Uruguay: un ejemplo de civilización política
El resultado de los comicios en Uruguay fue previsible y el próximo 29 de noviembre se decidirá quién será el presidente por los próximos cinco años. Si bien José Mujica sacó una clara ventaja sobre su rival Luis Alberto Lacalle y, por lo tanto, existen posibilidades de que sea definitivamente electo, los dirigentes del partido Blanco alientan la esperanza de que la suma lineal de los votos colorados, más la decisión de los independientes que, según ellos, es imprevisible o por lo menos no despierta la confianza que suscitaba Tabaré Vázquez, definan la elección a favor de Lacalle.
En principio hay un amplio consenso en admitir que las elecciones fueron ejemplares y existe la certeza de que gane quien gane en noviembre, en lo fundamental no se van a producir cambios significativos que desequilibren las variables de la política nacional. Conocido el resultado de las urnas, el mismo domingo a la noche Lacalle y Mujica llamaron a la unidad nacional y dejaron muy en claro que se trataba de una competencia electoral pacífica y no de una guerra facciosa entre enemigos.
Estos niveles de civilización política, de convivencia ejemplar, orientados a privilegiar en todo momento el consenso sobre los enfrentamientos estériles, es lo que hoy los argentinos miramos con nostalgia y algo de envidia porque es lo que aquí está ausente. Seguramente en Uruguay hay problemas y en algún punto algunos de esos problemas son más serios que los que vivimos los argentinos, pero sin lugar a dudas que la calidad de su sistema político es muy superior al nuestro y esto crea condiciones auspiciosas para soluciones civilizadas y progresivas de las dificultades.
Se sabe que en Uruguay la cultura cívica es alta y en este caso, estas virtudes se exhiben una vez más. El pasado domingo, junto con la elección del presidente, los uruguayos debían decidir si se abrían o no los juicios a los represores de la pasada dictadura y si los uruguayos residentes en el extranjero podían votar. En los dos casos las reformas fueron rechazadas con resultados que no coinciden con los de la elección presidencial, motivo por el cual es lícito creer que los ciudadanos meditaron su voto.
Atendiendo los resultados en el tema del juicio a los represores, está claro que una franja no menor de los votantes del Frente Amplio decidió no insistir en el tema. Como se recordará, hace unos años un plebiscito popular resolvió que cesaban las investigaciones. La noticia preocupó a la izquierda pero el resultado de las urnas fue acatado. Hoy, una vez más, una mayoría de uruguayos se inclina en la misma dirección y todo hace pensar que el mandato electoral será acatado, entre otras cosas, porque queda claro que esta determinación es compartida por votantes y dirigentes del Frente Amplio que, a diferencia de lo que sucede con este tema en la Argentina, están convencidos que Uruguay puede continuar transitando por el sendero de la democracia sin necesidad de enviar a la cárcel a todos los presuntos violadores de derechos humanos.




