El legado de Lévi-Strauss

Martin Heidelberger / Evan Romero-Castillo

Deutsche Welle

Un gran intelectual no le teme ni a la controversia ni al pensamiento libre. Y el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss demostró ser un libre pensador en más de una ocasión. En 1971, por ejemplo, cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) le pidió que inaugurara el año internacional de la lucha contra el racismo con una ponencia, Lévi-Strauss aceptó y articuló un discurso que, no por falta de lucidez, terminó incomodando a los propios representantes de ese ente internacional. El argumento de Lévi-Strauss: todos los esfuerzos de la ONU para combatir el racismo y sus secuelas están condenados al fracaso.

Según el científico francés, el racismo es un trastorno cultural cuyas causas deberían buscarse en problemas que tienen raíces aún más profundas. En el fenómeno de la sobrepoblación, por ejemplo, o en la destrucción de los recursos naturales no renovables y los espacios en donde se desarrolla la vida. Estos factores habían sido ignorados por completo por la ONU; hasta entonces se apostaba a que el modelo de desarrollo occidental generaría bienestar a escala global.

Lévi-Strauss estaba convencido de lo contrario: si de propiciar el bienestar global se trata, más bien se debe partir de conocer y respetar los sistemas de valores que existen en el mundo, atribuyéndoles igualdad de jerarquía a pesar de sus diferencias. No hay razones objetivas que permitan considerar al Occidente moderno como un modelo de sociedad superior a otros usualmente descritos como “primitivos”, decía el etnólogo francés.

Aún desde la perspectiva actual, Lévi-Strauss sigue demostrando haber sido un pensador inconformista, un visionario con tino. De hecho, hoy día, la ONU presta atención a procesos que no se pueden explicar con facilidad usando modelos convencionales. Se puede decir que ciertas posiciones de reflexión desde donde se critican procesos como el de la globalización y sus efectos negativos, por ejemplo, representan el legado más importante de Lévi-Strauss.

Tristes trópicos retrata de manera concreta el acelerado proceso de devastación de la variedad cultural y biológica del planeta, un fenómeno que ya a mediados del siglo XX lo inquietaba notablemente; Lévi-Strauss no usaba el término “globalización”, pero desarrolló un lenguaje que le permitió describir sus efectos. Entre los sociólogos y etnólogos el llamado “padre de la antropología estructural” es considerado como una figura anticuada; muchos asocian el nombre de Lévi-Strauss con la esperanza de concebir una metateoría de la cultura de validez universal, semejante a la hipotética “teoría del todo” con que, en el campo de la física, se busca explicar todos los fenómenos físicos conocidos.

Lévi-Strauss advierte que la Humanidad se ha enrumbado por un camino peligroso; para sobrevivir como especie, el Hombre deberá aprender que él es solamente un ser vivo entre muchos otros.