El miedo a perder el empleo

El miedo a perder el empleo

La crisis económica mundial está provocando, entre otras consecuencias, la incertidumbre generalizada sobre el futuro de la economía y un aumento considerable de la desocupación. Estos hechos tienen efectos anímicos sobre una parte importante de la población, en todos sus niveles económicos y sociales.

TEXTO LIC. PATRICIA GUBBAY DE HANONO (*) / FOTO EL LITORAL

Todas las personas involucradas en el proceso laboral, los inversionistas, los empresarios, los empleados, pueden sufrir un deterioro real y palpable en su situación económica en general. En algunos casos, como por ejemplo cuando se produce la pérdida del empleo, se llega a situaciones en las que no sólo se hace imposible mantener el nivel de vida habitual sino, lo que es peor, el individuo puede verse obligado a abandonar el sistema social organizado al que pertenece.

Como es de imaginar, ésto afecta profundamente a la familia del desempleado y a su entorno, creando un estado psicológico de gran desasosiego y ansiedad.

Pero lo central aquí es que la crisis no afecta solamente a quien se queda sin trabajo y a su familia. El temor a la desocupación o a la pérdida de capacidad económica se instala en mayor o menor grado en toda la sociedad. Es así que todos, aún los que no han sido afectados directamente, terminan teniendo miedo a la desocupación o, en el mejor de los casos, a verse obligados a reducir su nivel de vida.

No es extraño, entonces, que en el conjunto de la sociedad hará presa un alto nivel de ansiedad generalizada. Dependerá de las personas y de su situación el grado de ansiedad que se instale, y que es mayor o menor de acuerdo con las circunstancias. Si en el momento actual y en nuestra sociedad a esta preocupación le sumamos el temor por la gripe, por el dengue y por la inseguridad, la ansiedad puede alcanzar niveles muy elevados.

si SE CRUZA EL LÍMITE

En general un grado normal de ansiedad es beneficioso para la persona porque le permite estar en alerta y gracias a esto poder anticipar, planear y poner en marcha sus recursos para hacer frente a la situación que le toque vivir.

En el caso específico de quedarse sin empleo, la persona podría buscar uno nuevo o poner en marcha algún proyecto independiente. Sin duda, ninguna de estas opciones es fácil y menos en épocas de crisis, pero realizarla no es imposible. Se requiere de un importante esfuerzo para concretar estos proyectos. Pero previamente es imprescindible alcanzar a vislumbrar la posibilidad de hacerlo y evaluar acertadamente las diferentes posibilidades de éxito en lo que se intentará emprender.

Cuando la ansiedad es patológica o excesiva, la persona no puede actuar de manera efectiva ya que los pensamientos que aparecen son siempre catastróficos e indican caminos sin salida. Aparecen, además, diversos síntomas físicos, como tensión muscular, taquicardia, sensación de falta de aire, mareos, etc. Incluso al alcanzar niveles más elevados de ansiedad, la persona puede tener una crisis de angustia. El quedarse sin empleo hasta puede ser el disparador para que aparezca un trastorno de pánico.

En estos casos consultar con un especialista es lo adecuado para recobrar el equilibrio perdido.

BUSCAR UNA SALIDA

Parar, pensar, evaluar alternativas y tomar decisiones se transforman en tareas imposibles de llevar a cabo. También aparecen las obsesiones, ideas que se imponen una y otra vez sin dar respiro a quien las piensa. Las personas ansiosas suelen decir “la cabeza no me para”, “no puedo descansar”, sostienen que están agotados y exhaustos. Una clásica respuesta cuando se les pregunta cómo están es: “cansado/a”, “muy cansado/a”.

No debemos olvidar que, así como pensamos sentimos, y con estos pensamientos catastróficos es imposible que no aparezca la tristeza, la depresión, el enojo, el miedo e, incluso, el pánico.

Frente a la posibilidad de quedarse sin empleo es importante pensar correctamente y disponerse a imaginar la mejor salida posible. Lo importante no es preguntarse qué pasa, sino decirse qué hago yo con lo que pasa.

Por ello hay que pararse, reflexionar y así poder pensar las diferentes opciones que siempre existen, aunque no siempre estemos en condiciones de apreciarlas. Nuestros pensamientos se reflejan en nuestras facultades. De allí que debamos estar alertas cuando la ansiedad nos excede para que, a través de un correcto tratamiento, podamos recobrar la creatividad y el equilibrio perdidos.

(*) Lic. en Psicología. Directora de Hémera (Centro de Estudios del Estrés y la Ansiedad).

SIN MATICES

En estado de ansiedad, la persona no puede pensar bien porque pierde perspectiva, se queda enfocada en una única escena y las alternativas desaparecen. A lo sumo aparecen dos opciones y siempre en términos de blanco o negro.

PENSAMIENTOS NEGATIVOS

En este marco, es muy difícil encontrar soluciones para tranquilizarse y menos aún si los pensamientos que aparecen son catastróficos, tales como “¿y si me echan?”, “¿y si nunca más consigo un empleo?”, “ y si tengo que reducir mi nivel de vida?”.

CREATIVIDAD

Esto se agrava cuando la persona se queda sin empleo y tiene que buscar soluciones en el corto y mediano plazo. Cuando la realidad nos presenta su peor cara, debemos recurrir a nuestra capacidad creativa para resolver los problemas.

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