Campaña “Ni una mujer más víctima de las redes de prostitución”

Prostitución, cara visible

de la trata de personas

Militantes de asociaciones civiles de Santa Fe y Buenos Aires denuncian la relación entre las redes de prostitución y las de trata de personas. “Las dos son parte de la misma violencia contra las mujeres”, aseguran.

De la redacción de El Litoral

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Desde que se reconoció como un delito, la trata de personas -captación, traslado y recepción de personas con fines de explotación laboral o sexual- ha cobrado mayor difusión. Sin embargo todavía son necesarias acciones de concientización y prevención. Éste fue el objetivo de la charla debate “Prostitución y trata de personas: la misma violencia” que se realizó ayer, con la participación de organizaciones de Buenos Aires y de la ONG Las Diversas, de nuestra ciudad.

“Es necesario concientizar que la prostitución y la trata son parte de la misma violencia contra las mujeres”, comenzó afirmando Marta Fontenla, de la Asociación Trabajo y Estudios de la Mujer (Atem) 25 de Noviembre. “Los casos resonantes se producen ahora, pero las redes de prostitución y de trata existen desde hace siglos. Se han ampliado en las últimas décadas a raíz del capitalismo globalizado, que ha posibilitado una mayor demanda de prostitución, con el turismo sexual y la promoción a través de Internet y los medios de comunicación”, acotó su compañera Magui Bellotti.

Prostitución = trata

“La mayor parte de las mujeres que están en la prostitución ha estado en las redes de trata. Víctima de trata no es solamente esa chica que la secuestran y se la llevan; víctima de trata es toda mujer que está dentro de una red de prostitución, al margen de que haya sido secuestrada o que esté encerrada”, denunció Marta, que también es integrante de la campaña “Ni una mujer más víctima de las redes de prostitución”.

Estas mujeres plantearon que hay que romper con la idea de que la trata es un delito que se comete a través del secuestro o el encierro de la víctima, sino que hay formas más sutiles como el enamoramiento, falsas promesas laborales y el abuso de una situación de vulnerabilidad. “Muchas mujeres nos han planteado cómo siendo adolescentes alguien las enamora, las embaraza y ese niño es usado como botín de guerra: “O ganás tanto dinero o te mato tu niño’, las amenazan. No es necesario que estén encerradas, pueden estar paradas en una esquina, pero nadie las ve como víctimas de la trata, cuando lo son”, remarcó Liliana Azaraf, del grupo militante La caldera colectiva feminista.

Problema cultural

Estas militantes parten de la idea de que “si un delincuente recluta, traslada, ayuda o recibe a una mujer, cualquier sea su edad, para explotarla y lucrar con el ejercicio de la prostitución, se da la trata”. Y denuncian que los casos que han cobrado mayor notoriedad han sido los que implican el secuestro de mujeres. Sin embargo aseguran que “hay montones de víctimas que no están oficialmente desaparecidas, que nunca fueron denunciadas”.

“Conocemos casos de mujeres a las que las dejan ver a su familia, pero siguen estando atadas a las redes de trata porque no tienen libertad para hacer lo que quieren ni para relacionarse con otras personas. En algunos casos, hasta llegan a perder su identidad, porque no saben quiénes son realmente”, comentaron.

Finalmente, Claudia Krist, de la asociación Mujeres de las Orillas, invitó a reflexionar: “Esto es un problema cultural. ¿Qué les pasa a los hombres que cada vez están consumiendo más y más prostitución? Las buscan cada vez más niñas y pagan más por las vírgenes. En la medida en que haya gente que quiera consumir prostitución, va a seguir existiendo. Es un profundo planteo cultural que nos tenemos que hacer como sociedad”.

Prostitución, cara visible  de la trata de personas

Distintas organizaciones llevan adelante la campaña “Ni una mujer más víctima de las redes de prostitución”.

Foto: Flavio Raina

“No es un trabajo”

“Con el verso de que se trata del oficio más viejo del mundo, nos quieren convencer de que la prostitución es un trabajo”, denunciaron las integrantes de la campaña “Ni una mujer más víctima de la prostitución”.

Y no se cansaron de repetir: “La prostitución no es un trabajo, es una forma de violencia sobre las mujeres. Es una de las formas de sostenimiento del sistema patriarcal y de apropiación de nuestros cuerpos. Y no es un problema de las mujeres que están en la prostitución, sino que nos incumbe a todas porque es una de las formas de poder de los varones sobre las mujeres”.

En este sentido, se oponen rotundamente a quienes postulan la idea de “reglamentar” la prostitución y de considerar a las víctimas como “trabajadoras sexuales”. “Considerarlo como un trabajo es sostener que es viable una forma de violación a nuestros derechos humanos, es convertir en empresarios a los explotadores y plantearlo como una alternativa para otras mujeres”, denunció Liliana Azaraf.

Por su parte, Marta Fontenla comparó la pretendida incorporación de las prostitutas al mercado laboral con la inclusión de los cirujas bajo el eufemismo de “recicladores urbanos”. “Esto está relacionado con la etapa más salvaje del capitalismo, en la que muchas personas -como las prostitutas y los cirujas- quedan fuera del sistema y se intenta incorporarlas de esta manera”, concluyó.