Edición del Sábado 07 de noviembre de 2009

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Modernidad y Posmodernidad en Argentina: ¿Un problema semántico?   - Cultura

APUNTES A PROPÓSITO DE UNA POLÉMICA

Modernidad y Posmodernidad en Argentina: ¿Un problema semántico?

Modernidad y Posmodernidad en Argentina: ¿Un problema semántico?
 

 

Estanislao Giménez Corte

egimenez@ellitoral.com

Los acontecimientos que cambiaron el mundo a partir de los siglos XV y XVI y que entendemos bajo el rótulo de modernidad -los grandes descubrimientos, las rupturas en la unidad del saber por la creciente especialización, la imprenta, etc-, plasmaron la posibilidad, con su ulterior avance, de comprender los procesos económicos y sociales desde la idea del intercambio a la distancia de bienes y de cultura; y determinaron para siempre el desarrollo y la influencia de algunas culturas sobre otras, diferenciadas éstas por el fenómeno de la industrialización, la manufactura y la expropiación de materia prima.

El dominio de aquellos que primeramente obtuvieron los beneficios de los adelantos -recordemos el auge de la idea de progreso (primero en lo espiritual, segundo en lo material, tercero en lo intelectual y en lo científico) y el surgimiento de las potencias económicas- sobre las naciones, e incluso los continentes, muchos de los cuales serán meros receptores de aquellas influencias (el caso de los Estados Unidos sería en cierta medida la excepción) se potenciará por el fenómeno de la industria cultural (quizás como ningún otro factor, productor de dependencias y de influencias, así como de interrelación de las naciones, razas y culturas). Así, se observará, progresivamente, el surgimiento de una suerte de “imperialismo cultural” seguido al económico o como consecuencia directa de éste. El fenómeno, también denominado “de penetración cultural”, tendrá profundas incidencias en el consumo simbólico, de productos, de bienes y servicios, por parte de los países tercermundistas a expensas de lo hecho por los primermundistas. Y generará una serie de fenómenos satélites o parasitarios que no es menester estudiar aquí.

MODERNIDAD TARDÍA Y DESPUÉS

El desarrollo de esa industria cultural, el surgimiento de diversas formas de producción por la revolución de la industria, potenciaron definitivamente, en el marco de los fenómenos de inclusión de la máquina en los procesos productivos, el desarrollo de un proceso de transformación y “modernización” del mundo en todos los ámbitos. Por influencia de lo dicho, por la fuerza de la dominación de unos en manos de otros (esto es, de pocos sobre muchos), aquella influencia de los países más desarrollados sobre los menos se disparará a límites insospechados, dividiendo el mundo por hemisferios, por climas, por sistemas políticos, pero esencialmente, por la fuerza económica derivada de la potencia de su industria y del desarrollo armamentístico. Entre las consecuencias de estos procesos se marcará una honda división del mundo. La industria cultural, en lo referido a la naturaleza de influencias por fusión de los saberes y conocimientos, y las industrias productivas (entre ésta también la de armamentos, como se dijo) dejarán afuera o colonizarán definitivamente a las naciones atrasadas, de acuerdo al interés que éstas revistan para la potencia de turno. El avance desmesurado de estos procesos y de las nuevas formas de dependencia y de producción, así como los nuevos adelantos propios de este siglo, determinarán que se comience a hablar de nuestra era, ya desde hace ya algunos años, como posmodernidad, en un neologismo que se presenta como superador de la nomenclatura anterior pero que severamente plantea otras lecturas, que en el caso de nuestro país quizás no han sido especificadas adecuadamente.

El uso de esta denominación, más que el necesario esclarecimiento de su significado y de las posibilidades de aplicación a nuestra realidad, ha hecho que se aceptase nombrar genéricamente al estado actual del mundo, como el mundo posmoderno. Pero, podemos preguntarnos, ese sustantivo, el mundo, a los argentinos, ¿nos incluye?.

En la Argentina, como en otras tantas regiones del mundo, la discusión acerca de la modernidad tardía (o la modernidad no completada, y la utilización o no de la denominación “posmodernidad” en lo referido a nuestras culturas), en muchos casos es básicamente una polémica que se plantea a partir de un problema de definición semántica y no de un análisis social o político. La pregunta es menos compleja de lo que aparenta: ¿los argentinos, y/o los Latinoamericanos, vivimos en la posmodernidad?; ¿es éste un término que se ha impuesto como identificatorio de los países del primer mundo?; ¿o dado el “híbrido” desarrollo, o el incompleto avance sociocultural, educativo, etc, no hemos logrado superar y ni siquiera adentrarnos profundamente en lo que es la modernidad?. Y más aún ¿en qué cosas o qué cosas, preguntémonos, auspician la utilización de esa nomenclatura, y qué cosas no?. Las posiciones frente a estos interrogantes no serán consensuadas, y la toma de posición en muchos casos ha tenido que ver más con elementos de la crítica política al régimen de gobierno imperante que con un concepto o un enfoque menos subjetivo. En muchos casos, asimismo, se ha especulado con un espectacular salto de los países atrasados, sin considerar, empero, los profundos procesos de índole social y política, extendidos en el tiempo, que supone efectivamente, el desarrollo histórico de las sociedades.

Esa crítica política, sustentada en una ideología determinada, concentra sus reflexiones en la descalificación de ciertos períodos de la historia argentina, en los que la implementación de políticas y de planes económicos, según las diversas versiones de la historia -y según los mitos de esa historia-, tendieron o no a la colaboración por acercarnos al desarrollo de nuestra modernidad o nos hicieron retroceder en aquella búsqueda. Más que la idea política, lo que importa considerar es que en Argentina y en gran parte de América Latina, se produce una fusión de procesos que complejiza la llegada a una conclusión. Por un lado:

1- los procesos de desarrollo y exportación de tecnología por parte de los países primermundistas, que producen la llegada de las grandes tecnologías a todo el mundo, la interconexión mundial, y las comunicaciones como gran elemento globalizador del mundo; por otro,

2- las grandes falencias de las economías y de las democracias de nuestro continente para cumplir con sus funciones básicas de alimentación, educación, salud, etc (en parte debido a la retracción del Estado); y los procesos de desigualdad social creciente, la concentración de riqueza en grupos que forman monopolios y oligopolios poderosos -a veces más que los mismos Estados-, la inestabilidad de las economías en sus primeros desarrollos, y consiguientemente la inestabilidad de las democracias emergentes. Entre tantos otros factores, éstos hacen inviable los fundamentos que postulan la creciente unificación cultural y homogénea o que, al menos, se señale éste como un fenómeno paradojal.

Un razonamiento al que puede suscribirse es aquel que entiende que el mundo está constante y crecientemente conectado (según uno de los postulados de “lo posmoderno”), aunque no unificado económica ni socialmente. Según éste, las características del fenómeno “global” del mundo posmoderno se daría más bien en el hemisferio norte, en donde tanto las economías -en cuanto a su desarrollo-, como los sistemas democráticos -en cuanto a su longevidad-, pueden competir e intercambiar, en el mismo nivel, sus productos, sus tecnologías, y sus modos culturales en general. Es decir, donde el crecimiento tecnológico implica unos desarrollos previos que acompañan y completan la inserción de ciertos adelantos y no se ven estos, consecuentemente, como sucede en el país, como la exigua inserción de ciertos aspectos relativos a la posmodernidad de formas aleatorias, no orgánicas, a destiempo o innecesariamente.

En Argentina, la historia ha marcado un continuo de rupturas entre gobiernos y tendencias ideológicas antagónicas. Desde el proyecto de modernidad elaborado por la generación del ochenta (sustentado, una vez más, en un antagonismo: civilización o barbarie), y pasando por el caótico siglo XX, se observa una suerte de tensión permanente en la Argentina, en lo respectivo a la existencia de un Estado concebido mirando a Europa y la raigambre latinoamericana que nos caracteriza. Esto, asimismo, ha derivado en una problemática no resuelta hasta el día de hoy.

Modernidad y Posmodernidad en Argentina: ¿Un problema semántico?
Modernidad y Posmodernidad en Argentina: ¿Un problema semántico?
Modernidad y Posmodernidad en Argentina: ¿Un problema semántico?

Algunas fuentes

- Beck, Ulrich “La sociedad del riesgo”, Barcelona: Piados, 1988.

- Ford, Aníbal “Navegaciones. Comunicación, cultura y crisis” . Bs As: Amorrortu, 1994.

- Francescutti, JP: “Riesgo y temporalidad”. Seminario UNR, 2001, Rosario

- Giddens, Anthony “Modernidad e identidad del yo. El yo y la sociedad en la época contemporánea” Barcelona: Península, 1991.

-Muñoz, Blanca “Cultura y Comunicación. Introducción a las teorías contemporáneas”. Barcelona: Barcanova, 1989.

- Sarlo, Beatriz “Escenas de la vida Posmoderna. Intelectuales, Arte y Videocultura en la Argentina”. Ariel Editorial. Buenos Aires. Versión Original 1994.



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