Mesa de café

Maestros en huelga

La mesa cuenta hoy con un nuevo parroquiano. Tiene ocho años y se llama Miguel. Su carta de presentación es la de ser nieto de Marcial. El abuelo, por supuesto, está chocho con que su nieto comparta la mesa de los amigos, pero al mismo tiempo deja constancia de que todo esto ocurre porque su hija y su yerno trabajan y como los maestros están de huelga, no tienen donde dejar al hijo. Conclusión: el nono Marcial se ha hecho cargo de la tarea y la mesa del café cuenta con una inusitada visita.

El chico toma su gaseosa y nos mira a todos con expresión divertida. Seguramente prefiere estar en el bar que en la escuela. Como dijera Quito, los chicos son los primeros aliados de los maestros en huelga.

— Aprenderá más con nosotros que en la escuela— dice José.

—No comparto— digo.

—Los maestros han dicho que están previstos más paros— comenta José.

— A esta altura da lo mismo que vayan a trabajar o no. La enseñanza que brindan es malísima y lo poco que enseñan se pierde porque viven de paro en paro— dice Abel.

— Yo creo que el principal responsable de todo esto es el gobierno— dice Marcial.

—Ya dijo que no puede darles el aumento que piden— digo.

—No es responsable por no darles el aumento -insiste Marcial- es responsable por no descontarles los días no trabajados. En cualquier parte del mundo y en cualquier trabajo en la Argentina, el que no trabaja no cobra; los únicos que tienen coronita son los maestros.

—El gobierno dice que no les quiere descontar para evitar más fricciones —digo— pero lo cierto es que los burócratas sindicales declaran paros todos los días porque no les descuentan. Lo que para el gobierno es un gesto de consideración para los burócratas es un síntoma de debilidad.

—Yo creo que si les descontaran habría más paros -dice José- los maestros tienen un nivel de conciencia gremial alto.

—Lo que tienen es un nivel de avivada muy alto -replica Marcial- a esta película ya la conozco, cuando les empiecen a llegar los descuentos, vas a ver cómo el matrimonio entre avivados y militantes se rompe. No nos engañemos. Cualquiera para si sabe que no le descuentan. Entre trabajar y no trabajar por la misma plata un argentino típico prefiere no trabajar.

—Los sueldos de los maestros son bajos -insiste José- comparalos con los de los diputados.

—Si hacemos esas comparaciones —digo— desde ya que hay que declarar la huelga general por tiempo indeterminado. Justificar esta huelga arribista en nombre de los sueldos de los diputados es un argumento tramposo. Los maestros hoy son los mejor tratados, pero pareciera que son hijos del rigor: cuando mejor los tratan más huelgas declaran, cuando peor los tratan mejor se portan.

—Pensar que el gobierno -dice Abel- se ha desfasado en sus cuentas por darles el aumento del que hoy reniegan.

—Si yo fuera gobierno -dice Marcial- establecería una condición para ingresar a la docencia: no se puede parar. Lo que ustedes prestan es un servicio indispensable y, por lo tanto, no pueden ejercer el derecho de huelga como tampoco pueden ejercerlo los policías o los que están a cargo de los hospitales. Yo se los diría con mucha claridad: éstas son las condiciones para ejercer la docencia; si no les gusta pueden elegir otro trabajo, aunque desde ya les advierto que como están las cosas, les va a ser muy difícil que los empleen en otra parte con estabilidad laboral, vacaciones pagas, obras sociales...

—No comparto— dice José.