Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra
La santafesina Lucrecia Lupotti asistió junto a un grupo de expertos en espeleología a la Gruta del Trebiciano, para vivir una experiencia inolvidable al descender más de 300 metros por una de las cavidades más profundas del mundo.
Por
Lucrecia Lupotti
Hace muchos años leí el libro de Julio Verne “Viaje al centro de la tierra”. En aquel momento trataba de crear en mi mente las imágenes de los lugares que el libro describía, y lo que una vez fue parte de mi imaginación, hace poco se trasformó en una experiencia real en la ciudad italiana de Trieste.
El grupo de espeleología “Società Adriatica di Speleologia” me invitó a conocer la “Gruta de Trebiciano”, considerada la cavidad más profunda del mundo por 80 años; de hecho cuenta con una profundidad de 329 mts, y está constituida por una larga serie de pozos verticales de distintas dimensiones que continúan fino a desembocar en una enorme montaña de arena que se encuentra en el interior de una gigantesca caverna en cuyo fondo fluye el Timavo, un río casi totalmente subterráneo.
El grupo estaba formado por 4 espeólogos y 3 invitados. Antes de comenzar el descenso, cada uno se colocó el equipo necesario: un traje tipo mameluco, un arnés de seguridad y un casco con una linterna frontal bastante potente pues no existe iluminación, ni natural ni artificial. Como el objetivo de la expedición era realizar ciertos trabajos de mantenimiento, exploración y fotográficos, se prepararon varios sacos con todos los elementos necesarios, desde un faro de gran potencia hasta cuerdas para escalada y un taladro. La ventaja de ser mujer me liberó de cargar con el peso de todas estas cosas y solo portaba una mochila con agua, comida y abrigo.
En la gruta, la temperatura y humedad son siempre constantes (12° y 90% aproximadamente), por eso la recomendación fue llevar algo de abrigo extra para el momento que se terminase el descenso y se llegase a la gran caverna llamada Lindner, en honor al ingeniero que en 1841 la exploró por primera vez para investigar y conocer el curso del Timavo. En aquel momento se buscaba utilizarlo para ampliar el suministro de agua a la ciudad de Trieste, proyecto que finalmente no se concretó por los elevados costos que implicaba.
A comenzar el descenso
Luego de los preparativos, estábamos listos para iniciar el descenso. No parece real que en medio del bosque se encuentre un agujero de escasos 2 metros de diámetro que te lleve desde 341 hasta 12 metros sobre el nivel del mar, desde un bosque en la superficie de la tierra hasta una playa junto a un río subterráneo. La gruta se encuentra equipada con escaleras metálicas fijas adheridas a las paredes que permiten bajar y subir de manera bastante simple. Igualmente se utiliza el arnés para estar siempre ligado a la escalera y así poder realizar un descenso seguro.
Uno a uno fuimos insertándonos en el hueco del pozo, y poco a poco la luz natural desapereció y las linternas comenzaron a ser fundamentales. Durante la bajada, encontramos distintos tipos de obstáculos a superar: escaleras con distintas inclinaciones, el “puente del escalofrío”, denominación que recibió una pasarela realizada a algunos metros de altura para poder pasar un pozo (evidentemente en algún momento no era tan segura), y algunas galerías estrechas que nos obligaron a caminar en “cuatro patas”.
La gran caverna
Finalmente, después de una hora de descenso llegamos a nuestro destino. Casi sin darme cuenta me encontraba parada sobre una colina de finísima arena en el interior de la caverna, el sonido del río me hacía pensar que una gran cantidad de agua estaba corriendo; grande fue mi sorpresa cuando luego de caminar unos minutos por la arena hasta llegar al agua, lo que se sentía como un torrente inmenso era un río bastante tranquilo y con un caudal no muy grande, evidentemente el eco estaba actuando. Me explicaron los expertos que el río, cuando llueve copiosamente y por varios días, alcanza niveles increíbles y es el momento en el cual ellos descienden con un bote inflable y aprovechan para explorar otras partes de la gruta.
Pero fue solo cuando comenzaron las tareas para tomar fotografías y encendieron el faro potente, que pude dimensionar la magnitud de la caverna y la majestuosidad del lugar.
Verdaderamente una experiencia hermosa, interesante y que me dejó la sensación que la naturaleza es increíblemente bella y que siempre tiene algo para sorprendernos.
Finalmente, quiero agradecer enormemente a mis amigos de la Società Adriatica di Speleologia por la gentileza de permitirme y guiarme para conocer la gruta.
ESPELEOLOGÍA

Bendita eres... Lucrecia fue la única mujer entre el grupo de expedicionarios que pertenecía a la Sociedad Adriática de Espeleología.
Foto: Gentileza Alberto Maizan.

Trabajo de grupo. Siempre recibió la asistencia de sus compañeros. Foto: Gentileza Alberto Maizan.

Los puentes y escaleras fueron constantes durante todo el descenso.
Foto: Gentileza Alberto Maizan.
EL DATO
Lucrecia se encuentra en Italia realizando una experiencia formativa en el área económica e informativa en un parque tecnológico de Trieste.