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David Lean durante el rodaje de “Oliver Twist”.

El cine como espectáculo

Concibió obras maestras como “Doctor Zhivago” y “Lawrence de Arabia”. Y dirigió algunas de las mejores adaptaciones de la obra de Dickens a la pantalla grande. Un repaso por la filmografía de David Lean.

TEXTOS JUAN IGNACIO NOVAK / FOTOS EL LITORAL

Trevor Howard y Celia Johnson viven un breve e intenso romance, tan prohibido como condenado al fracaso, en una estación de trenes. Un joven John Mills llega a Londres para realizar sus estudios gracias a la generosidad de un misterioso benefactor. Alec Guinnes construye junto a su escuadrón de soldados ingleses un puente sobre el río Kwai. Peter O”Toole atraviesa el desierto del Nefud. Omar Shariff se enamora de Julie Christie en medio de las estepas rusas. Y Judy Davis se embarca en una inesperada aventura al obtener su pasaje a la India.

Cualquier cinéfilo amante de las superproducciones identificará instantáneamente el punto en común que tienen todas estas postales cinematográficas, que se distribuyen a lo largo de cuatro décadas entre 1945 y 1984. Es que todas y cada una de ellas forman parte de la filmografía de uno de los directores más sobresalientes que dio el siglo pasado, muchas veces postergado en el firmamento de los grandes realizadores, pese a los indudables aportes que hizo para la evolución del séptimo arte: David Lean.

Nacido en tierras británicas en 1908, los primeros pasos de la carrera de Lean están estrechamente relacionados con una figura prominente de la actividad teatral de esa época: Noel Corward. De hecho, sus primeros trabajos como director no fueron sino adaptaciones para la pantalla grande de distintas obras de este dramaturgo. La mayor parte de ellas no trascendieron, aún cuando ya despuntaban las dotes narrativas de Lean. Pero hubo una aparentemente pequeña película de aquellos años que alcanzó los méritos necesarios como para pasar a convertirse en una de las principales aportaciones británicas a la historia del cine, junto a la inolvidable “El tercer hombre”, de Carol Reed: “Breve encuentro”, protagonizada por unos impecables Trevor Howard y Celia Johnson, describe el amor que nace entre dos personas maduras y respectivamente casadas que se conocen por casualidad en una brumosa estación de trenes. Su lirismo, su tristeza, sus cualidades narrativas que no dejan entrever fisuras, más una fotografía impresionante que le da un protagonismo a la estación y sus melancólicos ambientes, configuran la condición de pequeña obra maestra que aún ostenta el filme más de seis décadas después. Y todavía hoy, cuando muchos de los prejuicios que exhibe y critica quedaron obsoletos, emociona mucho.

También en los lejanos años 40, el director inglés delineó “Grandes esperanzas”, que hoy todavía encabeza el podio de las mejores adaptaciones de la obra del también británico Charles Dickens a la pantalla grande.

Ambientada en el Londres del siglo XIX, este trabajo sobresale por su fuerza expresiva, por el respeto del guión hacia la esencia de la novela y, sobre todo, por la meritoria dirección de actores, que logra notables actuaciones de John Mills y Jean Simmons. Y por si estos méritos no alcanzaran por sí mismos, fue precisamente este filme el que le dio el primer papel importante a Alec Guinnes -uno de los grandes actores de la historia-, capaz de recrear a personajes tan disímiles que van desde el extravagante ladrón de “El quinteto de la muerte” hasta el respetable caballero jedi Obi Wan Kenobi de “La guerra de las galaxias”. Más adelante, antes del final de la década, el director incursionaría nuevamente en la obra de Dickens, en esta ocasión para adaptar la novela “Oliver Twist”.

CONSAGRACIÓN

Sin embargo, y más allá del incontestable talento desplegado en su primera etapa, el nombre de David Lean alcanzó sus resonancias más significativas a partir de mediados de los años 50, cuando dirigió “El puente sobre el río Kwai”, la primera de una serie de grandes superproducciones que terminaría casi treinta años después.

Protagonizada por un flemático Alec Guinnes, acompañado por dos reconocidos actores que ya en esa época formaban parte del star system hollywoodense, como Willam Holden y Jack Hawkins, este filme está ambientado en la Segunda Guerra Mundial, cuando un grupo de soldados ingleses detenidos en un campo de prisioneros japonés construyen un sólido puente para demostrar cómo el pragmatismo británico se sobrepone a las adversidades.

Alguien comentó alguna vez que la característica que define de mejor manera a este trabajo, que obtuvo numerosos premios Oscar en su año, es que pese a su duración nunca se torna morosa y jamás aburre. Eso, sumado a las sólidas actuaciones, da lugar a una propuesta de lo más interesante.

Cinco años después, ya consagrado por el éxito de crítica y sobre todo de público, el realizador británico se basó muy libremente en la obra “Los siete pilares de la sabiduría” para delinear “Lawrence de Arabia”, que a la postre se convertiría en el mejor de sus trabajos. A través de esta lujosa superproducción épica, Lean narró la vida del militar inglés T.E. Lawrence, quien actuó en Oriente durante la Primera Guerra Mundial. El filme representa una de esas pocas veces en que todos los que intervienen en cada etapa de producción están en una suerte de “estado de gracia”.

El reparto, encabezado por un deslumbrante Peter O’Toole, es impresionante: Omar Shariff, Jack Hawkins, Anthony Queen, Alec Guinnes, Claude Rains y Arthur Kennedy. El trabajo de fotografía logra captar a la perfección tanto las turbadoras inmensidades del desierto como los profundos ojos azules de O’Toole, y el guión de Robert Bolt está tan bien dosificado que nada sobra en las más de tres horas y media de metraje. Pero es la mano maestra que mueve los hilos, la de David Lean, la que logra integrar todos estos elementos con convicción para forjar una maravillosa película, ubicada por el American Film Institute (AFI) entre los mejores de la historia, a la altura de clásicos como “Casablanca” y “Lo que el viento se llevó”.

GRANDES PROYECTOS

Adaptar la obra “Doctor Zhivago”, del ruso ganador del Premio Nobel Boris Pasternak, parecía una tarea imposible: una obra de varios cientos de páginas con la Revolución Rusa del “17 como contexto era garantía segura

de titánicos esfuerzos para cualquier equipo de producción. Lejos de amilanarse, Lean se rodeó de un buen número de estrellas de la época y arrancó el rodaje en tierras españolas.

La trama cuenta la historia de un acomodado médico y poeta que, durante la cruenta insurrección bolchevique, se debate entre el amor de dos mujeres mientras trata de mantener a salvo a su familia. Omar Shariff, quien había tenido un destacado papel en “Lawrence de Arabia” -con nominación al Oscar incluida-, fue seleccionado para interpretar al apasionado doctor, en tanto Julie Christie y Geraldine Chaplin interpretaron a su amante y su mujer, respectivamente. Y el resto de los papeles recayeron en Alec Guinnes (a estas alturas actor fetiche de Lean), Ralph Richardson, Rod Steiger y Tom Courtenay, entre otros.

Al igual que sus dos producciones anteriores, David Lean combina a la perfección momentos intimistas que reflejan el complejo mundo interno de los personajes, con otras secuencias donde lo que sobresale es la espectacularidad, como las inolvidables del viaje en tren en las planicies rusas y la peregrinación de los revolucionarios por las calles de Moscú.

Tras estas tres obras maestras llegó “La hija de Ryan”, de 1970, que a pesar de sus méritos (como el elenco encabezado por Robert Mitchum en uno de sus grandes papeles) no logró el éxito de público de las producciones anteriores. La escasa repercusión de este filme llevó a Lean a permanecer casi quince años fuera de los rodajes, para volver recién en 1984 con la que sería su última película: “Pasaje a la India”, basada en la novela de E.M. Forster. Se trata de una mullida crítica a las diferencias raciales y a las consecuencias que conlleva la ideología del colonialismo, que sobresale por el intento de Lean de permanecer fiel a sus credos cinematográficos cuando el cine ya había afrontado profundos cambios.

David Lean murió en 1991, dejando un legado extraordinario traducido en significativos aportes a la cinematografía, fundamentalmente por su noción del séptimo arte como espectáculo épico, prestando atención a la forma y no tan sólo al contenido, aspecto que quedó de manifiesto en casi todos sus filmes de la década del 50 en adelante. Basta decir que directores del prestigio de Steven Spielberg (en “El color púrpura” y “El imperio del sol”) y Anthony Minghella (en “El paciente inglés” y “Regreso a Cold Mountain”) absorbieron sus enseñanzas. Lo que equivale a decir que el cine actual no sería el mismo si Lean no hubiera existido.

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William Holden en “El puente sobre el río Kwai” (“Bridge on the river Kwai”).

CINÉFILOS SEGUIDORES

David Lean es un director que cosechó, sobre todo gracias a la épica desarrollada en sus trabajos, numerosos adeptos y seguidores. Steven Spielberg y Martin Scorsese, dos directores cinéfilos, colaboraron años atrás con la restauración de “Lawrence de Arabia” en su duración verdadera (sin los cortes impuestos por el estudio) bajo la premisa de recuperar su lustre original.

En este sentido, hay que recordar que la película fue diseñada para ser proyectada en 70 mm para dar un realce mayor a los diversos detalles previstos por el director.

El propio Spielberg calculó hace algún tiempo que si alguien haría hoy “Lawrence de Arabia” le costaría unos 285 millones de dólares. Pero hay que reconocer que nadie sería capaz de asumir semejante desafío, sobre todo considerando que el filme, pese a ser del año 1962, permanece intacto en su impronta épica y su soberbia espectacularidad.

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Un fotograma de “Doctor Zhivago”, el clásico filme de Lean.

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Una imagen de “Breve encuentro” (1945).

LOS INICIOS DE LA AVIACIÓN

En 1952 Lean dirigió uno de sus trabajos más alejados del resto de su filmografía: “La barrera del sonido”. Para realizar esta película, el director eligió un estilo cercano al documental a partir del cual evoca los primeros tiempos de la aviación a reacción, en el lapso que va desde las primeras investigaciones al respecto hasta las incipientes pruebas de vuelo. El reparto estuvo conformado por Ralph Richardson, Ann Todd, Nigel Patrick, Denholm Elliott, Dinah Sheridan y Joseph Tomelty.

CON CHARLES LAUGTHON

En 1953 se entrenó “Hobson’s choice”, donde David Lean combina su talento con el de otro genial británico que se destacó en el cine, aunque en otra disciplina: el actor Charles Laughton. Se trata de la adaptación de una obra de teatro de Harold Brighouse, ambientada en 1890, que se adentra en la difícil relación de un comerciante viudo y sus hijas.

SIN PALABRAS

“La hija de Ryan” fue ganadora del Oscar al mejor actor de reparto, galardón que recayó en John Mills. Cuando se acercó a recibir su estatuilla, el veterano actor lo aceptó sin emitir palabra. Con esto, Mills quiso hacer referencia a su personaje en el filme de David Lean, que era el de un hombre sordomudo.