillo de la conversación. “Ahí, alquilé casi treinta carros”.

NUEVO RUBRO

Las cosas no le han ido bien en los últimos años a este desenfadado sujeto, aunque lejos de amilanarse, los malos tiempos le impulsaron a poner en práctica un consejo “funcional”.

El amplio patio que acoge sus vehículos le ha permitido hacer espacio para instalar una barbacoa, elaborar platos típicos y ofrecer cervezas “a precios populares”, que casi siempre consume junto a un grupo de amigos “solidarios”.

“Esto empezó así, como un hobbie. La gente venía a visitarme, a indagar sobre los autos y apreciaba por igual la buena sombra que ofrecen estos árboles y un día alguien me sugirió que “inventara’ con este pequeño negocio”, explica el vivaracho “hombre película”.

Entre cervezas y platos de carne a la parrilla, dejamos a Ángel Valenzuela que siga cuidando sus autos y atendiendo a sus amigos. Es su forma de disfrutar de la vida. Una vida que le ha convertido en “todo un personaje de cine”.

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En Santo Domingo, Valenzuela repara y vende algunos coches.

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Uno de los autos propiedad del dominicano Ángel Valenzuela.

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Algunos de los vehículos, en el negocio ubicado en la capital de la República Dominicana.

Con un “monstruo” del cine

En el año 2006, Ángel Valenzuela fue requerido por uno de los “monstruos” del cine, Robert De Niro, quien como director le rentó más de veinte autos para el rodaje de “The Good Shepherd” en la Zona Colonial de la capital dominicana. “Conocer a este señor fue de gran satisfacción para mi; él mismo seleccionó cada uno de los vehículos y me habló en un buen español”, recuerda sobre su experiencia con el actor y director.

La oportunidad incluyó tratar a los protagonistas, Angelina Jolie y Matt Damon, a quienes define como gente “sencilla y agradable”.

Sin embargo, y aunque reconoce que esa producción le generó un “buen dinero”, también asegura que los responsables locales de la filmación aún le adeudan 15.000 dólares.

“El trato con De Niro fue honrado por su parte. Quienes engañaron a mucha gente fueron sus asociados dominicanos que se alzaron con buena parte del dinero”, se queja, esta vez sin sonrisa alguna.