EDITORIAL
EDITORIAL
Los trabajadores de Vía y Obras
“Una ruidosa zorra/ va llegando a su destino,/ transportando a los obreros/ de rostros tensos y curtidos”. Así reza el título y la primera cuarteta que inserté en mi libro “Pinceladas poéticas”, editado en-...
volanta
Las dificultades que cada familia tiene a diario pueden ser comunes a la mayoría, por ejemplo, las económicas. Pero algunos problemas llegan justo en el momento menos esperado y, a veces, no son menores. Hasta no hace tanto, mi mamá no parecía anciana, vivía sola y era independiente -casi demasiado-. No aceptaba intromisiones ni puntos de vista de ningún tipo respecto de su vida y conducta. Su particular carácter -léase difícil- hacía imposible que alguien -ni siquiera yo, su hija- le sugiriera previsiones para su futuro. Su libertad comenzó a cercenarse a partir de una caída, con posterior operación poco exitosa -de la cual se recuperó a medias- y que la dejó casi imposibilitada. Resistió en la planta alta de la casa familiar hasta que se terminaron sus ahorros, que pagaban un ejército de personas que entraban a “cuidarla” con la misma rapidez con la que huían apenas descubrían que no podían con sus berrinches. Con la desaparición de las huestes, se fueron desde las bandejas de plata de su madre, hasta la “chata” de plástico barata que le habíamos comprado en la casa de insumos médicos. El “habíamos” incluye a mi hermana (la única que tengo y creo que a Dios gracias), con quien compartimos hasta allí, gastos, organización y visitas. Pero se acabaron las reservas y su jubilación no alcanza ni para los remedios. Como mamita seguía dificultando las cosas, mi hermana decidió tomar el toro por las astas y determinar que “eso” no daba para más, que alguien debía resolver el “problema” y remató: “Yo no puedo llevarla a mi casa porque es de dos plantas”. Así de simple llegó la solución; el mandato fraterno fue: ¡hacete cargo!
La vuelta al mundo
Honduras y la política bananera
Para bien o para mal, Estados Unidos sigue decidiendo en Centroamérica. Lo sucedido en Honduras así lo demuestra. Si en otros tiempos la intervención yanqui se ejecutaba para defender los intereses de las oligarquías locales, ahora pareciera que lo hace para sostener la democracia. Si las alternativas políticas se plantearan en términos de progresistas y reaccionarios, bien podía decirse que en los tiempos que corren las intervenciones de la Casa Blanca son progresistas, al punto que la novedad en esta crisis consiste en que las izquierdas en sus diferentes matices le han exigido a Estados Unidos que intervenga.
La empatía y el acento al hablar
La fuerza del acento cuando se habla una segunda lengua está vinculada a la falta de empatía e identificación sociopolítica con sus usuarios nativos, según un estudio de la Universidad de Haifa, en el norte de Israel. Los investigadores Rafiq Ibrahim y Mark Leikin, del Departamento de Trastornos del Aprendizaje, y Zohar Eviatar, del Departamento de Psicología, han estudiado este fenómeno desde el enfoque sociolingüístico, que estudia el acento como una especie de tarjeta de presentación del hablante en presencia del grupo mayoritario.