El recordado Unión-Quilmes de 1949...

A 60 años de una infamia que dejó a Unión sin ascenso

Una vergonzosa actuación del árbitro Aguirre e incidentes gravísimos en la avenida.

Tomás Rodríguez

(Especial para El Litoral)

Para los medios escritos de la ciudad de Santa Fe, el 6 de noviembre de 1949, hace exactamente seis décadas, “el árbitro José Máximo Aguirre consumó la entrega más escandalosa que se conoce en los anales del fútbol santafesino, en perjuicio de los intereses deportivos del Club Atlético Unión”.

En dicha jornada, en partido válido por la trigésima tercera fecha del campeonato de Primera “B”, Quilmes venció a Unión por 3 a 2 y cuando restaban tres minutos se registraron graves sucesos que determinaron la suspensión del cotejo, con numerosas personas golpeadas, lesionadas y heridas, incluyendo al árbitro del juego, José Máximo Aguirre, con fractura del tabique nasal y hematomas en distintas partes del cuerpo, con policías y bomberos lastimados e internados en los hospitales públicos con motivo de los disturbios producidos dentro y fuera del estadio de Unión.

Árbitro parcial

En una volanta —en forma espectacular— a nueve columnas el matutino local El Orden publicaba en la tapa que el “Único culpable es el referí”. Un poco más abajo, el título destacaba que “Aguirre está marcado a fuego por Santa Fe, su parcialidad causó una gran indignación”.

Existía unanimidad en la reprobación por la actuación de Aguirre, puntualizándose que los desbordes fueron provocados por la deslealtad del árbitro.

El partido

La expectativa que había despertado el partido entre Unión y Quilmes se vio reflejado en un lleno total del estadio de la avenida, donde hasta el sector de los pinos —el norte— estaba ocupado por la parcialidad local, estimándose que más de 10 mil personas presenciaron el “partido del año”.

Unión, conducido por José Vicente Grecco, con su habitual claridad de conceptos y calidad individual, sumado a la presencia en la mitad de la cancha del fornido Bratina; la inteligencia del cordobés Julio Enrique Avila y la potencia goleadora del rosarino Raúl Micci (ex Argentino), marcó claras diferencias.

Los cerveceros, con la experiencia de Dellacha conocido como Don Pedro del Area, de Leguizamón y Baldovinos, mostraban su presencia, con un juego recio y por momentos, malintencionado. La primera sorpresa llegó muy temprano cuando un centro del “Flaco” Acosta, a los dos minutos, fue conectado por Micci, lejos del alcance del “Gordo” Tosta. En forma inesperada, los bonaerenses alcanzaron la igualdad a los 20 m en una rápida réplica, Santos disparó con violencia, el arquero de Unión, Rocha alcanzó a desviar a un costado, enviando Cantatore la pelota a la red con tiro corto, sorprendiendo al público santafesino.

En el complemento, Unión salió decidido a ganar, fue empujando con un alto nivel futbolístico a su oponente hasta las últimas líneas y se vivieron escenas inolvidables e irrepetibles. A los 7 m Grecco, con una jugada espectacular, puso otra vez en ventaja al anfitrión y aparentemente se dirigía a una conquista histórica.

Lamentablemente, poco después, surgió un personaje que determinó que el encuentro ingresara en aspectos anormales. Aguirre no sancionó dos evidentes penales a favor de Unión. El segundo empate lo alcanzó el puntero del torneo a los 16 minutos cuando se produjo una infracción a 35 metros de la valla de Rocha. Los defensores de Unión no se ponían de acuerdo en la formación de la barrera, cuando Baldovinos —anotó el único tanto de su carrera— remató al arco, superando a Rocha que estaba junto a un poste dialogando con sus compañeros de defensa.

El cotejo entró en un tramo anormal, estallando la crisis cuando Santos conquistó el tercer tanto para los visitantes.

Graves incidentes

Entonces ingresaron al campo de juego hinchas unionistas, derribando postes y por boquetes producidos en los alambrados, originándose un tumulto de graves consecuencias. El juez Aguirre sufrió una grave agresión, cayendo al suelo tras recibir varios golpes en el rostro (le rompieron la nariz) y fue atacado salvajemente por los simpatizantes locales.

La intervención de los efectivos policiales y los bomberos provocó serios enfrentamientos, dentro y fuera del campo de juego; además se repetían las violentas escenas en otras instalaciones del club y en la calle.

Aproximadamente, a las 23.30, varias horas después de terminado el partido, el secretario de Policía, Luis Brunetti, acompañado del jefe del Escuadrón de Seguridad, Carlos Frioni, junto a personal superior del organismo, procedieron a retirar al referí Aguirre y sus colaboradores, por el portón ubicado sobre calle Cándido Pujato del estadio, ingresando a un automóvil y siendo escoltado en su retorno a la Capital Federal. Habían pasado casi cinco horas del final del encuentro.

Graves sanciones

Quilmes se quedó con el título de campeón y el ascenso de categoría en ese año. Reunió 63 puntos finalmente, escoltado por los dos equipos santafesinos (Colón y Unión), que llegaron a 53.

La drástica medida adoptada por el Tribunal de Penas contemplaba las sanciones que se detallan a continuación: por el término de cinco años a los futbolistas de Unión Ubaldo Gregorio Luengo y Julio Enrique Avila. La misma medida se adoptó con el aguatero Julio César Ibáñez; el gerente, Rogelio Machado y el subgerente Julio C. Mieres. Por 20 partidos se suspendió a Juan Brattina, Oscar R. Genín y José Vicente Grecco. Por otra parte, la suspensión abarcó al presidente de la institución santafesina, Esteban Yebra, rechazando de plano el descargo y las argumentaciones presentadas ante dicho cuerpo punitivo. Finalmente se clausuró por seis fechas el estadio y a la popular institución rojiblanca se le dio por perdido el encuentro con Quilmes.

Los “”verdugos” de Unión, es decir los miembros del Tribunal de Penas de la Asociación del Fútbol Argentino resultaron ser: Juan F. De Larrechea, Raúl Rinaldi, Ovidio Casinelli, Raúl Lastiri, Manuel Rojo, Julio Caccia y Florencio Castro Cranwell.

A 60 años de una infamia que dejó a Unión sin ascenso

Equipo de Unión. De pie: Marcos, Peta, Luengo, Hussein, Parra y Rocha. Agachados: Mercado, Lozada, Avila, Grecco, Acosta y Méndez.

Foto: Archivo El Litoral

“Eres un vendido...”

El diálogo se produjo entre Ubaldo Gregorio Luengo, mediocampista de Unión, y el árbitro Aguirre.

—No tuviste piedad por nosotros, por el sacrificio que hemos realizado, entrenándonos todos los días con frío o calor, viajando cada 15 días a Buenos Aires... Te burlaste de nosotros...

—¿De qué te quejas, si sabés que éste es mi último partido dirigiendo en un campo de juego?

—¡Sos un árbitro vendido!... A nosotros, los futbolistas, y a la gente de Unión nos quitaste la ilusión de ser campeones. Sos un miserable y pensar que yo te consideraba un amigo...

(Luengo y Aguirre se conocían de Buenos Aires).